LOS EFECTOS DEL CORONAVIRUS

Bombilla roja de peligro en los cines

El estudioso Francesc Vilallonga destaca que las salas independientes son las que mejor superarán la crisis

Francesc Vilallonga, profesor de cine.
Francesc Vilallonga, profesor de cine.

Los meses con las salas cerradas; la reapertura con reducción de aforo, con geles y con mascarillas; el nuevo cierre por posibles rebrotes; las instancias a la Administración y las reticencias del Procicat; el recurso ante la justicia; la nueva reapertura con las ya no tan nuevas medidas de seguridad… La industria del cine en España ha quedado tocada por la crisis del coronavirus. ¿Hasta cuándo? Nadie lo sabe. El sector, como toda la sociedad, teme rebrotes de covid-19, contagios, confinamientos, cierres. “La cosa ya no volverá a ser como antes”, advierte, categórico, Francesc Vilallonga, profesor de Estructura de la industria del cine en la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales de Blanquerna (Universidad Ramon Llull).

“Por un lado, durante estos más de cuatro meses de confinamiento, la gente se ha acostumbrado a consumir contenido en casa y muchos han perdido el hábito de ir al cine”, explica. “Las reticencias del Procicat, además, no ayudan, cuando los cines, como los teatros, por ejemplo, son los espacios que más a rajatabla han seguido las normas de seguridad y de las salas no ha salido ningún caso. Mucha gente puede tener miedo”. Por eso considera que de aquí a fin de año, “la estrategia es claramente perder lo mínimo posible, a nivel económico, y demostrar que los cines son lugares seguros, a nivel social. Las salas están con la bombilla roja de peligro encendida”.

El proceso de reapertura de los cines tiene dos grandes enemigos: la reducción del aforo para evitar contagios y, sobre todo en las salas más comerciales, los calendarios de los grandes estrenos americanos, que han estado bailando desde finales de junio. “La dependencia de estas películas es enorme”, dice el profesor. “Cuando uno se ha ligado tanto a un único socio, como pueden ser las majors —los grandes estudios norteamericanos— su negocio depende totalmente de este”. El cine americano representa el 70% de la taquilla en España, “y hasta un 80% si pensamos que películas españolas están distribuidas también por empresas americanas”, matiza.

En estas circunstancias no es de extrañar que el hecho de que Disney haya decidido estrenar en formato digital Mulan, una de las dos primeras grandes producciones programadas para la reapertura mundial de los cines (Tenet, de Christopher Nolan, era la otra) ha sentado fatal en la industria del cine. La factoría estrenará esta película en Estados Unidos el 4 de septiembre en su plataforma, a un precio de 30 dólares (algo más de 25 euros). “Tienen calculado que, como no habrá nada a repartir con las salas, con que el 10% de sus abonados la compren ya les será rentable”, explica Vilallonga. “Para ellos, además, es una manera de mejorar la posición de su plataforma”. Las distribuidoras están indignadas con esta jugada porque consideran que han estado haciéndoles una publicidad tremenda y… gratis. La FECE (Federación de Entidades de Empresarios de Cine de España) ha lanzado un comunicado calificando la maniobra de estafa al consumidor y acusando a Disney de hacer daño a la industria del cine. Disney España tendrá la última palabra sobre el estreno en nuestro país.

El calendario que se avecina no es halagüeño: en septiembre no se espera ningún gran estreno; el 2 de octubre está previsto Wonder Woman 1984 y para noviembre, Sin tiempo para morir, de James Bond. Hasta ahora, la gran benefactora de la temporada ha sido Padre no hay más que uno 2, de Santiago Segura. “Supuso el 70% de la taquilla en España la primera semana de agosto”, dice Vilallonga. “Pero aguantar un mes entero con solo un estreno es durísimo”, observa.

Lo cierto es que nadie podía prever una situación como la que hemos vivido. “Todo esto ha acelerado un cambio de paradigma”, explica el también crítico de cine. “Se están produciendo unos cambios que ya intuíamos pero que habrían tardado no menos de cinco años en llegar. Las productoras, las distribuidoras y las exhibidoras tienen cada una sus intereses y, más que desconfianza, lo que hay es incertidumbre. Es lógico”. Vilallonga remarca que la apertura de las salas a finales de junio fue una decisión muy importante y delicada: “Había que levantar los ERTE, adaptar los cines a las medidas de seguridad… Si hubiesen pensado que iban a estar sin contenidos por estas fechas, más de uno se lo habría pensado antes de reabrir”.

En Cataluña, el Grupo Balañá todavía no ha abierto ni una sala y Cinesa, no todas… “Las salas de las grandes cadenas pueden aguantar la situación, aunque les va a costar, y las salas independientes también, porque tienen un público muy fiel y sus contenidos, al no depender de los grandes estrenos americanos que se van retrasando, no varían tanto por la situación sanitaria”, comenta Vilallonga, conocedor del tema por su vinculación con los cines Truffaut, de Girona. Las que lo pasarán peor, según el experto en industria cinematográfica, serán las salas comerciales que no tienen el colchón de grandes empresas detrás y que dependen de los grandes estrenos… La mayoría deberán renegociar los alquileres, algo nada fácil. “De momento, muchas se encuentran ante un precipicio y una disyuntiva terrible: o se endeudan o caen al vacío…”, dice, recordando que ya han cerrado tres cines en Cataluña: los Meliès en Barcelona, los Arinco en Palamós y El Punt en Cerdanyola.

El tradicional desamparo económico

Vilallonga considera que la situación de desamparo económico a nivel institucional que sufre el cine español ha quedado reflejada en la pandemia. “La mayoría de países europeos -Francia, Italia, Alemania…- han inyectado dinero público directamente a las salas de cine. Aquí en España, la ayuda del Ministerio se ha destinado solo a instalar las medidas de seguridad”. La Unión Europea también se ha puesto las pilas. Europa Cinema, destinada a la promoción del cine de autor europeo, ha adelantado sus ayudas correspondientes a 2019 (se tenían que cobrar en noviembre y se han pagado en junio) y ha adelantado parte de las de 2021. “Es que el momento de hacerlo es este, no más adelante”.

Los festivales son otra pata importante para la industria. “Ya cayeron Cannes y otros festivales europeos”, recuerda Vilallonga. “En septiembre tenemos Venecia y San Sebastián. Esperemos que se puedan celebrar de manera presencial (con aforos reducidos, etc.), porque la visibilidad mediática de estos festivales es clave para muchas películas, para posicionarse en el mercado”.

Aumenta la recaudación

Según cifras oficiales de ComScore, por primera vez desde la pandemia la segunda semana de agosto se habían superado los 200.000 espectadores en sala en España. Los datos siguen siendo escalofriantes si se comparan con fechas previas al confinamiento, pero se ha pasado del 90% menos de recaudación a cerca del 70% menos.


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