UN VERANO TRAS LA MASCARILLACrónica
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El Paco: “Un año cierro; dos no”

Sitges se mantiene estable y con pocos casos de covid. El pueblo y sus chiringuitos padecen por la falta de turistas, mientras la calle del Pecado desafía las distancias

Francisco, en el lugar donde estaba su chiringuito en la playa de Sitges.
Francisco, en el lugar donde estaba su chiringuito en la playa de Sitges.Josep Lluis Sellart /

”Pacooooo… ¿qué ha pasado este año? ¿por qué no has abierto?”. “Pacoooo… ¿Dónde estás? ¿Se puede arreglar con algo?”. Las voces se hacen cada vez más fuertes en un paseo marítimo con poca gente: solo algunos deportistas y aquellos que no renuncian a buscar el mejor sitio en la playa. Es un domingo de agosto. Hace un calor terrible. Son las nueve de la mañana. El escenario de postal es el paseo marítimo de Sitges (Barcelona).

Todos los que pasan se fijan en el apuesto Paco, con su enorme sombrero y su camisa recién planchada. Posa ante la cámara del fotógrafo Josep Lluís Sellart como un actor de otra época mientras sostiene una foto de su chiringuito azul. Este año ni rastro de Paco ni de su negocio de hamacas y patines en la playa Benaprès, ese trozo de tierra dedicado al doctor que curiosamente fue líder en la aplicación de la vacuna antitífica, llevó a cabo campañas para prevenir y combatir la propagación de enfermedades infecciosas.

Las consecuencias del coronavirus, pero también la falta de arena, le han impedido abrir. “El virus nos ha matado, nos ha arruinado. Este año lo estoy pasando muy mal. Es el primero en 50 años que no abro. Un año sí cierro; dos, no”. Y se baja la mascarilla por debajo de la nariz para decir: “No quiero venir aquí porque lloro”. Aquí llegó hace más de medio siglo este hombre de 72 años nacido en Ribera del Fresno (Badajoz). Trabajó como friegaplatos en el hotel Calipolis, en la lavandería del Florida, se casó, hizo la mili (“el tiempo más tonto que se echa en la vida”), hasta que alguien le dio la idea. “Pensé, ¿de dónde saco hamacas, hierro para poner toldos…? No tenía un duro. Había una señora, Emilia Castillo, que me dio hamacas, toldos, hierro… Me hice con su rastrillo y cada día limpiaba la playa. Y así empezó todo. Entonces Sitges era una maravilla, no pagamos tanto, los alcaldes eran mejores personas, si te hacía falta arena te la echaban”. Fueron muchas las familias del paseo que ayudaron en esos primeros tiempos al hombre del chiringuito. Paco tiene siempre la misma clientela, a la que adora y lo adoran. Paco son muchos pacos. Una historia que por culpa de la covid se repite en casi todos los pueblos de la costa catalana y española.

Y pese a los problemas económicos, aquí en Sitges los datos se han mantenido por debajo de la media. “Solo hay siete casos”, me dice una veraneante en la parada del mercado con una sonrisa triunfadora. Y enumera los nombres de los infectados, según sus últimas pesquisas. Ella está convencida: estamos en una zona casi covid free y eso es motivo de orgullo.

Sitges se mantiene en una situación de estabilidad y pocos casos, aunque el riesgo de rebrote es moderado. En la última semana (del 28 de julio al 3 de agosto), el municipio ha registrado cuatro nuevos casos y la tasa de infectados por 100.000 habitantes es de 15,8, muy por debajo de la media catalana (77,8). Desde el inicio de la pandemia, el pueblo ha sumado 225 casos positivos y 51 fallecidos.

Lorena Luengo es enfermera y trabaja en el ambulatorio de Sitges. En verano, además, se instala en uno de los campings del pueblo con su caravana. Estos están siendo meses atípicos y por eso, además de vacaciones, Lorena es rastreadora tres horas al día tras apuntarse en el servicio de epidemiología. Esta mujer ve cómo casi todo ha cambiado a su alrededor: se escuchan los pájaros con más fuerza, los turistas son muchos menos, se puede caminar por el Cap de la Vila a cualquier hora o comer sin necesidad de reservar con una semana de antelación.

Sin temor a nada

Pienso que individualmente la gente lo ha hecho bien: se pone mascarilla, se lava las manos, usa el gel y si no lo lleva en el bolso. Quizás soy positiva, pero la gente es bastante educada. En el caso concreto de la juventud, ellos creen que no les pasará nada, son los que corren más con el coche o los que beben. Hay una edad determinada en la que parece que nunca te va a pasar nada”, reflexiona la enfermera.

Y es un casi todo ha cambiado porque hay cosas que parece que ni la covid puede con ellas. Un ejemplo: la calle del Pecado un sábado por la noche de agosto a rebosar y sin distancia social.