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El verano de la carretera de las Aguas

El recorrido de Collserola será más del doble de mejor si consigue pronto su pasarela sobre la Arrabassada para conectar por ella Esplugues de Llobregat con Torre Baró, en Nou Barris

Gente haciendo deporte en la carretera de las Aguas.
Gente haciendo deporte en la carretera de las Aguas.Albert Garcia

Si le gusta caminar o correr, en llano, con el polvo de la tierra y sin pisar asfalto. Si quiere ver Barcelona a sus pies, con el mar como fondo infinito. Si ansía el aire seguro de la montaña, con la serenidad de la luz del sur. Si es así, entonces, la carretera de las Aguas de Barcelona, en Collserola, es un destino natural. Son casi 10 kilómetros extraordinarios.

En agosto, las mejores horas son las primeras de la mañana y las últimas de la tarde. Este mes tenga en cuenta que los días ya se acortan: ”A la Mare de Déu d’agost a les set ja és fosc”, aunque las siete de la hora solar —que es la buena— son las nueve en su reloj aburridamente urbanizado (agradezco la información amable y eficiente que Joan Vilamu e Idoia Martin, del Parc Natural de la Serra de Collserola, me ofrecieron para este artículo, pero no son responsables de lo escrito en él).

El espacio es apto para paseantes y amantes del deporte; o para los que desean tener Barcelona a sus pies

Junto con el Tibidabo, esta carretera es la joya del parque. Hay muchas maneras de acceder a la carretera, pero este mes de agosto los funiculares de Tibidabo y Vallvidrera están de reformas. Puede subir por la Arrabassada, por la avenida del Tibidabo hasta el Pla de les Madueixeres, o por la carretera de Sarrià a Vallvidrera. Y están los senderos que los asiduos conocemos bien, pero que no son intuitivos. Ahora, son casi 10 kilómetros continuos de buen camino llano de tierra. Y si el Ayuntamiento de esta ciudad nos escucha, pueden convertirse en 21. Quiero creer que no es mucho pedir. Lo hago ahora.

Desde 2014 hay un proyecto de ampliación de la carretera para conectar por ella Esplugues de Llobregat con Torre Baró, en Nou Barris. Hay que construir una pasarela de acero, de 157 metros de longitud, para dar continuidad al paseo sobre la carretera de la Arrabassada y la hondonada del torrente de la Font del Bacallà. Si por fin se alza, los tramos norte y sur de la carretera se unirían y Barcelona contaría con uno de los mejores paseos urbanos de Europa. No digo del mundo, porque este es muy grande: usted puede caminar, correr o ir en bici alrededor de la bahía de San Francisco, California, por más de 800 kilómetros (las 500 millas del San Francisco Bay Trail). En Barcelona y sus municipios adyacentes tenemos la Ronda Verda, de 72 kilómetros, de la cual la carretera es su mejor tramo. Estas ampliaciones hay que hacerlas, a nuestra medida, pero de una vez por todas, que luego quedan para siempre.

Cerca de Sant Pere Màrtir pueden ver una antigua mina de hierro y plomo, explotada desde el siglo XVII hasta el XX (la llamaban “La Juanita”) o los restos del emplazamiento de una batería antiaérea de la Guerra Civil. Y, luego, la magia: según vayan caminando, verán cambiar de sitio, de posición relativa, a la Sagrada Família. Esto es lo que tienen los puntos de fuga: lleven prismáticos algún día.

Un problema de la carretera es el trato vandálico al cual es sometida con regularidad idiosincrática

Un problema de la carretera es el trato vandálico al cual es sometida con regularidad idiosincrática: los muretes de piedra de sus miradores y fuentes son pintados con grafitis una y otra vez, sin gracia ni misericordia; las luces que un día se instalaron en ellos fueron pronto destruidas, pero, en lugar de repararlas o cegarlas con planchas redondas, quedaron rotas para siempre, reclamo infalible para destructores urbanos. El modesto templete modernista que se alza sobre la carretera en la Serra de Vilana, kilómetro 2,5, entre los torrentes de Ca n'Almirall y de la Font del Bou, fue tan continuadamente maltratado que, al final, los frustrados responsables del Parque hubieron de hacer tapiar su entrada. Una fuente cercana fue pintada de amarillo durante los trances del furor por los colores de la nación, con el único resultado cierto de que nos los sacaron a todos. Por fortuna, el desaguisado fue pronto reparado y la humilde fuente de fundición recuperó su discreto color gris.

Otro problema en la carretera es encontrar el equilibrio óptimo entre caminantes y ciclistas. Estos se quejan de los proyectos de regular su circulación por la montaña (se puede consultar en la web solobici.es). Quizás una solución de tránsito sería limitar la velocidad de las bicicletas en la carretera de los 20 km/h a 10. Mucho es posible con civismo y buena voluntad, pero todo será más del doble de mejor si la carretera de las Aguas consigue pronto su pasarela sobre la Arrabassada.

Pablo Salvador Coderch es catedrático emérito de derecho civil de la UPF.

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