La pandemia empieza a pasar factura a las listas de espera sanitarias

El sector advierte del riesgo de una saturación, cuando los pacientes que ahora están pendientes de derivar de la atención primaria se sumen a las listas hospitalarias

El hospital Parc Taulí de Sabadell (Barcelona).
El hospital Parc Taulí de Sabadell (Barcelona). google maps
Jessica Mouzo
Barcelona -

La pandemia del coronavirus empieza a pasar factura a las listas de espera de la sanidad catalana. Aunque aún de forma discreta, los datos del mes de marzo cristalizan ya las consecuencias de limitar la actividad asistencial para volcar los recursos y efectivos a contener la epidemia. Con respecto a febrero, los tiempos de espera para todas las pruebas diagnósticas y consultas externas se han incrementado alrededor de 15 días. Lo peor, advierte el sector, está por venir, cuando en unos meses los pacientes que ahora están pendientes de derivar de la atención primaria, se sumen a las listas de espera hospitalarias.

Los resultados del primer mes con el sistema sanitario volcado en atender la pandemia reflejan una reducción de los pacientes en lista de espera. Esto se explica por qué durante los primeros días de marzo, los especialistas siguieron operando, haciendo pruebas y visitas a sus pacientes. Pero, viendo la que se venía encima, la actividad se fue reduciendo a los procesos más urgentes y ya dejaron de incluir en la lista de espera a nuevos enfermos para someterse a estos procedimientos. También desde la atención primaria se rebajaron las derivaciones al ámbito hospitalario.

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Así, atendiendo algunos pacientes de la lista los primeros días pero reduciendo la entrada de nuevos enfermos, las personas en cola, se redujeron ligeramente. Por ejemplo, de 35.636 pacientes que en febrero aguardaban una resonancia magnética, se pasó a 35.118 en marzo. O las 22.117 personas que esperan una cita en urología se redujeron a 20.553 el mes pasado.

Sin embargo, el efecto más llamativo y que concreta el inicio de un estancamiento son los tiempos de espera. Todos han aumentado. Tanto para intervenciones quirúrgicas como para pruebas diagnósticas o visitas al especialista. La espera media para una operación de cataratas ha pasado de 75 a 91 días; la de prótesis de cadera, de 95 a 112 días; y la de rodilla, de 115 a 132 días.

En consultas externas, donde las demoras ya suelen superar, en la mayoría de casos, los 100 días de media, ocurre más de lo mismo: dos semanas más de espera para cardiología (70 días de media), cirugía general (100) o ginecología (81), entre otras. Y casi 20 días añadidos para visitar al traumatólogo (tres meses de espera).

La espera para un TAC también ha pasado de media de 55 a 66 días. Diez días más de demora suman también las personas que esperan una gammagrafía (46 días). La pandemia ha añadido dos semanas más de espera a las colonoscopias (120 días) o a los ecocardiogramas (100).

“Un limbo de mentira”

Pero los datos que afloran en el primer mes de confinamiento son solo la punta del iceberg de lo que está por venir. “Cuando quiten el confinamiento, las listas de espera se dispararán. Desde atención primaria no estamos derivando, pero los problemas de salud están ahí. Es un limbo de mentira”, advierte Salvador Tranche, presidente de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc).

El impacto real de la pandemia en las listas de espera, señalan los expertos, se verá en unos meses. “Hasta después del verano no veremos lo que hay realmente. Cuando el sistema vaya cogiendo ritmo y empecemos la incorporación progresiva de pacientes a la lista de espera”, apunta Josep Maria Puig, secretario general del sindicato Metges de Catalunya (MC). El médico advierte que será necesario incrementar los recursos para poner a trabajar los quirófanos todo el día, por ejemplo, y poder contener las listas de espera. En juego está evitar retrasos diagnósticos que puedan complicar el abordaje de determinadas dolencias. “La política de parches, ese esquema presupuestario que va por detrás de las necesidades será insostenible”, concluye.

Sobre la firma

Jessica Mouzo

Jessica Mouzo es redactora de sanidad en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidade de Santiago de Compostela y Máster de Periodismo BCN-NY de la Universitat de Barcelona.

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