LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

“Si La Meca cierra, nosotros también”

Los musulmanes renuncian a abrir las mezquitas por el Ramadán y animan a pasar el mes sagrado en casa

Sala de oración de la mezquita de El Vendrell (Tarragona).
Sala de oración de la mezquita de El Vendrell (Tarragona).Josep Lluís Sellart

El Ramadán de este año —1441, según el calendario islámico— también va a ser muy distinto. Salvo que algún imán decida actuar por su cuenta, no habrá oraciones masivas en oratorios ni polideportivos. Será, a la fuerza, una celebración más íntima, familiar, introspectiva. Ha sido una renuncia dolorosa, pero consensuada por las tres principales federaciones de musulmanes en Cataluña con las que el Govern mantiene una interlocución. “No podremos rezar comunitariamente, ni en la mezquita ni en otros lugares habilitados”, afirman en un comunicado que atiende las recomendaciones de la Generalitat a los grupos religiosos por la crisis del coronavirus.

El mes de Ramadán arranca, según el calendario lunar, la noche del jueves al viernes, aunque habrá que estar a lo que diga el cielo. “Yo soy de los que prefiere esperar al último día para comprobarlo”, dice sonriente Abdelkrim Latiffi, fundador de la mezquita Mariam de Badalona y presidente de la federación Comisión Superior de la Cultura y de los Musulmanes Catalanes. “No hay que arriesgarse, sino aplicar el sentido común y proteger al ser humano. La oración puede hacerse en casa”, reflexiona. “Quizá volvemos al origen, a estar con la familia leyendo el Corán y profundizando en él. Pero es verdad que nos duele porque en la mezquita estos días se crea un ambiente de solidaridad y hermandad”.

Para Taib el Harrak, que lidera la comunidad islámica de Figueres (Girona), no poder acudir, en grupo, a la oración nocturna de Tarawih supone un enorme sacrificio. Pero hay que asumirlo. “Hace más de un mes que tenemos la mezquita cerrada; todas las de Cataluña, que yo sepa, lo están”, afirma. “Si La Meca está cerrada, nosotros también. Y si la Generalitat ha dicho que no podemos abrir es que no podemos abrir, hay que seguir las normas”. El Harrak explica que los musulmanes pueden cumplir con sus obligaciones religiosas en situación de confinamiento. “No hay problema en seguir el mes de oración cada uno en su casa. No podríamos garantizar un rezo conjunto en condiciones de seguridad. Si quieren venir 300 o 400 personas, no podemos dejar entrar a 20”.

La Generalitat, en realidad, no ha prohibido (no puede hacerlo) sino que ha desaconsejado la actividad en centros de culto. Y ha pedido a los ayuntamientos que no cedan espacios a las comunidades. Pero el decreto del Gobierno sobre el estado de alarma permite la asistencia a lugares de culto, siempre y cuando se adopten medidas para “evitar aglomeraciones de personas”. Se ha de garantizar, en todo caso, que se respeta la distancia de al menos un metro de separación entre los fieles.

Latiffi, de Badalona, explica que a los musulmanes les resulta imposible cumplir esa exigencia. “Podemos limitar el aforo, pero no podemos inventarnos una nueva forma de rezar. Tal como lo hacemos nosotros, la oración no puede hacerse de forma separada”.

Mohamed Iqbal, el responsable del centro islámico paquistaní Camí de la Pau, dice que se siente confundido. Aunque el Gobierno permita los actos religiosos, no contempla que un ciudadano pueda salir a la calle para acudir a uno de ellos. “Hay una contradicción enorme. Si una persona sale de casa y la policía le regala una multa de 600 euros porque no considera de fuerza mayor ir a la mezquita, ¿entonces qué pasa?”, se pregunta. Por eso está sopesando si hará algún tipo de actividad por el Ramadán. “Llevamos cerrados desde el inicio de esta crisis para evitar cualquier disgusto a los fieles y evitar contagios”, lamenta.

Iqbal lamenta la “pérdida económica” que supone el cierre para las comunidades; especialmente, en época de Ramadán, cuando aumentan las relaciones sociales y familiares del colectivo. El comunicado de las tres federaciones más representativas recomienda ayudar desde casa “material y moralmente” a quien lo necesite, especialmente a las víctimas del virus y sus familias. Las entidades asumen que, aunque se alarga todo un mes, lo más probable es que “se siga con la recomendación de evitar aglomeraciones y reuniones grupales”.

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