efectos del coronavirus

La Sala Parés sobrevive a tres pandemias y una guerra

La galería ha mantenido siempre la actividad desde que abrió sus puertas en 1877, pese al cólera, la gripe española, la covid-19 y el conflicto civil de 1936

Exposición en la Sala Parés dedicada a Lluïsa Vidal en 1919, meses después de fallecer por gripe española.
Exposición en la Sala Parés dedicada a Lluïsa Vidal en 1919, meses después de fallecer por gripe española.josep brangulí

Una de las fotografías más impresionantes de la Sala Parés, situada en el número 5 de la calle Petritxol de Barcelona es la que realizó Josep Brangulí en 1919 durante la exposición dedicada a Lluïsa Vidal. En la imagen se ven varias personas contemplando una veintena de sus pinturas. En una de ellas, un autorretrato, cuelga un crespón negro, ya que esta artista modernista había fallecido meses antes por la llamada gripe española, la pandemia que mató, entre 1918 y 1920, más de 40 millones de personas en todo el mundo; como ahora —en menor cantidad— lo hace la covid-19.

La Sala Parés, inaugurada en 1877 ha sido testigo, durante sus 143 años, de esa y de otras dos pandemias más, una guerra civil y varias crisis económicas. En esos periodos convulsos, como el de ahora, ha tenido que cerrar sus puertas, pero siempre ha mantenido su actividad. “Desde que se decretó el estado de alarma el 14 de marzo se han seguido vendiendo obras, vía internet”, comenta de forma sorprendente, al otro lado del teléfono, Sergio Fuentes Milà, historiador del arte y comisario de la galería. Fuentes ha recopilado otros momentos que ha vivido esta centenaria galería, decana de las españolas y ha publicado Ayer y hoy. Apuntes sobre una actividad ininterrumpida de 1877 al covid-19, accesible desde la página web de la galería.

El mismo 1884, cuando la Sala Parés acababa de inaugurar su nuevo espacio en Petritxol; todo un acontecimiento cultural en Barcelona, se vivieron los primeros brotes de cólera, explica Fuentes. Durante todo 1885 se combinaron las exposiciones y tómbolas benéficas para luchar contra la enfermedad, pero en 1886 la sala tuvo que cerrar sus puertas unas semanas por el repunte de afectados. Cuando volvió a abrir, el 11 de marzo, se reunieron 130 pinturas y 22 esculturas, firmadas por Modest Urgell, Francesc Masriera, Enric Clarasó, Eliseu Meifrén o Joan Llimona, entre otros.

Entre 1918 y 1920, la devastadora gripe española se cebó con Barcelona en la que murieron muchos de los 186.000 fallecidos en toda España. Pese a todo, explica Fuentes, en este periodo se sucedían las exposiciones y no hubo cierres significativos. Entre las muestras destacadas de ese momento, la del caricaturista Joan Grau, a finales de 1918, meses después de fallecer y unos años después, tras exponer Santiago Rusiñol, abrió sus puertas la muestra dedicada a Lluïsa Vidal, en enero de 1919, quien falleció durante el pico de gripe del octubre anterior.

Entre 1936 y 1939 la galería cerró, pero el exilio en Londres del nuevo dueño desde 1925, Joan Anton Maragall, llevó a la sala y sus artistas, como Joaquim Mir, Pere Pruna, Fortuny y Vayreda, a una internacionalización sin precedentes. Mientras, en Barcelona, los hermanos Raimon y Helena Maragall continuaron realizando operaciones para los pocos coleccionistas locales de obras del fondo de la galería. Entre octubre y noviembre de 1936, de todas formas, la galería abrió sus puertas por presiones de la CNT para exponer 90 obras del artista argentino Gustavo Cochet, militante de la Federación Anarquista Ibérica.

“En su larga historia siempre ha permanecido activa, buscando nuevos mecanismos para adaptarse al momento y continuar desarrollando su labor cultural y comercial y de difusión de las obras”, explica desde su casa Fuentes, que, pese al confinamiento, sigue trabajando tanto como con la sala. “La galería continua en activo tanto en la venta de obras como en la oferta de contenidos que llegan a casa de los clientes”. Y comenta que, “pese a todo”, se sigue vendiendo en internet a través de plataformas como Artsy. “Hemos vendido cinco obras y dos o tres están apalabradas, tanto a coleccionistas locales como a extranjeros vía online. Entre ellos, un cliente norteamericano que quiere adquirir una segunda obra del mismo artista que compró hace unos meses. Hay más interés del que esperábamos al principio. Cuando se hizo oficial el confinamiento asustó, pero poco a poco vamos haciendo”.

En cuanto al papel de las redes sociales, Fuentes lo tiene claro. “En este impasse de no visibilidad se han convertido en esenciales. Es una de las grandes diferencias con las otras pandemias. Hemos desarrollado nuevos contenidos como las visitas a los talleres. Son muy efectivas porque acaban de comprender dónde y cómo se hacen las obras. Es un valor añadido que están gustando mucho”, prosigue.

De cara al futuro, Fuentes es positivo: “Afectará de forma inmediata, pero la sociedad creo que tendrá una necesidad creciente hacia el objeto y el hecho artístico. La gente que puede permitirse comprar obras de arte lo seguirá haciendo, incluso más, porque va a haber un redescubrimiento del hecho artístico. Estoy convencido”.

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