Las mujeres de la foto
Nevenka Fernández, la mujer que denunció en 2001 por acoso al alcalde de Ponferrada, reflexiona sobre el apoyo que aún reciben de otras mujeres los denunciados por abusos o acoso en el ‘caso Epstein’ o el de la edil de Móstoles

Estos días he leído algunas de las nuevas revelaciones sobre el caso Epstein. He sentido enfado y repugnancia. Escuchar a las víctimas, mujeres y algún hombre —también hay pedófilos que abusan de niños— es un acto que requiere valor. Porque su dolor desgarrador, insistente y largo en el tiempo, te revuelve por dentro y te rompe.
La violencia sexual, moral y laboral es una violencia social. Estos abusos insidiosos, inhumanos y mundialmente organizados, que no terminan en la oscuridad en la que se producen ―ahí solo empiezan― son una forma social de entender el mundo.
Algunos quieren que aceptemos esta cultura; que aceptemos que unos tienen el derecho de pernada mientras otros solo tienen derecho al silencio. Buscan que todos estos crímenes sucedan sin que se note, sin que sepa, sin que se hable de ello.
Pero lo que más observo desde hace un tiempo son “las mujeres de la foto”. Las he visto también estos días en una ciudad de Madrid. Y siento un déjà vu.
Las mujeres de la foto son todas las que, por acción u omisión, se colocan al lado de esos hombres con poder ―que no poderosos―, de esos hombres sin escrúpulos, sin valores y sin moral. Las mujeres de la foto son las que sonríen al lado del presunto acosador, violador, pedófilo; aquellas que intentan defender una dignidad de la que claramente estos hombres carecen.
No habría habido un Epstein tan longevo sin una Ghislaine Maxwell. Ni “un señor de Ponferrada de conducta impecable” sin un par de Anas blanqueando su delito.
Esta semana, también las concejalas de Móstoles han elegido salir en la foto con el presunto acosador. Seguramente, como dijo una de las dirigentes de su partido, “han tenido que aguantar mucho para estar en política”.
Qué triste. Qué duro me parece que, junto a todas las mujeres valientes, inteligentes, buenas y dignas de la Historia, las mujeres de la foto dejen ese mal ejemplo a sus futuras hijas (e hijos). Seguramente ellas se conformen, contentas, con el documental de Melania Trump.
Parece lo que es: que hay personas con escrúpulos torcidos en los dos sexos, en todas las ideologías. Solo hay que mirar bien las fotos. Ellas son también parte de la herida que acepta perpetuar la impunidad.
Pero muchos, y cada vez muchos más, sabemos que nuestro cuerpo es nuestro y no de otros. Sin culpa. Sin vergüenza. Aunque tengamos que seguir enfrentándonos al miedo.
Sabemos que mostrarse real, sensible y verdadero puede acarrear consecuencias, a veces graves, pero elegimos defender la verdad para seguir viviendo. Porque la verdad es el poder más fuerte.
Por eso el feminismo no es una guerra entre hombres y mujeres. Por eso es tan necesario y por eso nos incumbe a todos.
Es una cuestión de valentía y de corazones sanos.
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