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Una chirigota de Cádiz indigna por una letra sobre el incendio de Valencia y reabre el debate de los límites del humor

El cuplé que bromea con el adelanto de las Fallas ha sido censurado por el alcalde de Cádiz: “El ingenio debería servir para sanar el dolor y no para agravarlo”

Chirigota 'Intocables' del Carnaval de Cádiz, en una vídeo de 'X', antes Twitter.
Chirigota 'Intocables' del Carnaval de Cádiz, en una vídeo de 'X', antes Twitter.
Jesús A. Cañas

“Ya sabéis dónde os estáis metiendo, no vayáis a tirarme un cubata”, advierte uno de los componentes de la chirigota callejera de Cádiz Intocables, después de que advierta a los espectadores que tienen una letra tan nueva que ni se la saben y tan fuerte que levanta ampollas. No exageran. “Muchos con la fiestas no tienen paciencia, que han adelantado este año la Fallas en Valencia”, cantan en un cuplé grabado en vídeos, en referencia al incendio de un edificio residencial de Valencia que ha dejado diez víctimas mortales. Esos clips acabaron subidos a la red social X y han despertado una ola de indignación entre muchos usuarios hasta el extremo de que el propio alcalde de Cádiz ha censurado la creación.

La escena viralizada se produjo la tarde de este pasado domingo en las inmediaciones del barrio de La Viña, una zona de parada habitual de las agrupaciones callejeras del Carnaval, también conocidas como ilegales. La chirigota Intocables —en referencia a la película francesa de 2011— actuaba en el último domingo de Carnaval en la calle, una prórroga extraoficial del Carnaval gaditano, conocida como Carnaval chiquito o de los Jartibles. La letra pretendía entrar en un debate candente en la fiesta y en las redes sociales, el de los límites del humor. De hecho, antes de la controvertida estrofa cantaron: “Hay ofendidos por cualquier pamplina, si reírnos de todos es la mejor de las medicinas”.

El instante fue recogido por un usuario de X que lo subió la noche del pasado domingo en torno a las 9.30. Algo menos de dos horas después, la propia agrupación subió el cuplé grabado desde otro ángulo y más completo. En ambos vídeos se aprecia que la reacción del público presente se divide entre quienes se ríen y los que lanzan un suspiro. “Por si queréis escucharlo bien”, escriben los de la chirigora junto a su vídeo que, la tarde de este lunes, iba camino de las 600.000 reproducciones. Pronto, el mensaje se ha llenado de réplicas cargadas de indignación, entre ellos muchos gaditanos. También otras repletas de insultos y de estereotipos sobre los gaditanos y los andaluces. Muchas de esas réplicas duras —algunas deseándoles la muerte— las han compartido los propios integrantes de la chirigota que contactados por EL PAÍS han preferido no hacer declaraciones.

Pero la polvareda levantada ha hecho que hasta el alcalde de Cádiz, Bruno García, haya entrado en el debate tras publicar un mensaje en X en el que asegura que ha hablado con la regidora de Valencia, María José Catalá, para transmitirle su pesar. “Son días de dolor y sufrimiento para los familiares de las víctimas y para toda Valencia: dolor y sufrimiento que compartimos en Cádiz. En estos días de sufrimiento el ingenio debería servir para acompañar a quien lo ha perdido todo, para sanar el dolor y no para agravarlo”, ha escrito el primer edil en un mensaje que ha tenido una respuesta pública de agradecimiento de Catalá.

La indignación despertada con esta agrupación ni es nueva, ni sorprende en el Carnaval de Cádiz, donde llevan toda la vida jugando con los límites del humor —más allá de los legales— y con las facetas más negras de él. En 2018, la chirigota La familia verdugo originó debate en el Concurso Oficial de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz (COAC), después de que guillotinasen en escena al expresident de Cataluña, Carles Puigdemont. La misma agrupación callejera que ahora ha generado polémica, el año pasado —bajo el nombre de Los muertos der furbo— también causaron malestar después de que le dedicasen una letra a un conocido autor del Carnaval, Julio Pardo, que había muerto escasos días antes.

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Sin ir más lejos, este mismo año, tanto en el COAC como en la calle, se ha cantado mucho a Daniel Sancho, el hijo del actor Rodolfo Sancho acusado de matar y descuartizar a un hombre. “En la comedia, al final es fundamental tragedia más tiempo”, argumenta otro autor de agrupaciones ilegales que prefiere mantener el anonimato y que parafrasea una receta atribuida al director de cine Woody Allen. “El tiempo es fundamental, es imposible no hacer una cosa que no sea ofensiva de algo que ha ocurrido hace escasos tres días”, argumenta este chirigotero.

El periodista gaditano Andrés García Latorre lleva meses inmerso en una investigación doctoral sobre los límites del humor en las redes sociales y agrega más factores al tiempo, como son la distancia y el contexto. “El humor es muy contextual. Lo haces para 100 personas que están bebiendo en la calle en Cádiz, pero cuando lo sacas de contexto y lo ves desde Valencia resulta muy doloroso. Ahí es cuando se niega el humor y se toma con toda literalidad”, apunta el experto, sin entrar a valorar la letra en sí misma. García Latorre además se fija en la reacción que ha generado: “Es una espiral identitaria de odio. Son muy pocos los mensajes que tienen puentes. Los que hay, no tienen recompensas, los premiados son lo de la espiral del odio”.

El cuplé de los Intocables al incendio de Valencia ha reabierto el eterno debate sobre lo que es humor o Carnaval, como apunta el periodista gaditano, “cuando no es algo tan claro”. Por eso, García Latorre prefiere hablar de “la pertinencia” de un humor que “puede serlo en la calle, pero en Twitter no”, en un momento adecuado o lugar determinado. Y ese es otro problema que afronta con cada vez más frecuencia el Carnaval de Cádiz, desde que se popularizó en la televisión y en redes sociales. Mientras que hay carnavaleros que añoran ese pasado en el que las letras solo llegaban al público local, otras agrupaciones ya componen sus repertorios con temáticas de enganche nacional. “Las redes sociales son inevitables y la gente del Carnaval ya lo sabe. En la calle y en el [teatro] Falla, se canta pensando también que se mueva”, apunta García Latorre.

Sobre la firma

Jesús A. Cañas
Es corresponsal de EL PAÍS en Cádiz desde 2016. Antes trabajó para periódicos del grupo Vocento. Se licenció en Periodismo por la Universidad de Sevilla y es Máster de Arquitectura y Patrimonio Histórico por la US y el IAPH. En 2019, recibió el premio Cádiz de Periodismo por uno de sus trabajos sobre el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar.
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