Tamames asegura en su discurso que presentarse como candidato de Vox es un “último tributo” a España

El exdirigente del PCE intentará justificar ante el Congreso por qué es urgente adelantar las elecciones generales al 28 de mayo, con las autonómicas y municipales

Ramón Tamames, el candidato de la segunda moción de censura presentada en esta legislatura por Vox, que previsiblemente solo contará con los 52 votos de la formación ultra, propondrá que las elecciones generales se celebren en la misma fecha que las autonómicas y municipales, el 28 de mayo, cuando están previstas para final de este año. Así lo señala en el texto de su discurso de investidura, que ha adelantado eldiario.es y cuya autenticidad ha confirmado él mismo a Capital Radio.

Tamames ha calificado de “gran perversidad” la filtración del discurso que pensaba pronunciar el día 21 en el Congreso, pero ha reconocido la dificultad de cambiar en tan poco tiempo un texto en el que llevaba dos meses trabajando y, al final, ha restado importancia a este hecho. “Así se enteran mejor, que se lo estudien”, ha sentenciado.

En realidad, el documento, de 33 páginas y 31 apartados, no es el programa de un candidato a presidente del Gobierno que no pretende serlo, sino su legado para la posteridad, el “último tributo a la defensa de los intereses actuales y futuros de España”, según sus palabras, de un veterano profesor y político. A sus 89 años, el exdirigente del PCE y autor de la canónica Estructura Económica de España dice “sentirse obligado” a dar este paso, pese a las críticas de quienes le acusan de prestarse a blanquear a la ultraderecha.

Aunque en su discurso Tamames asegura que “es urgente la convocatoria de elecciones generales” y defiende la necesidad de celebrarlas el 28 de mayo, como ha pactado con Vox, no da argumentos que justifiquen por qué no se puede esperar a la fecha constitucionalmente prevista, solo seis meses después de la que él propone. Alega que se trata de evitar que continúen “las cesiones legislativas más nocivas a ciertos socios suyos de la coalición de investidura que están poniendo en riesgo esa arquitectura constitucional de 1978″, pero las supuestas amenazas que esgrime —el enfrentamiento entre los españoles por la ley de Memoria Democrática, el asalto a la división de poderes o la discriminación del castellano en Cataluña— o ya se habrían consumado o no resultan inminentes. En una entrevista en TVE el pasado 7 de febrero, en la que se le preguntó si, de vencer la moción, ejercería de presidente o si convocaría comicios aseguró: “Hay que esperar. No se pueden organizar unas elecciones ahora seguramente teniendo diciembre ya como objetivo marcado”.

En realidad, las medidas que Tamames propone no podrían acometerse en el breve lapso que iría hasta la prometida celebración de elecciones anticipadas, solo dos meses, en el caso hipotético de que fuera investido jefe del Gobierno. Se trata de iniciativas de regeneración que requieren un amplísimo consenso político y una legislatura completa para llevarse a cabo; por ejemplo, la reforma de la ley electoral para que los partidos nacionalistas periféricos dejen de tener una “sobrerrepresentación” que les otorga un peso decisivo en la gobernabilidad del Estado; o la modificación de las leyes del Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Supremo para que sus magistrados tengan mandatos vitalicios.

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Estas medidas ni siquiera tienen garantizado el apoyo de Vox, partido al que su candidato apenas menciona en todo el discurso. Solo lo cita para criticar que “se niegue desde el banco azul el carácter democrático a formaciones que representan a millones de españoles”. Y añade: “Como es el caso de mis proponentes, que no han dejado en ningún momento de observar la ley y la Constitución”. Para justificar que él se presente bajo el patrocinio de los ultras, reprocha al presidente del Gobierno estar “apoyado por los herederos de quienes hasta hace muy poco utilizaban la violencia como forma de imponer sus propósitos”, en alusión a ETA y Bildu.

Pese a ello, Tamames se aparta del discurso tremendista de Vox, salvo cuando asegura que España “se asemeja a una moderna autocracia absorbente” e incluso llega a criticar el “populismo” y la “dialéctica amigo-enemigo” que se ha impuesto en la política española, olvidando que el partido que lo patrocina es el principal promotor de estas dinámicas. Incurre en el mismo populismo que denuncia al criticar al presidente Sánchez mezclando las decisiones del Gobierno con propuestas del socio minoritario, Unidas Podemos, que no han prosperado.

Omite los puntos que más le distancian de Vox, como la ilegalización de los partidos separatistas o la estructura autonómica del Estado, pero se desliza hacia sus posiciones cuando relaciona el aumento de la criminalidad con la “inmigración descontrolada”, aunque a continuación lamenta los miles de muertes de inmigrantes en el Mediterráneo, de lo que culpa a la UE y al Gobierno de Sánchez, pero no al de Giorgia Meloni, socia italiana de Abascal, que ha elevado la dimensión del drama obstaculizando los rescates. En cambio, no niega el cambio climático y propone combatir la escasez hídrica con desaladoras y depuración de aguas residuales, en vez de la interconexión de las cuencas hidrológicas que propone el partido de Abascal.

El candidato hace gala de su sólida formación económica al presentar “cinco observaciones”, que cuestionan el optimismo del Gobierno sobre la marcha de la economía. Es la parte más trabajada de su discurso, pero aun así no evita contradicciones como criticar el aumento de la desigualdad y, al mismo tiempo, tachar de “electoraleras” medidas como el aumento del salario mínimo o la ampliación de las becas. En vez de sabotear el derecho al aborto desde posiciones morales, como hace la ultraderecha, pone el acento en el “suicidio demográfico”, centrando el problema en que la mujer no tenga más hijos.

Del mismo modo, obvia la responsabilidad de las comunidades autónomas, apoyadas o gestionadas por Vox, en el deterioro de la sanidad pública y atribuye a la Ley de Memoria Democrática la voluntad de dividir en buenos y malos a los bandos enfrentados en la Guerra Civil, ignorando el contenido de la norma. Entre otras ideas, propone la creación de una Universidad Hispanoamericana en homenaje a los poetas Antonio Machado y Pablo Neruda; una iniciativa que difícilmente apoyará un partido como Vox, que justifica el golpe de Estado del general Pinochet que acabó con la vida del premio Nobel chileno.

Frente a un Vox que se ha mostrado muy beligerante con el presidente ruso, Vladímir Putin, para hacer olvidar la cercanía al Kremlin de algunos de sus socios europeos, Tamames afirma que “hay que negociar ya desde ahora mismo un fin a la guerra” y critica que “desde Bruselas no se ofrece una salida a la paz” en Ucrania.

Al final del discurso, agradece a Abascal que le haya brindado la “gran oportunidad” de exponer en el Congreso su propio análisis de la situación de España, sensiblemente diferente del que hace el partido ultra, y de protagonizar “una de las últimas secuencias del guion” de su vida, según sus propias palabras.

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