España sufrió en verano las noches más calurosas desde que hay datos, con casi dos grados por encima de lo normal

Las noches tropicales se extienden de mayo a septiembre e incluso se siguen produciendo a medidos de octubre

Las altas temperaturas nocturnas hicieron que numerosas personas se acercaran al Guadalquivir en Sevilla a refrescarse y pasar la noche el 11 de agosto.
Las altas temperaturas nocturnas hicieron que numerosas personas se acercaran al Guadalquivir en Sevilla a refrescarse y pasar la noche el 11 de agosto.José Manuel vidal (EFE)

Cuando la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) hizo balance de la temporada pasada, era tal el aluvión de datos sobre la intensidad del calor diurno que se pasó por alto un aspecto relevante: no solo fue el verano con las temperaturas máximas más altas de la serie histórica ―que arranca en 1961, año desde el que se dispone de datos validados para estudiar el carácter de las temperaturas en toda España― sino que las mínimas también fueron las más altas: la media fue de 16,3°C, 1,9°C por encima de lo normal. “Hemos pasado las peores noches de nuestra vida”, sentencia Rubén del Campo, portavoz de Aemet. “Aunque en las olas de calor ―casi la mitad de la estación― las mínimas no se disparan tanto como las máximas, superaron en tres décimas al peor hasta ahora, 2003, y en medio grado al segundo peor, 2007″, explica Del Campo. Las noches ultracálidas son peligrosas, ya que prolongan el estrés térmico sufrido de día al impedir que el cuerpo descanse y se recupere.

Una tercera parte de las estaciones de la red principal de Aemet registraron las noches más calurosas de su historia en su conjunto. Sobresale Navacerrada: la media fue de 13,5°C, 1,2°C por encima del récord anterior, de 2003. “Está a 1.900 metros y es ajena al efecto de la isla de calor urbano [que añade entre 1,5°C y 2°C a las mínimas]”, contextualiza el portavoz. Además, el 18% se anotó la noche más cálida desde que hay datos. Destaca el aeropuerto de León que, con 24,5°C, batió su cota más alta por casi tres grados.

El fenómeno de las noches tropicales, en las que la mínima no baja de 20°C, antes puntual y limitado al Mediterráneo, avanza por el interior peninsular, mientras que el siguiente escalón, las noches tórridas o ecuatoriales, por encima de 25°C, se ha vuelto frecuente en el centro y la mitad sur y ha llegado a puntos donde era desconocido. Incluso ha empezado a tomar cuerpo un temido fantasma, una nueva categoría de noches por encima de 30°C para las que no hay nombre ―el climatólogo Javier Martín Vide propone infernales, flamígeras o ahornagantes―. Aunque hubo noches a más de 30°C ―por ejemplo 33,7° en Agüimes y 30,5°C en El Bosque (Cádiz)―, no constan en el banco de datos de Aemet. “Las mínimas son engañosas porque a veces refresca al final del día y se enmascara lo terrible que fue la noche”, explica Del Campo.

Pese a ello, España se acercó a esta nueva frontera: la mayor mínima en estaciones principales fue 29°C en el puerto de Palma de Mallorca el 14 de agosto. Batió su récord absoluto ―también Valencia con 27,5°C, Castellón con 26,6°C y Alicante con 28,6°C― el mismo día en el que una boya del mar balear registró la temperatura más alta de las aguas nacionales desde que hay registros, 31,3°C. Aunque este verano no hubo noches infernales, sí se alcanzaron en los últimos años. Almería ostenta el récord nacional: 33°C en 2001.

Y lejos de circunscribirse al verano, las noches ultracálidas empiezan antes y terminan después. En mayo, Jaén registró la primera tórrida de la Península en dicho mes mientras que Sevilla, Badajoz, Córdoba, Zaragoza, Toledo y Madrid sufrieron noches tropicales, que se han extendido a septiembre, ya en el otoño meteorológico: San Sebastián y Menorca marcaron su récord absoluto con 24,1°C y 28,8°C. Durante este nuevo episodio cálido a mediados de octubre, se esperan en la costa mediterránea y en el Guadalquivir. El sábado, ocurrieron en Marbella (Málaga), Girona y Baleares. De los 17 días que van de mes, 15 ha habido noche tropical en algún punto de estas islas.

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Para determinar su incremento y extensión se necesita un estudio climatológico en profundidad, del que Aemet no dispone. Pero, a petición de este diario, la agencia ha extraído datos de 11 ciudades, que en muchos casos revelan un imparable aumento. “Varias puntos del interior norte han batido récords de noches tropicales como Valladolid, donde se registraron 13, frente al récord anterior de ocho en 2003. Ha pasado de tener una o ninguna en los setenta y ochenta a 2/3 de media en los últimos 15 años, con una diferencia abismal este año”, detalla Del Campo. Zaragoza también es “un caso muy patente” al marcar récord con 57, 10 más que en 2003. “Desde los cincuenta se han multiplicado por cinco”.

Según un estudio del meteorólogo Roberto Granda en Eltiempo.es, el mayor número de noches tropicales, excluyendo Canarias, se concentró en el arco mediterráneo, donde se superaron las 80 e incluso las 100. “El dato más destacado es el de Capdepera (Mallorca) con 112, 54 de ellas ecuatoriales”, subraya Granda. Según su análisis, este verano estuvo “muy reñido con años destacados por el calor nocturno como 2003, 2012 o 2021″ y en más de un punto fue el peor, como en San Sebastián, Toledo, Cáceres y Ciudad Real. “Otro caso muy llamativo por su altitud es Cuenca, con 30, lo que casi dobla el anterior récord”. La asociación meteorológica FrostSE ―Albacete, Alicante, Murcia, Jaén, Almería y Granada―, constata que “la excepcional persistencia de máximas hizo de los centros urbanos un auténtico infierno”. Como ejemplo, cita Alcantarilla (Murcia), donde la media ha pasado de 25 en los ochenta a 61 de los últimos 10 años.

Y las noches tórridas llegaron, por primera vez, a Galicia. Aunque no constan en las estaciones principales de Aemet ―la mínima más alta se quedó a una décima, 24,9°C el 13 de julio en Pontevedra, que batió su récord por 1,2°C―, sí que las hay en las de Meteogalicia. Una portavoz del organismo cuenta que ese mismo día, una las cuatro estaciones que tienen en Vigo, la de avenida de Madrid, registró una mínima de 26,7°C, mientras que en la del campus ascendió a 29,6°C. “En Vigo se sufren un par de noches a 21°C por verano, pero este fue histórico, al borde de la noche infernal”, certifica. En Segovia, donde tampoco las conocían hasta este verano, hubo cuatro seguidas, con un récord de 27,4°C.

En El Retiro (Madrid), con datos desde 1920, no se produjo ninguna hasta 1987 y, de ahí al año 2000, siete. En las dos últimas décadas han ido subiendo hasta llegar a 24, “tres veces y media más”. Frente a quienes culpan a la isla de calor, Del Campo aclara que “el mayor aumento se produce con la ciudad plenamente configurada”: de las 24, 18 fueron en los últimos seis años. Este verano fue “tremendo”: tumbó el récord, con nueve, “cifra que multiplica por tres a la de los peores veranos, 1995, 2012, 2017 y 2020”. Cinco fueron consecutivas y se estableció nuevo récord: 26,2ºC.

Otro caso “llamativo” es el aeropuerto de Barcelona con siete, una menos que en 2015. Con datos desde 1924, hasta 2003 no hay noticias de ellas pero, desde entonces, la media está en 2/3. En el aeropuerto de Sevilla hicieron acto de presencia en 1980 y en lo que va de siglo llevan 43, con una media de 2/3. En Málaga, “en este siglo hay cinco por verano, frente a las una o dos de los cincuenta”.

En el aeropuerto de Almería este verano fue el segundo peor con 19. “En este siglo son ocho de media cuando en los setenta eran 2/3”. En Valencia también influye el efecto isla de calor, pero se disparan con la ciudad ya establecida: 2022 y 2015 empatan como los peores veranos con 16. “De ser casi inexistentes hasta los ochenta, desde 2003 hay un promedio de seis”. En el aeropuerto de Palma de Mallorca ocurre lo que en Barcelona, Madrid y Sevilla: “Empiezan en 1983 y desde entonces van 12, ocho desde 2014″.

El portavoz de Aemet concluye que el culpable, sin ningún género de dudas, es el calentamiento global y que las proyecciones apuntan a que irán a más: si se sigue contaminando al ritmo actual, de aquí a 2050 aumentarán entre un 15 y un 25% en el peor de los escenarios, y a finales de siglo, un 50%. “Es necesario adaptar los edificios y gestionar la planificación urbana para estar preparados ante eventos más frecuentes”, concluye FrostSE.

Nuevas investigaciones en curso

Una turista bebe agua el pasado 13 de agosto al anochecer por el puente romano de Córdoba.
Una turista bebe agua el pasado 13 de agosto al anochecer por el puente romano de Córdoba. SALAS (EFE)

El grupo de investigación en Salud y Medio Ambiente Urbano (Gismau) del Instituto de Salud Carlos III, que ya calculó en 2015 cuánto aumenta la mortalidad por cada grado que se sobrepasa el umbral de ola de calor, está analizando ahora “cuál es la dimensión en salud del efecto de la isla térmica, que solo se refleja en las mínimas”, avanza uno de sus responsables, Julio Díaz.

“Mi intuición, pero aún es pronto para decirlo, es que las mínimas altas tienen un fuerte impacto en la morbilidad (ingreso en los hospitales), mientras que las máximas altas ya hemos comprobado que lo tienen en mortalidad”, apunta el investigador, que espera tener resultados en seis meses. “Fisiológicamente, una mínima alta lo que produce es no poder descansar, disconfort, una máxima alta, golpes de calor”, recuerda Díaz. Este verano, se atribuyen a las máximas 4.500 muertes en España.

Ya hay algunas investigaciones, como la liderada por el climatólogo Dominic Royé en 2021, que mostró que el exceso de calor y la duración de las noches cálidas están fuertemente asociados con muertes por causas específicas en el sur de Europa. En España, el aumento es del 16%, porcentaje que en Madrid sube al 26%. Además de su relación con la mortalidad y la morbilidad, el calor nocturno es el enemigo número uno del descanso. Un estudio de la Universidad de Copenhague en 68 países apunta a que roba de media 44 horas de descanso al año y que son los que "viven en climas más cálidos quienes pierden más horas". 

Sobre la firma

Victoria Torres Benayas

Redactora de la sección de Madrid, también cubre la información meteorológica. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra, cursó el máster Relaciones Internacionales y los países del Sur en la UCM. En EL PAÍS desde el año 2000, donde ha pasado por portada web, última hora y redes, además de ser profesora de su escuela entre 2007 y 2014.

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