La ambigüedad calculada de los discursos de Feijóo

Desde 2018, el dirigente gallego ha combinado palabras de apoyo a Casado como líder de futuro con advertencias para que llevara al partido al centro

El presidente del PP de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, anuncia el pasado día 2 de marzo en la junta directiva del partido en Galicia su intención de presentarse a la presidencia del PP nacional, tras la salida de Pablo Casado.
El presidente del PP de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, anuncia el pasado día 2 de marzo en la junta directiva del partido en Galicia su intención de presentarse a la presidencia del PP nacional, tras la salida de Pablo Casado.ÓSCAR CORRAL

A Alberto Núñez Feijóo el tópico de la ambigüedad con el que se retrata a algunos gallegos no le desagrada del todo. Juega con él. Unos días antes de que anunciara su candidatura a presidir ahora el PP se le comentó, en una entrevista radiofónica, que se le estaba poniendo cara de presidente, y él respondió con sorna que era lógico, porque llevaba ya 13 años en ese cargo al frente de la Xunta de Galicia. El 18 de junio de 2018, cuando renunció a concurrir a las primarias exprés para suceder a Mariano Rajoy, llevaba en su chaqueta otro discurso en el que aceptaba el envite. Desde entonces sus intervenciones ante la cúpula del partido han tenido un carácter ambivalente. Por un lado, en ellas Feijóo no se ahorraba admoniciones contra el estilo de Pablo Casado y su equipo, menos centrado y templado que el suyo; y al mismo tiempo aseguraba que el presidente saliente era la apuesta inequívoca de futuro para el PP.

El único discurso que se conoce de aquel 18 de junio de 2018, en el que se apartó de la carrera de las primarias del PP, fue en el que Feijóo, emocionado, aseguró que no le podía fallar a su compromiso con los gallegos. Entonces argumentó que lo primero y único era “Galicia, Galicia y Galicia”, y esgrimió desde razones personales y familiares hasta que no podía resolver la incierta sucesión en su territorio en apenas un mes. El contexto nacional del PP tampoco era entonces nada favorable. Ahora, su sucesión en el PP de Galicia sigue en la nebulosa y debe apurarse en menos de 30 días, aunque en la Xunta puede alargarse algo más.

Feijóo llevaba aquel día en otro bolsillo de su chaqueta un segundo discurso, algo más largo, y que no pronunció. En él, razonaba por qué tenía que emigrar a Madrid y esbozaba las líneas maestras de cómo le gustaría que fuera el PP nacional. Ese texto, muy meditado, lo ha ido suministrando en porciones en estos últimos tres años, en algunas intervenciones relevantes internas del partido, la mayoría de las veces delante del propio Casado. Algunos de esos pasajes los rescató el pasado 2 de marzo, cuando finalmente dio el paso adelante tras la grave crisis que acabó con la carrera de Casado y su equipo en su duelo con la madrileña Isabel Díaz Ayuso.

El PP gallego incluyó en un folleto de la precampaña de 2020 esta imagen de las manos de Feijóo sobre los dos discursos escritos el 18 de junio de 2018: uno anunciando que concurría a las primarias del PP y otro con la opción contraria (la que finalmente leyó).
El PP gallego incluyó en un folleto de la precampaña de 2020 esta imagen de las manos de Feijóo sobre los dos discursos escritos el 18 de junio de 2018: uno anunciando que concurría a las primarias del PP y otro con la opción contraria (la que finalmente leyó).PP de Galicia

El equipo profesional que elabora, redacta y supervisa esos mensajes apenas ha cambiado en los 13 años que lleva como presidente de la Xunta y en los 16 de presidente del PP gallego.

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En enero de 2019, Casado, aún muy debilitado tras sus sucesivos malos resultados electorales, encargó una convención nacional del PP para rehabilitarse y encomendó a Feijóo su coordinación. Fue ahí donde el presidente gallego auguró que “el presente y futuro del PP” era Casado, al que veía “ilusionado y orgulloso” de su cometido, y a continuación le soltó una ristra de consejos y deberes sobre cómo debía reconducirse.

Ya entonces, hace tres años, Feijóo reivindicó un PP “como partido de gobierno, que está capacitado y preparado para gobernar y que volverá a gobernar España”. Hace una semana lo reiteró. En enero de 2019, avanzó que su PP era un partido de “principios que no se imponen a nadie, sino que están a disposición de todos”. “No somos un partido vociferante, que descalifique, porque tenemos argumentos”, dijo. Hace siete días cosechó su mejor titular con esta idea: “No vengo a insultar a Pedro Sánchez, vengo a ganarle”. Tres años antes llegó a decir no había querido referirse por su nombre al presidente del Gobierno porque quería hablar “del futuro de España, y el futuro del PP es Pablo Casado”.

En aquella convención de 2019 elogió el legado de los expresidentes del PP Manuel Fraga, José María Aznar y Mariano Rajoy, ensalzó a Casado y citó como referentes a su mentor, José Manuel Romay Beccaría, a Javier Arenas y Juan Vicente Herrera.

Entonces y ahora, Feijóo apuesta por un PP “sólido, con un discurso único, coherente y nacional”, como cree que no podría hacer otro partido; pero también con “respeto a las particularidades y pluralidades en cada autonomía y ayuntamiento”. El líder gallego repite prácticamente en cada intervención, y así ha sucedido estos tres últimos años, que su política no es de tuits, platós ni tertulias. El 2 de marzo pronunció casi idéntica una frase que ya se le escribió para 2018 y repicó en 2019: “Decimos que no cuando tenemos que decir que no, que sí cuando tenemos que decir que sí y nuestros principios no los imponemos, están a disposición de todos”.

En aquella convención de 2019, Feijóo ya alertó de que el PP no tenía que ser “inventado”, pero sí “reafirmado, reformado y reivindicado” por su experiencia de gestión y sus resultados cuando está en los gobiernos. Es una idea fuerza que recuerda casi siempre.

En mayo de 2019, tras un nuevo batacazo del PP de Casado, en este caso en las elecciones autonómicas, Feijóo recibió al presidente nacional en una romería en O Pino (A Coruña) y glosó su “espíritu ganador”, aunque también aprovechó para demandar un “PP más amplio sin pensamiento único e intransigente”. Feijóo, que no había recogido tampoco un buen resultado en las principales ciudades gallegas en esos comicios, llevaba ya un tiempo como otros barones autonómicos del PP reclamando a Casado que moderase su oposición para situar al partido en un centro “reformista” más abierto. Y ante el líder al que ahora ha ayudado a sentenciar, y que aquel día comentó que había captado el mensaje, le instó a “aceptar” que no todo el partido tenía que pensar “exactamente lo mismo” porque en él “caben diferentes sensibilidades”. El PP, dijo, es la única formación “capaz de unir a los españoles, a los de centro, a los de derecha y a todos los que creen que España es un país único e indivisible”.

Sobre la firma

Javier Casqueiro

Es corresponsal político de EL PAÍS, donde lleva más de 30 años especializado en este tipo de información con distintas responsabilidades. Fue corresponsal diplomático, vivió en Washington y Rabat, se encargó del área Nacional en Cuatro y CNN+. Y en la prehistoria trabajó seis años en La Voz de Galicia. Colabora en tertulias de radio y televisión.

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