Italia y España ponen a prueba su alianza en la era Draghi

Los mandatarios de ambos países se reunirán en una cumbre bilateral que tratará temas económicos y de inmigración desde posiciones algo más alejadas que las que cultivó la sintonía con Conte

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una reunión en La Moncloa con Mario Draghi en febrero de 2019.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una reunión en La Moncloa con Mario Draghi en febrero de 2019.Samuel Sanchez

Pedro Sánchez y Mario Draghi buscarán este viernes en Barcelona, donde pasarán juntos casi toda la jornada, participarán en tres actos y mantendrán una cumbre bilateral, un acercamiento entre dos países aliados, pero que difícilmente llegará a la sintonía absoluta que tenían el presidente español y Giuseppe Conte, el anterior mandatario italiano. A Draghi no le entusiasma la idea de un frente común del Sur para afrontar las cuestiones europeas, según fuentes italianas. Tanto en el Gobierno español como en el italiano admiten que Draghi y Sánchez están lejos de esa cercanía que tenían el español y Conte, pero también insisten en que los intereses de España e Italia están tan entrelazados —los dos necesitan la agilización del fondo europeo y tienen que hacer reformas similares, además de compartir posición en asuntos migratorios— que la alianza fraguada con el anterior primer ministro se mantendrá con el nuevo aunque las relaciones políticas sean diferentes.

El Gobierno español destaca especialmente que la de Barcelona es la primera cumbre bilateral que celebra Draghi desde su llegada a la presidencia del Consejo de Ministros. Y ha elegido precisamente España como muestra del interés que ambos países tienen en estas relaciones que pasaron momentos muy malos en los últimos años, pero llegaron al máximo nivel con Conte. Fuentes del Ejecutivo de Sánchez destacan además que la cumbre se celebre en Barcelona, algo nada habitual en los últimos años por la crisis independentista.

Sánchez y Draghi tienen posiciones cercanas en asuntos clave, en especial la necesidad de agilizar la ejecución del fondo de recuperación europeo, que ya está en marcha, y de igual modo en inmigración, donde ambos reclaman la solidaridad europea para los países que como Italia y España sufren en primera línea la llegada irregular de inmigrantes a sus costas. También tienen intenciones de establecer canales para intercambiar experiencias en las reformas que ambos tienen por delante, no solo en las más polémicas —como pensiones, mercado de trabajo o fiscalidad— sino también otras de fondo como las educativas, la transición ecológica o la digitalización. Ambos países comparten problemas comunes como el desempleo juvenil.

Antiguo recelo mutuo

Italia y España vivieron sumidas en un recelo mutuo durante décadas. Las discrepancias por los tiempos que se manejaban para la entrada en el euro (es legendario el mal ambiente que hubo entre Romano Prodi y José María Aznar) y la ilusión española de ocupar el tercer puesto como potencia económica europea convirtieron la relación en una competición. Italia, en realidad, nunca se sintió amenazada y prefirió mirar hacia Francia y Alemania para construir su propia agenda internacional. Así fue hasta que Conte llegó en 2018 a la presidencia del Consejo de Ministros y se produjo en 2020 una nueva reunión bilateral, la primera desde 2014.

Italia y España construyeron su nuevo idilio sobre dos pilares fundamentales: la lucha por los fondos del Plan de Recuperación Europeo y la inmigración. Conte y Sánchez, cuyos perfiles políticos se encontraban en una evidente armonía, hicieron frente común para torcer el brazo a los llamados países frugales —Holanda, Suecia, Dinamarca, Austria—, que se resistían a aceptar la propuesta de la Comisión de un gran fondo de recuperación europeo de 750.000 millones de euros. El método funcionó. La duda es si continuará esta dinámica con el cambio de Gobierno en Italia.

Draghi, en realidad, no ve estos temas exactamente como su predecesor. Fuentes de su entorno señalan que quiere desempeñar “su papel europeo a 360 grados”. “La división Norte y Sur no cree que funcione tanto. Por supuesto, es consciente de que hay posiciones similares en algunos asuntos, pero la partida quiere jugarla desde todos los ángulos”, apuntan. Draghi tiene una relación privilegiada con Angela Merkel y Emmanuel Macron. “Él está determinado a poner estos temas sobre la mesa europea de la forma más amplia”, apuntan.

Mayor implicación en la frontera sur

En cuanto a la inmigración, de hecho, Draghi apuesta por una solución amplia que pasa sustancialmente por la estabilización de la región del norte de África. Además del apoyo de España en el último Consejo Europeo, ya mantuvo conversaciones “muy positivas” con Macron. El deseo del primer ministro italiano es que toda Europa y también la OTAN se interesen más en la frontera sur. Sánchez no discrepa del planteamiento de Draghi en este asunto, y de hecho España está especialmente interesada en la estabilización de esta zona del norte de África. No es casualidad, señalan en el Ejecutivo español, que Draghi y Sánchez sean los dos primeros ministros europeos que han visitado recientemente Libia para apoyar al nuevo Gobierno y a la transición democrática puesta en marcha después del alto el fuego de 2020.

Desde la parte española ven con más optimismo la posibilidad de que Sánchez y Draghi, que de momento apenas se conocen, establezcan una relación política más fluida a partir de la cumbre de Barcelona, aunque sí reconocen que ven al italiano muy concentrado en asuntos internos, por la dificultad de llevar adelante las reformas que ha comprometido con Bruselas, y por tanto no esperan una sintonía como la que hubo con Conte. Estas fuentes también admiten que ambos políticos tienen trayectorias y perfiles muy diferentes, no solo por su diferencia generacional. Sánchez es un político puro que ha hecho toda su trayectoria profesional en el PSOE, y ha sido elegido por las urnas, mientras Draghi es la quintaesencia del tecnócrata europeo de enorme prestigio que fue llamado por los partidos para gobernar Italia con una gran coalición, pero no se presentó a unas elecciones; nunca había hecho carrera política y viene del mundo de las grandes finanzas. Aun así, ambos intentaran en Barcelona un deshielo y son conscientes de todos los vínculos estratégicos que unen a la tercera y cuarta economías del euro.

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