La Armada se queda con un único submarino operativo por el retraso del programa S-80

Dos de los cuatro sumergibles S-70 se han dado de baja, uno está en obras hasta 2021 y solo uno en servicio

El submarino 'Tramontana', atracado en el puerto de Cartagena el pasado 26 de febrero.
El submarino 'Tramontana', atracado en el puerto de Cartagena el pasado 26 de febrero.Javier Lizon / EFE

España se ha quedado con un solo submarino operativo, frente a los cuatro que tenía en la pasada década: dos se han dado ya de baja, uno está en reparación hasta finales de 2021 y solo uno sigue en servicio activo. Eso significa que, entre un tercio y el 60% del tiempo, durante los periodos de mantenimiento y descanso de las tripulaciones, la Armada no dispondrá de ningún sumergible. A esta situación se ha llegado por los sucesivos retrasos del nuevo submarino S-80 y la paralización de las inversiones en Defensa durante una década, de 2008 a 2018.

La merma, aunque sea temporal, de la capacidad submarina es significativa para un país como España, con casi 8.000 kilómetros de costa, dos escenarios marítimos (Atlántico y Mediterráneo) y un estrecho estratégico como Gibraltar. Y le deja en desventaja respecto a sus vecinos: Francia tiene 10 sumergibles, el Reino Unido siete (que con frecuencia atracan en el Peñón), Argelia seis y Portugal dos. Marruecos sondea la compra de submarinos a Francia, aunque la operación no se ha concretado.

Sobre el papel, la Armada española dispone de dos submarinos de la clase S-70, buques de diseño francés botados en los años ochenta del siglo pasado: el Galerna y el Tramontana. Pero el primero está inmovilizado desde julio de 2017 para someterlo a una gran carena, una obra que supone desmontarlo pieza a pieza para prolongar su vida útil.

La dificultad estriba en que el buque fue diseñado para admitir solo cuatro reparaciones de este tipo y la Armada decidió acometer una quinta, para cubrir el retraso del S-80. Al final, la obra está resultando más cara (los 43,2 millones presupuestados inicialmente pueden dispararse hasta 60) y mucho más laboriosa de lo previsto: los trabajos se han demorado al menos un año y no estarán acabados antes de final de 2021.

A la vista de estas complicaciones, la Armada renunció a acometer una quinta gran carena en el submarino Mistral, aunque ya estaba presupuestada, y no tuvo más remedio que darlo de baja el pasado día 10. Seguía así el camino del Siroco, que fue al desguace en 2012.

Tener un único submarino durante al menos año y medio obligará a la Armada a dedicarlo al adiestramiento e instrucción de las tripulaciones, para que no pierdan su capacitación mientras llega el S-80. Según los planes iniciales, el primer sumergible de la nueva clase, el Isaac Peral S-81, debía haber sido entregado en 2012, pero llegará con una década de retraso. Eso si no se producen nuevas demoras pues, como señaló el jueves el jefe de la Armada, almirante general Teodoro López Calderón, en una videoconferencia organizada por Executive Forum, la pandemia ha alargado los trabajos unos seis meses más, hasta finales de 2022.

Aunque durante unos meses lleguen a coincidir en servicio el Galerna y el Tramontana, el arma submarina no se recuperará hasta que se entregue el segundo de los submarinos S-80, ya en mayo de 2024. No mucho antes se habrá declarado operativo el Isaac Peral pues, al tratarse de un modelo de nueva planta, la Armada necesitará probarlo durante más de un año.

El tercer S-80, ya en 2026, será el primero que incorpore el sistema de propulsión AIP, independiente del aire, que prolongará el tiempo de inmersión y le convertirá en uno de los submarinos convencionales más discretos del mundo. No está previsto que incorporen misiles de crucero Tomahawk, pero sí Harpoon Block II, lo que les dará una capacidad de ataque a tierra que ya tienen los submarinos argelinos.

A finales de la próxima década, un cuarto de siglo después de que se dictara la primera orden de ejecución, España contará así con cuatro submarinos S-80 tras una larga y accidentada peripecia que obligó a rediseñarlo para compensar un error de cálculo (tenía 70 toneladas de sobrepeso) y a incrementar su coste en un 70%, hasta 3.685 millones. Pero la Armada ya ha advertido que la única forma de garantizar que haya dos submarinos operativos de manera permanente es encargar una quinta unidad, un S-85 hasta ahora no previsto.

Si el problema de los submarinos está en vía de salida, no sucede lo mismo con la aviación embarcada. En 2027 como máximo la Armada dará de baja sus 12 aviones de despegue vertical AV-8B Harrier II Plus y, de momento, no tienen recambio. El único modelo capaz de operar desde el portaaeronaves Juan Carlos I es el F-35B estadounidense, pero su compra resulta muy costosa y no reportaría ningún beneficio a la industria española.

El problema para la Armada es que la industria militar europea apenas puede satisfacer sus necesidades. A partir 2023, tiene previsto sustituir sus helicópteros de transporte Sea King estadounidenses por los europeos NH-90. En cambio, Airbus ya ha comunicado que hasta 2035 no podrá suministrar una versión táctica de los NH-90 para las fragatas. Estos últimos helicópteros van equipados con una panoplia de sensores (radar, sonar) que transmiten al buque en tiempo real todos los datos que captan, por lo que se convierten en una valiosa prolongación de sus ojos y sus oídos.

La Armada debe dar de baja en dos años sus 12 helicópteros SH-60 Bravo Seahawk estadounidenses y ya ha planteado la compra de media docena de SH-60 Romeo (una versión avanzada del anterior) para cubrir el hueco hasta la llegada del modelo europeo. De lo contrario las fragatas verían drásticamente limitadas sus capacidades.

“Tras una década sin invertir en defensa ahora hay que sustituirlo todo a la vez y eso va a ser muy difícil de asumir”, reflexiona un mando militar.

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