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El bebé que da vida a un pueblo tras 64 años sin nacimientos

Una pareja trae al mundo al niño en Valcuende (León), una pedanía con solo cuatro habitantes

Juan Navarro
El recién nacido Iván, en la cuna del hospital de León.
El recién nacido Iván, en la cuna del hospital de León.el pais

Viviana, Víctor, Valcuende, Valderrueda e Iván. La historia va de uves en Valcuende, una pequeña pedanía de Valderrueda (al este de León), donde dos de sus cuatro habitantes, Viviana y Víctor, han traído al mundo a Iván. Hacía 64 años que ningún niño nacía en este pueblo. Hasta este martes. Lo dice Carmina, una vecina que lleva allí desde siempre y ostenta el rol de enciclopedia en esta localidad donde nunca hay prisa y el calendario solo se mira en fechas señaladas. Como esta efeméride.

El bebé ha salido “sanote”, presume orgulloso su padre, Víctor González, de 34 años. El recién nacido ha pesado casi cuatro kilos y mide 53 centímetros. “Ya lo tenéis criado”, bromeó la comadrona. La mamá, Viviana Palacios, de 38, ha resistido bien la cesárea que se le aplicó en el hospital de León y ahora se recupera en Valcuende rodeada de la calma propia del mundo rural. Iván, vaticina su padre, no será el único: quieren darle dos hermanitos.

La pareja, que llevan tres años juntos, se conoció a raíz de que ella, de origen uruguayo, recalara hace 15 años con su familia en La Espina, a unos tres kilómetros. El primer encuentro se dio gracias a “los líos” que les hicieron el hermano de Víctor y su cuñada: “Fue un First Dates en toda regla, nos prepararon todo para que nos conociéramos”. Y surgió el amor.

El sustento familiar procede de la ganadería, pues cuentan con una explotación de 60 vacas que comenzó con seis novillas hace cinco años. Víctor explica que él tenía un camión pero decidió volver a su pueblo, donde residían sus abuelos y él acudía regularmente. Aprovecharon el apoyo económico de la Junta de Castilla y León a jóvenes ganaderos que quieran incorporarse al campo. Y así pasan los días, relata, sin grandes agobios y con un huerto, unas gallinas y unos conejos que les aportan lo que necesitan. Una vez al año matan a un cerdo y a una vaca, congelan la carne y tienen reservas para una buena temporada. Lo demás lo adquieren en Cistierna, a 20 kilómetros, donde el día de mañana Iván estudiará en el instituto. Antes, pasará por el colegio de Puente Almuhey, a seis kilómetros.


Unas vacas pacen en Valcuende.
Unas vacas pacen en Valcuende.el pais
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La amenaza del coronavirus también ha jugado sus cartas en esta partida. Viviana y Víctor acudieron con miedo al hospital de León el lunes, donde se protegieron al máximo, pero no ha habido ningún problema, celebra el padre. “Los médicos se han portado fenomenal, nos han cuidado mucho”, agradece, pues a la madre se le hizo la prueba de la Covid-19 para analizar qué protocolos implementar. Salió negativo y, más allá de que abandonó la planta a las 48 horas y no a las 72, todo transcurrió con toda la normalidad posible mientras se combate una pandemia y el jueves volvieron a casa.

El pequeño Iván no ha salido muy llorón y solo lagrimea cuando quiere mamar o cuando toca cambio de pañales. “El resto del tiempo, duerme”, resume su padre, orgulloso de inscribir a su hijo en Valcuende. El alcalde, Esteban González (PP), que administra esta pedanía, celebra esta “gran noticia” y ensalza la iniciativa emprendedora de esta pareja “con su ganadería en el mundo rural y en un pueblo totalmente despoblado desde hace años”. “Es cierto que desde hace 64 años no tenemos constancia de ningún nacimiento puesto que no residía gente joven”, indica. La alegría de González es doble, pues Iván contribuirá para repoblar “esta España vaciada tan de moda y abandonada”, sobre todo si viene con hermanos.

Los familiares, por la cuarentena, no han podido ver al bebé más que por fotos o videollamadas. La conexión a Internet de la casa se debe a una línea por satélite, “algo más cara” según Víctor, pero que cumple sus funciones. El leonés atiende esta conversación desde una esquina del piso de arriba: la falta de cobertura telefónica es una constante en los entornos rurales.

“No vamos a movernos de aquí”, anuncia el padre. Llamar Iván al niño ha sido deseo materno, pero Víctor avisa: “El siguiente me tocará elegir a mí”. El objetivo es que lo antes posible se escuchen juegos y risas infantiles que no se oían desde tiempos más próximos a la mal llamada gripe española que al coronavirus.

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Sobre la firma

Juan Navarro
Colaborador de EL PAÍS en Castilla y León, Asturias y Cantabria desde 2019. Aprendió en esRadio, La Moncloa, en comunicación corporativa, buscándose la vida y pisando calle. Graduado en Periodismo en la Universidad de Valladolid, máster en Periodismo Multimedia de la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo EL PAÍS.

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