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Bienvenidos al rincón del calvo: el foro que lleva 15 años siendo un espacio seguro para alopécicos

En ‘r/bald’, una comunidad de más de un millón y medio de personas reivindica la calvicie como última frontera de lo ‘cool’

Stanley Tucci, durante el rodaje de El diablo viste de Prada 2 el pasado agosto.James Devaney (GC Images / Getty Images)

La revista estadounidense The Cut anunciaba el año pasado, en un artículo firmado por la periodista Cat Zhang, que ser un hombre calvo era —finalmente— cool: “Justo cuando se volvió normal gastarse cinco cifras para tener una poblada mata de pelo, apareció una nueva vanguardia cultural que dijo: ‘A la mierda, somos calvos”, escribía Zhang.

La promesa de asimilación y normalización del calvo lleva años en el aire, pero nunca acaba de cuajar y muchos siguen yendo a ponerse pelo a Turquía, toman pastillas que aseguran el crecimiento capilar o empiezan a llevar gorra a todas partes. Pero en 2026 la cosa se ha puesto seria y algunos de los afectados por esa convención social que dictamina que la calvicie es una especie de epidemia que te hace menos atractivo han decidido tomar medidas radicales. La iniciativa (como tantas otras en tiempos del cogollo digital) empezó en Reddit —uno de los foros más grandes de internet— casi como una broma y escaló hasta convertirse en una avalancha sociocultural.

El reto era sencillo. Uno iba al foro de la web dedicada a los menesteres alopécicos y admitía que era calvo. Sin más. Con imágenes ilustrativas. Nada de taparse el cráneo con cuatro pelos estratégicamente dispuestos o fingir que aún se posee una cabellera digna: eso se acabó. Arrancó con un tipo cansado de raparse la cabeza y se mueve ahora alrededor de una comunidad en la que un millón y medio de personas ven cómo unos 30.000 desconocidos al mes se suman a la corriente con una prerrogativa cristalina: “Bienvenido a r/bald [el nombre del foro, que podría traducirse como ‘somos calvos’]. Nuestra filosofía es simple: abrazar la calvicie y esforzarnos por hacer del mundo un lugar más amigable para los calvos”. “A menudo”, prosiguen, “nos venden la idea de que ser calvo es algo malo. Pero eso es una gilipollez”.

La idea de reivindicar la calvicie desde la normalidad absoluta ha llevado hasta r/bald también a mujeres que están pasando por procesos de quimioterapia, veinteañeros con poco pelo o cincuentones de todo el mundo que exorcizan así un complejo arrastrado desde el Antiguo Egipto.

El “donde hay pelo, hay alegría” es hijo de una cultura global que data del principio de los tiempos, en que los héroes siempre lucen pelazo y son un ejemplo de potencia y, en cierto modo, de conexión testosterónica con la naturaleza. En cambio, el malo tiende a estar pelado. “Malos clásicos del cómic, como Kingpin o Lex Luthor, eran calvos y hasta en una película como 300 los malos malos no tienen pelo [risas], así que creo que aún queda para ver un auténtico cambio de roles”, cuenta el antropólogo Adrià Pujol. Ilustres calvos como Bruce Willis, Jason Statham, Stanley Tucci o Dwayne Johnson han tratado de articular un cambio de paradigma en un ecosistema audiovisual al que le cuesta aceptar la heroicidad en la calvicie.

Lo curioso de r/bald es que su creación data de 2011, pero fue a finales de 2025 cuando experimentó un boom marcado por un reportaje de la revista Fast Company. El texto incidía en la abrumadora mayoría de comentarios positivos que habían convertido aquella sección de Reddit en un oasis de buen rollo en un momento en el que las redes viven un tiempo de convulsión, colonizadas por bots, trolls y algoritmos perversos. Un lugar seguro, donde predominan la bondad y las risas y donde nadie se siente un exiliado.

“El gordo, el bajito y el calvo ya desde tiempos de la Edad Media han afrontado su ‘desventaja’ con algo tan inteligente como el sentido del humor. A base de reírte de tu propia condición, consigues que, de alguna manera, la sociedad te acepte tal y como eres. Es buena señal que eso suceda especialmente en nuestros días. Quiere decir que algo hemos avanzado, pero aún queda un buen trecho para un cambio sustancial”, concluye el antropólogo.

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