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Así entrena un atleta de esquí olímpico

Javier Lliso, que logró el diploma olímpico en la modalidad de Big Air de los Juegos Olímpicos de Pekín 2022, desvela su método de preparación y el equipamiento que le ayuda a competir.

A Javier Lliso la llamada de la nieve le viene de familia: el atleta madrileño, de 25 años, siguió los pasos de sus hermanos. “Soy el menor de cuatro y ya se sabe que si tus hermanos hacen algo, tú siempre quieres ser como ellos”, explica. Sin embargo, la modalidad a la que ha dedicado su trayectoria, el freeski o esquí acrobático, fue fruto de la descarga de adrenalina. “Empezamos mis hermanos y yo con un trampolín en casa, haciendo volteretas, y más tarde me atrajo la disciplina en sí. Estar boca abajo en el aire te da una sensación que no te proporciona ninguna otra cosa”.

Esa pasión por una de las modalidades más acrobáticas de los deportes de nieve ha llevado a Lliso a lograr una sexta plaza en los Juegos Olímpicos de Pekín 2022, dentro de la modalidad de big air. “El diploma olímpico es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero a nivel de competición”, apunta. “Competitivamente es lo más satisfactorio que he tenido, porque todo lo que practicamos está orientado a llegar a los juegos y dar lo mejor de uno mismo allí. Sin embargo, este deporte es mucho más que eso: no nace de la competición, como el atletismo o el esquí alpino. Es muy intuitivo y hay veces que, simplemente realizar un truco nuevo o grabar un vídeo, te da una satisfacción que no te da la competición. Cada día intento aprender algo nuevo y eso es lo que me mueve”.

Entrenamiento exigente

En una disciplina en la que la precisión es clave, la preparación debe ser minuciosa, e incluye un entrenamiento que va más allá de las pistas de nieve. “Depende de la estación”, aclara Lliso. “Por ejemplo, en verano es una combinación de entrenamiento físico en el gimnasio y entrenamiento de piruetas en tierra firme. Practicamos acrobacias en una rampa en Austria, que es muy parecida a saltar en la nieve, con una caída en un colchón de aire en bajada para poder hacer todos los trucos con impacto. Luego, hago un entrenamiento más centrado en la parte física en Andorra, entre cuatro y cinco días a la semana en el gimnasio y, además, todo lo que podamos en las pistas, cuando el tiempo nos lo permite”.


Dentro de esa preparación, el equipamiento es una parte clave que ayuda a mejorar su rendimiento. “Por ejemplo, a mí personalmente no me gustan las térmicas apretadas, me agobia. Me gusta llevar pantalones ligeros, de telas cómodas, pero no demasiado ajustados, más holgados para mayor comodidad. Que haya poca ropa, pero de buena calidad. Tres o cuatro capas, pero todas muy finas para moverme mejor”.

Ese motivo ha llevado a Lliso a ser uno de los atletas que colabora con Under Armour y su tecnología Cold Gear, diseñada para conservar el calor del cuerpo permitiendo al mismo tiempo la máxima movilidad. “En nuestro deporte lo importante es la movilidad, necesitamos la mayor libertad de movimiento posible”, aclara Lliso. “Los productos Cold Gear de Under Armour son como una segunda piel y permiten competir con esa libertad de movimientos, y esa precisión que te permite es clave en mi disciplina. Es una de las mejores marcas en el negocio y su ropa nos ayuda durante el entrenamiento, por eso me alegré mucho cuando supe que iba a colaborar con ellos”.

Cold Gear utiliza un tejido ligero que se adapta a la piel y mantiene la temperatura del cuerpo, evitando también las fricciones. “La comodidad es muy importante para el rendimiento en todos los aspectos, sobre todo ayuda en el control y la precisión de los movimientos que son la clave en mi disciplina”, concluye Lliso.

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