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De excursión por el parque natural de la Sierra Calderona

En este pulmón verde a 30 kilómetros de Valencia esperan numerosas rutas de senderismo, la cartuja de Porta Coeli, coquetos pueblos y una de las mejores paellas

Un grupo de excursionistas por las montañas de Sierra Calderona.Wirestock( Alamy / CORDON PRESS )

La Sierra Calderona es la cordillera que separa las provincias de Valencia y Castellón. Gran parte del terreno que comprende fue declarado parque natural en 2002. Por su cercanía a Valencia —está a poco más de 30 kilómetros al norte de la ciudad—, se puede considerar su pulmón verde y también el lugar ideal para explorar el medio natural por los más diversos medios. Para explorar a fondo la Calderona, una buena propuesta es buscar un punto de partida —un campamento base— en la comarca del Camp de Túria, que es la antesala más accesible a la sierra y sus tesoros.

El municipio de Bétera, concretamente, es la puerta natural de la Calderona. El lector dispuesto a seguir mis consejos debería buscar alojamiento en el Calderona Wellness. Se trata de una instalación multifuncional (deportiva y de ocio) en las afueras de Bétera. Fue inaugurado el 1 de diciembre de 2024 a partir de una empresa similar que llevaba más de una década inutilizada. Son 33.000 metros cuadrados donde no falta el más mínimo detalle: gimnasio, centro de masajes, clínica médica con una sección especial dedicada al estudio de la longevidad, pistas de pádel, spa, ludoteca, espacios de coworking... Y todo esto completado con un hotel de cuatro estrellas y el restaurante Caliza. Cada día pasan por aquí hasta 1.800 personas. Es el punto de partida idóneo para empezar nuestra exploración.

Podemos adentrarnos en el parque natural en coche descubriendo los pueblos que lo habitan. Bétera, en primer lugar, cuenta con calles apacibles que llevan hasta un castillo coqueto de perfiles góticos y almenas sugestivas (remodelado en los años ochenta), con vestigios sucesivos de musulmanes y cristianos. Sin salir del pueblo, no hay que dejar de visitar el calvario, del siglo XIX, un auténtico jardín urbano declarado Bien de Interés Cultural que culmina en la ermita de la Divina Pastora y el Panteón del Marqués de Dos Aguas, emblema arquitectónico del municipio. También son de gran interés el huerto de las albahacas (que protagonizan cada 15 de agosto la vistosa Festa de les alfàbegues; con albahacas que alcanzan alturas récord de hasta tres metros) y el rosario de masías urbanas que propició el reposo de la burguesía valenciana a principios del siglo XX.

Saliendo en dirección a la sierra encontraremos la Cartuja de Porta Coeli, un auténtico locus amoenus cuyo interior disfruta en exclusiva un puñado de monjes de clausura. Fue fundada en el siglo XIII y es la única habitada que queda de esa época. Un paseo por sus alrededores, con su acueducto gótico, proporciona una paz vegetal y aeróbica.

A pocos kilómetros está Olocau, desde donde ya se pueden emprender rutas senderistas más provechosas. Si se prefiere continuar motorizado llegaremos a Nàquera, donde no hay que perderse los vestigios defensivos de la Guerra Civil del Cabeç Bord. Un poco más adelante, en el municipio de Serra, estamos ya en pleno parque natural.

Es hora de abandonar el vehículo. Aquí están los picos más conocidos de la cordillera: Rebalsadors, l’Alt de Pi y el Garbí. Y también las fuentes que han dado merecida fama a las aguas locales: Deula, Barraix o l’Ombria.

Si partimos a pie desde Olocau, podemos hacer diversas rutas, bien la del Castell del Reial y las fuentes del Frare y de la Cava, la del Barranc dels Llops y la Font de la Gota, la de la Cova Cavall y Collado Cutxara y la de Les Macollades y el Puntal dels Llops. Según qué senda se escoja, vamos a invertir de dos a cinco horas.

Desde Nàquera tenemos tres caminatas: la de Satarenya (tres kilómetros recorriendo el barranco del mismo nombre), la del Salt (10,5 kilómetros por un paraje de gran belleza) y la de la Creueta (4,5 kilómetros que tienen como premio las vistas de la montaña del Pinar).

Si salimos desde el pueblo de Serra, finalmente, las posibilidades se multiplican. Si se viaje en familia se puede hacer la ruta del Castillo. Son siete kilómetros en dos horas, con un desnivel de 200 metros y una dificultad baja. Si se decide invertir un poco más de esfuerzo (250 metros de desnivel; nueve kilómetros) podemos optar por la Ruta de Gorrisa, que pasa por la fuente de Deula y culmina en buenas vistas. Para los amantes de una cierta dificultad (siempre motivadora), es más que recomendable la Ruta de Rebalsadors (12 kilómetros; cuatro horas de duración; 500 metros de desnivel), que sigue el trazado del GR-10 y tiene el aliciente de poder visitar El ventisquer, un pozo del siglo XVIII que los cartujos utilizaban para el comercio de nieve.

Tanto andar, ya se sabe, abre el apetito. Y en esta comarca se puede degustar un buen arroz. Apenas a un cuarto de hora en coche de Bétera está el pequeño municipio de Benissanó. Allí se encuentra el restaurante Rioja, fundado en 1924. Vicente Rioja, su propietario, es ya la cuarta generación que regenta el local. No contento con continuar una tradición que ya era excelente, ha decidido dar el paso definitivo y conquistar un título muy disputado: el de ser el responsable de la mejor paella de la Comunidad Valenciana, según aficionados, gastrónomos y críticos.

Suyo es el volumen El gran libro (secreto) de la paella, donde expone con aval científico sus largas reflexiones sobre cómo conseguir la receta definitiva de este monumento gastronómico. Un secreto que no es tal, si se me permite, si observamos que casi todo lo que pone en la sartén (eso significa la palabra paella en valenciano/catalán) lo cultiva o lo cría en sus dominios. Solo así, respetando el medio y los productos, consigue ese bocado umami que tantos desean y tan pocos conquistan. La digna culminación de nuestra pequeña aventura por la Calderona.

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