Las huellas de Kafka en Praga

La escritora y traductora Monika Zgustova nos habla de sus mejores recuerdos y lugares favoritos en la capital de la República Checa

La escritora y traductora Monika Zgustova.
La escritora y traductora Monika Zgustova.Antoni Sella

Nació en Praga, pero vive en Barcelona. Monika Zgustova traduce literatura de su lengua materna —el checo— al castellano, además de haber escrito varias novelas y el ensayo La bella extranjera (Báltica Editorial), acerca de su ciudad natal, la que mejor conoce y de la que aquí nos habla.

¿Cuál es su Praga favorita?

Me quedaría con la del periodo de entreguerras. Era una ciudad con diversos idiomas, culturas y religiones. Se hablaba checo, alemán, yidis y también ruso, por los inmigrantes que llegaron de ese país. Y convivían varios estilos arquitectónicos: italiano, art nouveau, centroeuropeo…

The House at the Minute, la casa en Praga en la que vivió Franz Kafka con sus padres entre 1889 y 1896.
The House at the Minute, la casa en Praga en la que vivió Franz Kafka con sus padres entre 1889 y 1896.getty images

¿Qué huellas hay de aquella Praga en la de hoy?

Cuando voy me encanta volver a recorrer los lugares importantes de la Praga literaria, como las distintas casas donde vivió Franz Kafka, que fueron muchas: desde la que tuvo en la Ciudad Vieja hasta la del Callejón del Oro, cerca del castillo. Allí, en el número 22, está la casita donde iba a trabajar y a refugiarse de su padre. Y, por supuesto, ahí siguen los cafés literarios, esenciales para la cultura de la ciudad. El primer capítulo de mi libro lo dedico a estos lugares.

¿Usted frecuenta alguno?

Voy a menudo al Slavia. La cultura checa del siglo XX le debe mucho. Acudían desde el premio Nobel Jaroslav Seifert en la década de 1920 hasta el escritor Bohumil Hrabal, aunque este era más de cervecerías. El grupo surrealista de Praga también se reunía en el Slavia, y en la época comunista era el café de los disidentes. Más tarde, durante los últimos años de vida del expresidente y escritor Václav Havel, yo siempre quedaba con él allí. Era un hombre muy especial.

¿Qué otros rituales repite en su ciudad natal?

Me gusta recordar a Milena, el amor de Kafka, y llegar hasta su casa, que está en el centro, donde acaba la plaza de Wenceslao. Y suelo frecuentar el restaurante Století, que significa “el siglo”. Lo lleva un aristócrata que también es el chef. Combina el recetario tradicional checo con la alta cocina. Está cerca del río de la ciudad, el Moldava.

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