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La moda masculina se debate entre el realismo y la imaginación

La edición número 97 de la feria Pitti Uomo deja arriesgados desfiles experimentales y una radiografía del sector textil en Europa

Una imagen del 'backstage' del desfile de Random Identities, la marca capitaneada por Stefano Pilati, en Pitti Uomo.
Una imagen del 'backstage' del desfile de Random Identities, la marca capitaneada por Stefano Pilati, en Pitti Uomo.

El pasado 8 de enero el Palazzo Corsini de Florencia acogió un evento atípico. Durante horas, el equipo de la firma neoyorquina Telfar se reunió a puerta cerrada con un grupo de 40 artistas con el objetivo de celebrar una pantagruélica cena y una sesión de improvisación artística. Convenientemente grabado, procesado, seleccionado y remezclado, el sonido de la velada conformó el día siguiente la banda sonora del desfile con el que esta marca fundada en 2004 por el diseñador autodidacta Telfar Clemens protagonizó uno de los eventos especiales de Pitti Uomo, la feria de moda masculina que se celebra dos veces al año en Florencia. “Como firma, somos parte de un contexto y de una cultura”, sentenciaba Clemens horas antes del espectáculo, en un backstage en el que aún quedaban prendas por terminar.

Un modelo desfila para Telfar sobre una mesa creada para la ocasión por el colectivo Spiral Theory Kitchen.
Un modelo desfila para Telfar sobre una mesa creada para la ocasión por el colectivo Spiral Theory Kitchen.

No era un error de cálculo; según contó a los medios, la colección solo había terminado de definirse al conocer el enclave en que desfilaría. Y, en efecto, hay una suntuosa complicación renacentista en las prendas de punto, de tejido vaquero o de piel que, en la colección, se llenan de plisados, jaretas y trenzados. Incluso aunque la colección se haya construido sobre el repertorio de prendas unisex, urbanas y deportivas que ha caracterizado desde sus inicios a esta firma fuertemente enraizada en la cultura alternativa neoyorquina.

Algo similar plantean las identidades aleatorias a las que alude el nombre de Random Identities, la firma que el italiano Stefano Pilati capitanea desde Berlín. El diseñador invitado de Pitti Uomo presentó un guardarropa completo y diverso, lleno de vocación adolescente y, si la palabra no estuviera tan gastada, de nostalgia vintage. Sus gabardinas, trajes, cazadoras y prendas de punto combinan géneros y códigos y dan cabida, incluso, a ejercicios de precisión sartorial que recuerdan que, antes de entregarse a la contracultura berlinesa, Pilati hizo un trabajo enormemente sofisticado y elegante en Yves Saint Laurent, hasta 2012, y después en Ermenegildo Zegna, hasta 2016. Después de pasar por estas dos instituciones de la moda contemporánea, Pilati ha elegido esta pequeña firma independiente para entonar un canto de amor a la ropa como vehículo de libertad expresiva.

Una imagen del desfile de Jil Sander en Pitti Uomo.
Una imagen del desfile de Jil Sander en Pitti Uomo.

El Jil Sander, la otra firma internacional en participar en esta edición de la feria florentina, los directores creativos Lucie y Luke Meier plantearon un regreso a los orígenes de la firma que mejor representó el minimalismo europeo de principios de los noventa. La colección que presentaron para el otoño / invierno de 2020 propone prendas con pocos cortes pero mucho tejido. Abrigos generosos de hombros suaves, gabardinas reducidas a lo esencial y juegos de longitudes que coquetean con la túnica, el caftán o incluso el hábito monacal: una lujosa contención de ecos místicos en una industria cada vez más dominada por el ruido mediático.

De manera paralela, fuera de las localizaciones de los desfiles, la atención de los asistentes a la feria no gira en torno a cuestiones de identidad, estilo y experimentalidad, sino a la salud de un sector, la moda masculina, que prevé un 2020 recorrido por una serie de preocupaciones. La más notable es la sostenibilidad, y los tejidos reciclados, los materiales técnicos y las fibras ecológicas están presentes en una gran parte de las 1.200 marcas que han participado en esta edición. La otra es la evolución del mercado internacional, que es la razón de ser de este salón bianual. De ello dan fe marcas españolas como la madrileña Steve Mono, que lleva una década acudiendo intermitentemente a Pitti Uomo. “La elegimos porque es el referente más grande en moda masculina”, explica Gonzalo Fonseca, fundador de esta casa especializada en minimalistas complementos de piel elaborados artesanalmente en España.

En su caso, Pitti Uomo le permite encontrarse con sus compradores internacionales, principalmente grupos y establecimientos asiáticos y japoneses, algo importante dado que el 98% de sus ventas se realizan en el extranjero. Algo similar le sucede a otra firma española participante desde 2014, la gallega Knitbrary, que produce en talleres artesanales de Perú lujosas prendas de punto. “Más del 90% de nuestra colección de hombre la vendemos en Florencia y también es dónde nos encontramos con algunos de nuestros clientes más importantes”, explica Yolanda Estévez, su cofundadora. En una época marcada por la rapidez digital, la dimensión tangible y relacional de Pitti Uomo es una de sus grandes fortalezas. Así lo atestigua Juan Calvente, consejero delegado de la firma de moda casual Edmmond Studios. “A veces, con la ayuda de los showrooms no es suficiente, y a algunos clientes le gusta cerrar sus pedidos en la propia feria”.

En la moda masculina actual, el estilismo y la combinatoria son tan importantes como la creación pura, y de ello dio muestra el desfile Otherwise Formal, que el 8 de enero escenificó en la explanada central de la Fortezza da Basso, sede de Pitti Uomo, las posibilidades de una cuarentena de firmas participantes en la feria, entre ellas Xacus, Cellar Door, Raeburn, Lardini, Sease o Sunspel. Los responsables de coordinar y comisariar el evento fueron Luca Guarini y Luigi Vitali, los fundadores de la revista independiente DUST. Sobre la pasarela plantearon una reflexión sobre el significado de la indumentaria formal en una época marcada por la fusión, la mezcla y los préstamos estilísticos. Por eso su propuesta partía de la sastrería para dar cabida al amplio abanico estético –deportivo, técnico, profesional o urbano– que se puede contemplar en la feria florentina.

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