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Anna Pacheco o cómo retratar a tu propia generación a través de una idiota

En ‘Listas, guapas, limpias’, su primera novela, la catalana da rienda suelta a su obsesión por las clases sociales

Anna Pacheco (Barcelona, 1991) lo está petando. Está en las listas, en las presentaciones, en la pomada. Experimentando esa clase de éxito tan gaseoso que no paga facturas propio de su generación. Lo cual no deja de ser irónico para alguien que ha escrito una novela iniciática sobre los espejismos de la clase social. Se llama Listas, guapas, limpias (Caballo de Troya). “Todo el mundo me dice: estás en todas partes, te va muy bien. Pero sigo enormemente precarizada. Trabajo a media jornada y la otra media la relleno con artículos [entre ellos, los de la serie de Verne en EL PAÍS, Terror adulto] para que a final de mes me quede algo decente. Hago vida de autónoma, de reclamar facturas de 80 euros a 90 días”.

La protagonista de su novela cursa primero de Derecho, porque eso es lo que estudian las chicas de barrio espabiladas. O ADE o Empresariales. Carreras con salidas. Su amiga Yaiza es esteticién y mientras le hace las ingles le recrimina que ya no hacen nada juntas y le pregunta qué pasa con ese novio catalán-catalán que se ha echado en la universidad. “A mi familia le pareció bien que estudiara Periodismo porque mi abuela me veía ya en la tele con la alcachofa. Nunca se me hubiera ocurrido estudiar Filología. Al llegar a la facultad me encontré gente con padres universitarios, con abuelos que ya eran periodistas. Gente que decía cosas como: ‘Montamos una esquiada'. Porque sabían esquiar, subían cada fin de semana”.

En ese punto, arrancó un viaje de ida y vuelta –le gusta citar a la filósofa Marina Garcés, que dice que de nuestro entorno lo fácil es huir, lo difícil es volver sin claudicar– que ha culminado en la escritura de la novela. Su protagonista, en cambio, está en la casilla de salida, practicando un clasismo intrafamiliar que consiste en mirar con superioridad a su madre y afearle que compre libros (pocos) en el Carrefour y no en las librerías “como las personas normales”. “Es que ella es idiota”, aclara su autora, que para algo se la ha inventado.

"El tema de la clase social me obsesiona. Lo veo, lo detecto, me violenta, me incomoda y eso me hace ser muy perceptiva”

La llegada de Pacheco a la universidad coincidió con un complicado momento familiar. Su padre, mecánico industrial, se quedó sin trabajo con la crisis del 2008 y a una edad en la que es complicado recolocarse. Ahí se desmoronó “esa idea que había calado en tantos hogares progresistas, de que todos somos clase media. Desde entonces, el tema de la clase social me obsesiona. Lo veo, lo detecto, me violenta, me incomoda y eso me hace ser muy perceptiva”.

Está al acecho de frases, de momentos, de gestos que denotan significantes de clase y que apunta en la aplicación de Notas del iPhone. Con ellas alimentó su libro, lleno de sutilezas bien observadas. No está claro si la protagonista, que se iba a llamar Noelia o Noemí, pero se quedó sin nombre, logrará lo que sí ha conseguido Anna, conservar amigos del barrio. “Ha sido complicado. Lo contrario, y lo he visto mucho, me parece una tragedia absoluta. Por mucho que te quieras hacer un nuevo perfil, una nueva identidad de persona cool de clase media, aunque te hayas leído todos los libros, si vienes de L’Hospitalet eres también eso. Sería mejor que nos relajásemos todos y estuviésemos en paz”.

Ojalá en sus próximas novelas la autora desarrolle el material que, fijo, debe haber acumulado en su app de Notas referido a su actual ocupación, en la Radio del Primavera Sound, donde copresenta el programa Ciberlocutorio junto a Andrea Gumes, y en su anterior destino, en el digital Playground, del que salió en un ERE de 60 empleados. “Recibías un mail que te comunicaba el día y la hora de tu off boarding. Una imagen muy bonita, la verdad, te veías como abandonando un barco que se hundía”. Sospecha que su generación –nació en 1991– está más atenta y enrabietada. “Aunque igual eso solo pasa en mi timeline de Twitter”.

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