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Kate Middleton, más ‘real’ que nunca al cumplir 38 años

La duquesa de Cambridge celebra su aniversario instalada en su puesto en la familia real con el apoyo de la reina Isabel y el respaldo de la ciudadanía, que reconoce su papel

Kate Middleton, duquesa de Cambridge, en Sandringham, el pasado 25 de diciembre.
Kate Middleton, duquesa de Cambridge, en Sandringham, el pasado 25 de diciembre. Getty Images

El secreto de la televisión como arma de relaciones públicas no está en llegar al mayor número de espectadores, sino en acertar con el tipo de audiencia. Kate Middleton, la duquesa de Cambridge y esposa del príncipe Guillermo, cumple este jueves 38 años. Los celebrará en el mejor de sus momentos, con un consenso generalizado de que ha encontrado su papel en este mundo, pero en una delicada situación para la familia real debido al reciente anuncio de sus cuñados, Enrique de Inglaterra y Meghan Markle, que han decidido "dar un paso atrás como miembros de la Familia Real" para forjar un nuevo papel en el que serán financieramente independientes. Pese a situarse los duques de Sussex de nuevo en el punto de mira de todos los británicos, incluida la reina Isabel II, estos no han querido perder la oportunidad de felicitar a Kate Middleton a través de las redes sociales.

Un pantallazo de la felicitación de los duques de Sussex a Kate Middleton por su 38 cumpleaños, en Instagram. ampliar foto
Un pantallazo de la felicitación de los duques de Sussex a Kate Middleton por su 38 cumpleaños, en Instagram.

El matrimonio de Guillermo y Kate cerró 2019 con su participación en un programa especial navideño de la BBC: A Berry Royal Christmas. La idolatrada cocinera británica, Mary Berry, acompañó a la pareja en algunas de sus múltiples actividades filantrópicas, cocinó junto a ellos para un grupo seleccionado de voluntarios de esas organizaciones caritativas y conversó mano a mano con ambos en un ambiente de impostada intimidad en el que le confesaron que a su tercer hijo, Luis, le chiflan las remolachas que cultivan en su propio huerto; que el príncipe Guillermo no se maneja mal a la hora de preparar el desayuno familiar y que, en los tiempos universitarios de St. Andrews, en Escocia, intentó impresionar a su futura esposa con una salsa boloñesa aceptable.

Hubo un tiempo en que Kate se convirtió en la mofa de la prensa sensacionalista británica. En los años previos a convertirse en la duquesa de Cambridge la llegaron a llamar “Waity Katie”, [Kate, a la espera] por el tiempo que tardó su novio universitario en proponerle matrimonio. Se referían a ella como una commoner [plebeya], y cuestionaban sus nervios en público, su voz estridente y su aburrido vestuario. Años de excentricidad y exotismo en los que el modelo era Lady Di habían creado una generación de monárquicos de tabloide escandaloso y lágrima fácil en los que un carácter conservador, convencional y anodino no cotizaba. Paradójico, si se tiene en cuenta que eran precisamente esas virtudes las que aseguraban que la reina Isabel II no perdiera ni un ápice de estima entre sus súbditos.

El príncipe Carlos (izquierda) con sus hijos Guillermo y Enrique y sus nueras Kate y Meghan en la misa de Navidad de Sandringham, en de 2018. rn
El príncipe Carlos (izquierda) con sus hijos Guillermo y Enrique y sus nueras Kate y Meghan en la misa de Navidad de Sandringham, en de 2018. REUTERS

Es cierto que la boda de Guillermo y Kate, el 29 de abril de 2011, congregó en los alrededores de la Abadía de Westminster a un millón de curiosos, y que 26 millones de británicos se pegaron a sus pantallas para ver el acontecimiento televisivo de la década en el Reino Unido. Había ganas de pompa y circunstancia después de los años de escándalos, dudas y vaivenes que llenaron el hueco entre la ceremonia de enlace de Carlos de Inglaterra y Diana Spencer y este nuevo matrimonio real.

La reinvención de Kate Middleton ha sido lenta pero constante. En el imaginario conservador, como ocurrió con Lady Di, ayudó la celeridad con que comenzó a llegar la obligada descendencia. Jorge, de seis años, se convirtió en el tercero en la línea de sucesión al trono. Dos años después llegó Carlota (un clon de su abuela, dicen los entendidos) y finalmente Luis. Los duques de Cambridge se ceñían al papel difuso que les correspondía en esa tierra de nadie que supone la espera hasta su reinado. Isabel II apenas tuvo tiempo para rellenar ese tiempo. Su hijo, el futuro rey Carlos de Inglaterra, con 70 años, lleva décadas haciendo y deshaciendo planes para renovar una monarquía moderna que no termina de llegar, aunque cada vez sea más inminente.

Guillermo y Kate se han limitado a participar en eventos caritativos, promover causas populares como la toma de conciencia de los problemas de salud mental en la población, viajar en representación del Reino Unido cuando se lo ha encargado el Palacio de Buckingham (su gira por Pakistán el año pasado fue una máquina perfecta de relaciones públicas) y transmitir una imagen de familia moderna, serena y compacta que ha reconfortado a muchos monárquicos. Lady Di, el príncipe Enrique o incluso el príncipe Andrés, con sus frivolidades, excesos y errores, son el reflejo del verdadero carácter británico. Isabel II, y ahora el matrimonio de Guillermo y Kate, son el espejo en el que algunos aún aspiran a seguir contemplándose.

Su némesis

La reina Isabel II, en su mensaje de Navidad grabado en el castillo de Windsor.
La reina Isabel II, en su mensaje de Navidad grabado en el castillo de Windsor. AP

Y como siempre, ha ayudado a esta evolución la aparición de una némesis: Meghan Markle, la actriz estadounidense mestiza que contrajo matrimonio con el príncipe Enrique y se ha convertido en el nuevo objetivo a batir por la prensa sensacionalista británica. Todo son comparaciones entre el carácter, el estilo, el vestuario y el papel institucional de estas dos mujeres. Y Kate Middleton, simplemente con la habilidad de no salirse del tiesto en ningún momento, lleva las de ganar. Hasta se permite tener algún gesto de acercamiento con su cuñada para intentar enderezar las relaciones de The Firm —La Empresa, como se conoce habitualmente a la Familia Real— con esta nueva incorporación a la que los medios han otorgado ya la condición de descarriada.

En su discurso de Navidad de 2019, Isabel II eligió tres fotos para decorar el escritorio desde el que se dirigió a los británicos en su residencia de Balmoral. Carlos de Inglaterra y Camila Parker Bowles, con la serenidad de la edad y la reconciliación con el público; Jorge VI, el padre de la reina y monarca accidental que durante la II Guerra Mundial se ganó el cariño del país; y en medio, en una foto de postal, los duques de Cambridge y sus tres hijos. Por la disposición de los marcos y la luz del escenario, Kate Middleton ocupaba el centro radiante de este grupo de miembros de la realeza británica que conforman la verdadera esencia de un entramado institucional cuya principal y única misión es reinventarse en todo momento para sobrevivir.

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