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El hundimiento público del príncipe Andrés se agrava con un escándalo financiero

Tras su implicación en el escándalo Epstein, ahora se sabe que el tercer hijo de Isabel II aprovechó su papel como embajador de comercio para beneficiar a amigos banqueros

El príncipe Andrés, en un acto militar en junio de 2015.
El príncipe Andrés, en un acto militar en junio de 2015. AFP

Esa frase que afirma que las desgracias nunca vienen solas parece un traje a medida para Andrés de Inglaterra. El tercer hijo de Isabel II está implicado en un escándalo de tal magnitud que ha acabado cortocircuitando la estructura de la familia real británica y que, lejos de mejorar, solo parece seguir hundiendo la figura del príncipe.

Después de su asociación en el caso de abusos sexuales de Jeffrey Epstein, que le ha obligado a abandonar sus labores y a retirarse de la vida pública, ahora Andrés se ve salpicado por otro escándalo, esta vez de carácter financiero. Andrés de Inglaterra habría aprovechado de forma fraudulenta su papel como representante del comercio exterior británico para ayudar a uno de sus mejores amigos, el financiero multimillonario David Rowland, a fomentar conexiones con potenciales clientes para Banque Havilland, la entidad que la familia posee en Luxemburgo. Así lo ha publicado el diario The Mail on Sunday, que ha tenido acceso a una serie de correos electrónicos confidenciales.

Los Rowland son casi como de la familia para Andrés; han estado en Balmoral, han tomado té con la reina y conocido al príncipe Carlos e incluso Andrés —que se encargó de descubrir una estatua de David— ha calificado en alguna ocasión a su amigo como "una especie de hermano mayor postizo". Pero eran más que eso. El diario británico afirma que Andrés ayudó a los Rowland mantener reuniones con clientes de alto poder adquisitivo, a los que él les presentaba durante sus giras oficiales desde su poderoso papel, no solo como embajador, que mantuvo durante una década, sino como hijo de Isabel II. David Rowland ofrecería a esos clientes que le llegaban a través de su amigo —entre los que había miembros de familias reales, jefes de Estado y de Gobierno, instituciones oficiales...— invertir en fondos offshore libres de impuestos. 

Andrés habría dado acceso al banquero a documentos confidenciales del Gobierno que, obviamente, no tenía derecho a conocer. Incluso —siempre según las revelaciones del Mail— el duque de York habría llegado a tener, hasta el pasado mes de marzo, un negocio a medias (él poseía el 40%) con la familia Rowland en un paraíso fiscal, las islas Vírgenes Británicas, y tenía intención de participar como socio financiero en ese banco de los Rowland que él mismo ayudaba a crecer. Una serie de actividades, declaraciones y actitudes que demuestran que la caída desgracia de Andrés es ya imparable.

El príncipe Andrés y su exesposa Sarah Ferguson, en las carreras de Ascot el pasado junio.
El príncipe Andrés y su exesposa Sarah Ferguson, en las carreras de Ascot el pasado junio. GtresOnline

El modus operandi era tan sencillo y natural como lo era el papel del príncipe y su relación con los Rowland. Él viajaba a países como China o Arabia Saudí y en sus reuniones se llevaba al hijo y sucesor de David, Jonathan, y allí le presentaba a ricos magnates. Por ejemplo, en China le consiguió una reunión con el empresario Louis Cheung, presidente de la corporación de seguros Ping An, valorada en 200.000 millones de euros. En Arabia Saudí se reunieron, ambos, con el segundo hijo del rey, el príncipe Sultan bin Salman bin Abulaziz al Saud. Un intercambio de correos evidencia que, tras esa reunión, Rowland ya se presentaba ante los saudíes directamente como un intermediario de la familia real británica. En Islandia, por ejemplo, Andrés solicitó un memorando sobre la situación financiera del país aprovechando su posición y se lo pasó a los Rowland, que meses antes habían comprado parte de un banco islandés por 100 millones de euros.

Este asunto financiero se intercala con el caso Epstein, puesto que ambos se solapan en el tiempo: cuando Andrés ya sabía que su papel de embajador se tambaleaba a causa del escándalo de abusos sexuales, los Rowland le proponían seguir manteniendo sus actividades comerciales comunes "bajo cuerda", como se lee en los correos electrónicos filtrados. "Me gusta tu forma de pensar", le responde el príncipe Andrés con sorna al hijo de David Rowland.

Los Rowland llevan décadas vinculados a los duques de York. El patriarca, David, es un magnate inmobiliario de 74 años con una fortuna estimada en más de 700 millones de euros y que ayudó a Sarah Ferguson, la exesposa de Andrés, cuando estaba ahogada en deudas, pagando más de 50.000 euros que ella debía. Rowland llegó a formar parte del partido conservador británico —fue su tesorero—, pero tuvo que dimitir en 2010 por un escándalo alrededor de sus negocios. Su hijo Jonathan es quien le sucede y quien mantiene una cercana relación con Andrés.

Los correos habrían llegado a oídos del príncipe Carlos el pasado agosto a través de un confidente. El heredero ha actuado como cortafuegos de la situación de su hermano en el caso Epstein, presionando a su madre para sacarle de la institución y ayudarle a limpiarla. Ya sabía que el del magnate neoyorquino no era el único secreto sucio que guardaba su hermano.

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