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La nueva vida del príncipe Andrés tras su caída en desgracia

La retirada "de todos los deberes públicos" del tercer hijo de Isabel II ha sido instigada por su hermano mayor, Carlos. Ahora perderá sus más de 290.000 euros anuales de asignación

Andrés y sus hijas Eugenia y Beatriz celebran el 90º cumpleaños de Isabel II en junio de 2016. En vídeo, su entrevista en la BBC acerca de su relación con Epstein. AP | Vídeo: BBC

El príncipe Andrés de Inglaterra ha pasado de ser prácticamente un segundón en la familia real británica a convertirse en protagonista y estrella de todos los medios del Reino Unido. La tarde del miércoles un comunicado del tercer hijo de la reina explicaba la retirada de Andrés de sus labores como representante de la corona: "Le he pedido permiso a Su Majestad para dar un paso atrás en mis deberes públicos en un futuro inmediato, y ella me ha dado permiso". O, más que permiso, un empujón. La relación de Andrés con el pedófilo Jeffrey Epstein —que se suicidó en la cárcel este pasado verano— ha sido la causante, y una fallida entrevista concedida por el príncipe a la BBC y emitida el sábado 16 de noviembre, la gota que ha colmado el vaso.

Esta marcha atrás de Andrés —de 59 años y octavo en la línea de sucesión al trono— de sus tareas llegaba horas después de que un puñado de empresas e instituciones decidieran retirarle su apoyo, también el financiero, y explicaran que no querían que les siguiera representando. Así, su proyecto Pitch@Palace, dedicado a promover nuevas empresas y que se jacta de haber creado miles de empleos, también se queda huérfano y, por el momento, sin rumbo. Es una de las más de 200 organizaciones, como explica el diario The Times, de las que el príncipe es patrono y con las que tendrá que dejar de colaborar. Para empezar, por ejemplo, ha cancelado una visita a Yorkshire para atender a las víctimas de unas inundaciones.

Como explica dicho diario, Andrés no pierde su condición de miembro de la familia real, y por eso se le verá en ocasiones al lado de la reina y junto a sus hermanos, como en la celebración del cumpleaños de la monarca, la fiesta llamada Trooping the ColourPero lo que sí pierde el príncipe es una importante tajada: 249.000 libras, más de 290.000 euros, su asignación anual. Sí conservará su casa en Windsor —que le regaló la reina en 2003 y que él renovó hace unos años por 8,7 millones de euros— y los no pocos ingresos que le proporciona el ducado de Lancaster, cuyo patrimonio da pingües beneficios a su madre: en 2018, más de 25 millones de euros.

Según reseñan varios diarios británicos como el propio Times, el Daily Mail o el Evening Standard, el responsable final a la hora de exigir que Andrés quedara apartado ha sido su hermano mayor, el príncipe Carlos. Según fuentes cercanas a la casa real, el heredero al trono se mostró taxativo a la hora de hablar con su madre y de pedirle que actuara, que era una cuestión de deber institucional más que de afecto familiar.

Los príncipes Carlos y Andrés con su madre, Isabel II, el pasado junio en el palacio de Buckingham. ampliar foto
Los príncipes Carlos y Andrés con su madre, Isabel II, el pasado junio en el palacio de Buckingham. AFP

Lo que todavía se desconoce es en qué situación quedarán sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia, tras la caída en desgracia de su padre. La prensa británica apunta a que su papel institucional —relativamente reducido al tratarse de la novena y la décima en la línea de sucesión al trono— se verá aún más menguado. Más en un momento en el que están en el candelero, puesto que el próximo año Beatriz, la mayor de ambas, se casará con el financiero italiano Edoardo Mapelli Mozzi. La boda de su hermana Eugenia, celebrada en octubre de 2018 en Windsor, costó más de dos millones de euros al erario público. Pero puede que ahora la de Beatriz tenga que pagarse del bolsillo de la reina o del bolsillo del propio príncipe Andrés.  

Además, están las cuestiones legales. Algunos medios como The Telegraph apuntan a que el príncipe podría ser citado a declarar en Estados Unidos y que eso podría causar complicaciones, puesto que quizá las autoridades no le dejen volver al Reino Unido.

En cualquier caso, apartar a Andrés resultaba fundamental. Especialmente para dejar brillar a los miembros que trabajan en pos de una institución que este año parece empañada por las peleas, las pataletas y los escándalos. Mientras que el trabajo de la reina, de Carlos y Camila (ahora de gira por Nueva Zelanda) o de los duques de Cambridge, Kate y Guillermo (con un gran éxito en su reciente viaje por Pakistán) es discreto y eficiente, estas cuestiones ensucian la imagen de una familia que, dados los 93 años de Isabel II, se ve cercana una sucesión y un cambio generacional. 

The Times también ha consultado con algunos autores y biógrafos de la realeza. Como Penny Junor, que asegura: "Esta salida a la fuerza de la vida pública no tiene en absoluto precedentes en la familia real. Diría que la reina está horrorizada". O Robert Lacey, que tiene clara la sucesión de los hechos, a los que califica como "algo monumental": "Nadie puede imaginarse que [Andrés] ha hecho esto por su propio pie. Todos asumen que ha habido presión por arriba". Y, más arriba, solo queda Isabel II que, 24 minutos después de lanzar el comunicado, llegaba a un acto en Londres para honrar a su amigo, el naturalista sir David Attenborough. La soberana puso la mejor de sus sonrisas y no se la quitó en toda la velada. 

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