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Cómo un joven visionario animó a una poderosa relojera para recuperar su pieza más mítica

El Alpine Eagle de Chopard regresa por todo lo grande y demuestra que la familia que hace relojes unida (y caso a sus nietos) permanece unida

Genealogía familiar de Chopard: de izquierda a derecha, Karl, Karl-Friedrich y Karl-Fritz Scheufele (abuelo, padre e hijo).
Genealogía familiar de Chopard: de izquierda a derecha, Karl, Karl-Friedrich y Karl-Fritz Scheufele (abuelo, padre e hijo).
Los ocho tornillos del bisel redondo permiten reconocer el Alpine Eagle a primera vista.
Los ocho tornillos del bisel redondo permiten reconocer el Alpine Eagle a primera vista.

Para entender el origen del Alpine Eagle, el nuevo reloj de Chopard, hay que recurrir a la genealogía familiar. En la imagen superior hay tres hombres: abuelo, padre e hijo. De izquierda a derecha, Karl, Karl-Friedrich y Karl-Fritz Scheufele. El primero adquirió la relojera suiza Chopard en 1963.

El segundo se incorporó más tarde al negocio familiar y, en 1980, diseñó el exitoso St. Moritz, debut de la empresa en la relojería deportiva (hoy, descatalogado). Y el tercero, que aún está en la universidad, entró hace poco en el despacho de su padre –hoy copresidente de Chopard– y, animado por su abuelo, le sugirió que recuperara aquel diseño, vigente a pesar de los años transcurridos.

El resultado de este conciliábulo familiar es el reloj Alpine Eagle. Su nombre alude al águila alpina porque los Scheufele son amantes de la montaña. Su aspecto recupera algunos elementos del extinto St. Moritz. Y su mecánica es una demostración de la excelencia artesanal que ha alcanzado Chopard bajo la batuta de los Scheufele. Nada como mirar al pasado para encarar el futuro.

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