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Por qué la vía verde es (políticamente) la más sostenible

Nuestros líderes no han sido capaces de entender que el nuevo escenario multipartidista requiere de una mayor capacidad de diálogo y flexibilidad ideológica

Íñigo Errejón en una imagen de archivo.
Íñigo Errejón en una imagen de archivo. EUROPA PRESS

Todavía es pronto para saber con exactitud el tipo de propuestas políticas que ofrecerá Más Madrid en su plataforma a nivel nacional. Personas del entorno de esta formación han mostrado su disposición a entablar una relación menos tortuosa que la del actual Podemos con el PSOE, lo que les haría más proclives a favorecer un Gobierno liderado por los socialistas. Se espera también que el partido se organice de una forma más horizontal, alejándose del personalismo que ha caracterizado a Podemos, como muestra el hecho de que Errejón se ausentara el domingo de la votación de Más Madrid sobre si presentar candidatura en las elecciones generales. Sin embargo, está por ver cómo se conjuga este objetivo con el tirón mediático de la figura de Errejón, especialmente con unas elecciones a la vuelta de la esquina y, por tanto, con escaso tiempo para construir liderazgos alternativos.

Algunas personas se lleven las manos a la cabeza al considerar que esto dividirá más el voto de la izquierda y que la creación de más partidos responde simplemente a rencillas internas que los partidos tendrían que ser capaces de superar. Sin embargo, si dirigimos la mirada hacia el norte de nuestras fronteras, observamos que es habitual que existen tres partidos de ámbito nacional en el espacio de la izquierda. En general, en aquellos países donde existen tres partidos de izquierda (Dinamarca, Suecia, Holanda o Alemania) estables en el tiempo encontramos habitualmente a los socialdemócratas, la izquierda radical o poscomunista y los partidos verdes. Aunque dentro de los verdes en Europa existe una cierta diversidad ideológica, con partidos nítidamente de izquierdas, como en Países Bajos y Dinamarca, y otros capaces de pactar a izquierda y derecha, como los verdes alemanes.

En los últimos meses algunos analistas han sugerido que la plataforma nacional de Más Madrid podría convertirse en este tipo de partido, haciendo de la cuestión ecológica su principal bandera. Es probable que los precursores de esta formación estén ahora pensando en cómo maximizar sus apoyos de cara al 10 de noviembre. En las últimas horas han argumentado que se presentan para combatir la abstención de una parte de la izquierda desencantada tras el fracaso de las negociaciones.

Sin embargo, si esta formación aspira a asentarse en el tablero político más allá de estas elecciones, deberá pensar en el largo plazo. En este sentido, la apuesta verde tendría sentido estratégicamente. Por un lado, ocuparían un espacio ideológico que de momento nadie ha explotado con éxito políticamente en España, pero que crece en el centro y norte de Europa. Después de la entrada de la extrema derecha, el éxito de un partido verde en España nos equipararía a otros países de Europa. Por otro lado, les ayudaría a diferenciarse de Unidas Podemos en términos programáticos, ensanchando quizás las bases ideológicas de su electorado. Si la vía verde no se materializa, nos encontraríamos entonces con dos partidos a la izquierda de la socialdemocracia. En este caso, las existencia del nuevo partido se justificaría en la estrategia política y el tipo de liderazgo que en cuestiones de gran calado ideológico. En perspectiva comparada, esta situación sería menos sostenible en el tiempo, y es más probable que al final solo pudiera quedar uno.

Otra opción a priori más optimista para la izquierda es el de la “competición virtuosa”: el nuevo partido se presentaría sólo en las provincias más grandes (donde el sistema electoral es más proporcional) y Unidas Podemos tendría el camino libre en las más pequeñas. Aunque si se confirmase que Más Madrid se presentará en aquellas provincias con siete o más escaños a repartir, el sistema electoral podría perjudicar a la izquierda en lugares como Asturias, Pontevedra, Zaragoza o Granada, todas con siete diputados a repartir y donde Unidas Podemos obtuvo un solo escaño en abril de 2019.

La emergencia de nuevos partidos en 2014 y 2015 hizo que en España comenzáramos a hablar mucho más de políticas públicas, como la reforma del mercado laboral, la conciliación familiar, el funcionamiento de nuestras instituciones o la inversión en educación. En los últimos años, el debate político se ha vuelto a embarrar. Nuestros líderes no han sido capaces de entender que el nuevo escenario multipartidista requiere de una mayor capacidad de diálogo y flexibilidad ideológica. La emergencia de un nuevo actor político es una oportunidad para traer de vuelta el debate sobre las políticas públicas necesarias para hacer frente a innumerables retos.

Luis Cornago es analista de riesgo político en Teneo. Becario de “la Caixa”.
Este artículo ha sido elaborado por Agenda Pública para El País

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