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¡Son peores!

Los adultos son a veces peores que los adolescentes. Y podría poner muchos y diferentes ejemplos, pero en este caso va a ser en lo referente al uso del teléfono móvil y más concretamente dentro de un cine o de un teatro. Es tremendo. Cada poco tiempo, una luz salta de cualquier butaca haciendo que desvíes la atención hacia ese lugar. Y en esas butacas no hay adolescentes nerviosos e intranquilos. ¡No! En esas butacas hay personas bien entradas en edad madura y supuestamente, ya liberadas de ese nervio juvenil que todo lo altera. Aunque también es posible que mi incomprensión pueda deberse a que a día de hoy aún sigo sin dejarme envolver por esos aparatos que, según dicen, nos facilitan mucho los días.

Manuel I. Nanín

O Carballiño (Ourense)

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