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La historia de senegalesas que sueñan

La historia de senegalesas que sueñan

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Acceder a una formación de calidad y adaptada a la demanda de empleo no es algo al alcance de cualquier ciudadano de Senegal. La cooperación española apoya proyectos para que jóvenes y mujeres reciban cursos que mejoren su empleabilidad y perspectivas de futuro

Saint Louis (Senegal)
  • Alineada con la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la cooperación española ha apostado por el modelo de escuelas taller, dirigidas especialmente a jóvenes y mujeres. Fanta Mbodj fue una de las primeras alumnas de los cursos que se ofrecieron en Saint Louis (Senegal) en 2008.
    1Alineada con la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la cooperación española ha apostado por el modelo de escuelas taller, dirigidas especialmente a jóvenes y mujeres. Fanta Mbodj fue una de las primeras alumnas de los cursos que se ofrecieron en Saint Louis (Senegal) en 2008.
  • Cuando Mbodj se inscribió en la escuela taller financiada con fondos españoles tenía 25 años y era una nini. Pero escuchó en la radio que podía cursar estudios en producción agrícola de forma gratuita. Dos años después, obtuvo su diploma y comenzó un período de prácticas en la empresa agrícola Societé de Cultures Légumières (SCL).
    2Cuando Mbodj se inscribió en la escuela taller financiada con fondos españoles tenía 25 años y era una nini. Pero escuchó en la radio que podía cursar estudios en producción agrícola de forma gratuita. Dos años después, obtuvo su diploma y comenzó un período de prácticas en la empresa agrícola Societé de Cultures Légumières (SCL).
  • Cuando acabó las prácticas, Mbodj se buscó la vida hasta que la volvieron a llamar de la SCL. Desde entonces, su trayectoria ha sido meteórica. "Después fui jefa de equipo. Por ejemplo, hacía el programa de una actividad con un número de personas y las seguía cada día. Después fui capataz, que es casi el brazo derecho del jefe de granja. Y ahora soy jefa de granja", resume sin alardes. En la práctica, tiene 270 hectáreas bajo su responsabilidad y en épocas de picos de producción hasta medio millar de jornaleros. "Hay que tener carácter", reconoce.
    3Cuando acabó las prácticas, Mbodj se buscó la vida hasta que la volvieron a llamar de la SCL. Desde entonces, su trayectoria ha sido meteórica. "Después fui jefa de equipo. Por ejemplo, hacía el programa de una actividad con un número de personas y las seguía cada día. Después fui capataz, que es casi el brazo derecho del jefe de granja. Y ahora soy jefa de granja", resume sin alardes. En la práctica, tiene 270 hectáreas bajo su responsabilidad y en épocas de picos de producción hasta medio millar de jornaleros. "Hay que tener carácter", reconoce.
  • "Gracias a la formación puedo trabajar y ganarme la vida. Hoy no le debo nada a nadie. Soy la mayor de las hijas de mi madre, que no tiene hijos varones, y ayudo a mis hermanas pequeñas en su educación", afirma. Mbodj se ha convertido en un ejemplo a seguir en su familia. Ella es la prueba de que la educación es clave para un futuro próspero.
    4"Gracias a la formación puedo trabajar y ganarme la vida. Hoy no le debo nada a nadie. Soy la mayor de las hijas de mi madre, que no tiene hijos varones, y ayudo a mis hermanas pequeñas en su educación", afirma. Mbodj se ha convertido en un ejemplo a seguir en su familia. Ella es la prueba de que la educación es clave para un futuro próspero.
  • En la última década, España ha destinado casi cuatro millones de euros a apoyar proyectos educativos en Senegal. En Podor, la Diputación de Jaén ha financiado un curso de transformación de alimentos locales. El proyecto, ejecutado por el Fondo Andaluz de Municipios para la Solidaridad Internacional (Famsi), beneficia a 24 mujeres de la ciudad y aldeas aledañas que ven en esta formación una oportunidad para tener un empleo después.
    5En la última década, España ha destinado casi cuatro millones de euros a apoyar proyectos educativos en Senegal. En Podor, la Diputación de Jaén ha financiado un curso de transformación de alimentos locales. El proyecto, ejecutado por el Fondo Andaluz de Municipios para la Solidaridad Internacional (Famsi), beneficia a 24 mujeres de la ciudad y aldeas aledañas que ven en esta formación una oportunidad para tener un empleo después.
  • "Esta formación ha sido una necesidad que ha identificado el propio centro. Podor es una zona agrícola y la producción se vende directamente, pero no tiene valor añadido. Con la transformación se añade valor, más precio, y se conserva mejor el alimento", expone Ndiaye Sarr Mbodj, director del instituto que en total tiene 360 alumnos, el 60% mujeres.
    6"Esta formación ha sido una necesidad que ha identificado el propio centro. Podor es una zona agrícola y la producción se vende directamente, pero no tiene valor añadido. Con la transformación se añade valor, más precio, y se conserva mejor el alimento", expone Ndiaye Sarr Mbodj, director del instituto que en total tiene 360 alumnos, el 60% mujeres.
  • Fatimata Wone, vecina de una aldea cercana a Podor. Tiene 40 años y es una de las 24 alumnas del curso de valorización de productos alimentarios locales que se imparte en el Centro de Formación Profesional de la ciudad. "En clase hay jóvenes y adultas que vienen de los pueblos. Me enteré del curso porque lo escuché y yo, que estoy casada, creo que esto es importante. Soy trabajadora social, pero no tengo trabajo y esto me puede servir para encontrar uno", explica Wone. De hecho, cree que con apoyo financiero, el grupo de estudiantes podría montar una pequeña empresa de transformación. "Pero todavía no lo hemos hablado".
    7Fatimata Wone, vecina de una aldea cercana a Podor. Tiene 40 años y es una de las 24 alumnas del curso de valorización de productos alimentarios locales que se imparte en el Centro de Formación Profesional de la ciudad. "En clase hay jóvenes y adultas que vienen de los pueblos. Me enteré del curso porque lo escuché y yo, que estoy casada, creo que esto es importante. Soy trabajadora social, pero no tengo trabajo y esto me puede servir para encontrar uno", explica Wone. De hecho, cree que con apoyo financiero, el grupo de estudiantes podría montar una pequeña empresa de transformación. "Pero todavía no lo hemos hablado".
  • Además de equipar la cocina del centro con la ayuda de este proyecto, varias maestras del centro han recibido capacitación en Dakar, la capital, para aprender y poder enseñar a producir cosméticos, jabones o aceites corporales a partir de alimentos.
    8Además de equipar la cocina del centro con la ayuda de este proyecto, varias maestras del centro han recibido capacitación en Dakar, la capital, para aprender y poder enseñar a producir cosméticos, jabones o aceites corporales a partir de alimentos.
  • Fatima Sall es la más joven de todas las alumnas. Tiene 18 años y quiere montar un negocio "a nivel individual" en caso de no encontrar empleo tras acabar la formación. "Al principio no quería hacer este curso, sino para cocinera; pero esto es lo que había y ahora me gusta. Es mejor porque aprendemos cosas que no sabíamos que se podían hacer", reflexiona. Está tan entusiasmada que pasa las tardes practicando en casa lo aprendido durante la mañana.
    9Fatima Sall es la más joven de todas las alumnas. Tiene 18 años y quiere montar un negocio "a nivel individual" en caso de no encontrar empleo tras acabar la formación. "Al principio no quería hacer este curso, sino para cocinera; pero esto es lo que había y ahora me gusta. Es mejor porque aprendemos cosas que no sabíamos que se podían hacer", reflexiona. Está tan entusiasmada que pasa las tardes practicando en casa lo aprendido durante la mañana.