Filtro viejuno
Yo duermo tranquilo sabiendo que toda mi información está ahora en manos de unos señores rusos

Gracias a la aplicación rusa FaceApp he podido comprobar como será en su senectud Kiko Rivera y traigo buenas noticias: aunque se eche años encima el brillo en la mirada permanecerá intacto. Es una maravilla esta aplicación, les recomiendo que se la instalen sin dudar. Es verdad que autorizas a que trapicheen con tus datos sin pudor, de una manera perpetua, irrevocable, no exclusiva, libre de regalías, mundial, totalmente pagada, con licencia para usar, reproducir, modificar, adaptar, publicar, traducir, crear trabajos derivados, distribuir, ejecutar públicamente en todos los formatos y canales de medios conocidos o desarrollados posteriormente, sin ningún tipo de compensación, pero… ¡qué menos!
¡Poco me parece! Descargártela no cuesta ni un duro y tampoco es que, por lo general, nuestras vidas sean tan interesantes como para ponernos pejigueros. Yo duermo tranquilo sabiendo que toda mi información está ahora en manos de unos señores rusos.
Por cierto: Queridos camaradas, me parece bien que comercialicen con mis fotos pero por favor, si puede ser, absténganse de hacerlo con esa donde salgo disfrazado de Hulk.
El caso es que también me apliqué el filtro y, paradojas de la vida, al ser yo una persona viejoven no surtía ningún efecto. Lo intente con varios selfies pero como si quieres arroz Catalina, me dejaba igual; no era capaz de envejecerme. Me pareció halagador y salí a la calle con una sonrisa de oreja a oreja. No llevaba ni cinco metros andados cuando una chica me interceptó.
—¿Me puedo hacer una foto con usted?— me preguntó pizpireta.
—Claro —le contesté— ¿te gusta mi trabajo?
—Bueno, es para enseñársela a mi madre, es que era muy fan de su programa La hora chanante, le encantaba, lo veía a todas horas. Me acuerdo cuando tenía siete años que me ponía algunas de sus parodias. A mí también me gusta lo que hace usted, pero yo soy más de Broncano.
De repente esa chica consiguió lo que no había conseguido la aplicación rusa: convertirme en un abuelo.
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