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La negociación sin fin de Carmen Thyssen y sus problemas fiscales

La baronesa, preocupada por sus finanzas y la deuda de su hijo con Hacienda, firma nueva prórroga por su colección de arte

La baronesa Thyssen y su hijo Borja Thyssen en el Museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid, en junio de 2018.
La baronesa Thyssen y su hijo Borja Thyssen en el Museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid, en junio de 2018. Getty

Como una metáfora de la vida laboral, Carmen Thyssen no acaba de firmar con el Estado un contrato fijo. Son ya cerca de diez las prórrogas que la baronesa extiende en un sine die inquietante sobre su colección de arte y que varían desde 2016 entre seis y tres meses. Está en juego un lote de unas 430 obras —de las cerca de mil en total— que el ministerio de Cultura quiere atar por al menos 15 años y que la propietaria se resiste a depositar a tan largo plazo.

No teman. No es el museo Thyssen lo que está en juego. Aquello ya se pagó: 264 millones de euros en 1993 por 775 piezas que se quedarán en España para siempre. Sí lo está, en cambio, la colección particular de la baronesa, que sin duda complementa lo que ya pertenece al Estado con obras de Matisse, Picasso, Canaletto, Rodin o Gauguin y que fueron depositadas de manera gratuita en la pinacoteca madrileña del Paseo del Prado. Ella pretende cederlas por un nuevo acuerdo económico. También poder vender alguna de las obras cuando se le presenten problemas de liquidez, como ha admitido en declaraciones a este periódico.

Y además, que no le cruja Hacienda. Ese era el punto caliente que evitó el acuerdo en tiempos del PP: una lucha sin cuartel y a cara de perro con el ministro Cristóbal Montoro. Carmen Thyssen quiso utilizar su colección como moneda de cambio para llegar a buenos términos con el fisco. Entonces, en el Gobierno anterior había quien jugaba el papel de poli bueno —el entonces ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo— y poli malo, el propio Montoro. Un rol que, sin duda, él disfrutaba y puso patas arriba al sector cultural durante la época de la austeridad.

Borja Thyssen, Blanca Cuesta, Carmen Cervera y Manuel Segura en Formentera el verano pasado.
Borja Thyssen, Blanca Cuesta, Carmen Cervera y Manuel Segura en Formentera el verano pasado. GTRES

Quedaron en tablas. Nadie daba su brazo a torcer. Ella amagaba con que tenía muchos pretendientes en el extranjero —"al menos cinco", nos dijo entonces— y en los despachos de cultura se reían por lo bajinis, pero le seguían el juego. Tanto antes como ahora, desde Cultura aseguraban no saber en qué términos deseaba quedar ella con Hacienda. Llegó el PSOE y con ello una pieza clave para calmar los ánimos: Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno. Calvo y la baronesa mantienen una muy buena relación desde que la primera fuera ministra de Cultura con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Resolver el acuerdo

Con su poder real dentro del nuevo ejecutivo, la mujer más próxima a Pedro Sánchez vino a decir nada más llegar a Moncloa: resuélvase. Y el actual ministro de Cultura, José Guirao, fino estilista diplomático en la gestión cultural y viejo zorro en el ámbito del arte, se ha puesto las pilas. Según fuentes de su ministerio, si no se ha firmado el acuerdo definitivamente antes de que entrara en vigor el uno de julio la nueva prórroga, ha sido porque el Gobierno anda en funciones. Dan a entender que, en cuanto se produzca la investidura —¿quién apuesta hoy por ello?— se firmarán los papeles correspondientes.

Carmen Cervera durante la inauguración de una exposición en Madrid.
Carmen Cervera durante la inauguración de una exposición en Madrid. GTRES

Avances se han producido. La baronesa ha dejado de amagar con llevarse su colección fuera y ya no ve bestias negras en contra suya dentro del Consejo de Ministros. Atrás han quedado los días en que, como admitió a EL PAÍS, se sentía más que dolida, "ofendida". Tanto ella como su hijo Borja han fortalecido lazos y estrategia con vista a resolver su situación económica. Hasta ahora han prestado los cuadros gratis. Pero ya no. “Mi hijo y yo hicimos entonces el sacrificio para que se quedara en España. Ahora no nos lo podemos permitir con cuatro hijos que tiene él y dos yo”, asegura.

Impacto económico

A la cuestión de poder vender cuando le convenga, ella lo llama movilidad de los cuadros: un eufemismo que sorprende en quien suele hablar claro. Carmen Thyssen valora su tesoro en mil millones de euros. En las negociaciones que tuvieron lugar en la etapa del PP estaban implicados el Ministerio de Cultura y Deporte, la Fundación Thyssen-Bornemisza, la Dirección General de Bellas Artes y Patrimonio Cultural y el Ministerio de Hacienda, junto a ella y Borja Thyssen.

Según la baronesa, la colección aporta ocho millones de euros como impacto económico a Madrid y cuenta con su prestigio ganado por todo el mundo. “He hecho 47 exposiciones temporales con ella. Ha viajado por todas partes. Fui pionera en China. He abierto un museo en Andorra del que se ha dicho que está entre los diez que merece la pena visitar en el mundo. Sé cómo se monta una pinacoteca y cómo se dirige. Me gusta, aunque coleccionar supone mucho sacrificio. Podría vivir muy tranquila si no coleccionara. Hay muchos países en el mundo que abren museos. Pero una cosa es tener el contenido y otra el continente. Yo tengo el contenido, sobre todo. Y por eso me puedo permitir el lujo de abrir museos”. Genio y figura.

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