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Impaciencia y orgullo

Los posados de Obregón ofrecen más credibilidad que Puigdemont

Ana Obregón, el 24 de junio en una entrega de premios en Madrid.
Ana Obregón, el 24 de junio en una entrega de premios en Madrid. GC Images

Afortunadamente, Ana Obregón ha vuelto a ejecutar su tradicional posado del verano, esta vez más urbano, matizado. Sin arena de por medio sino más bien en el refrescante interior de su casa de Mallorca. Me gusta ese cambio, más aún porque el año pasado no hubo posado por la delicada salud de su hijo. Esta vez el posado tiene una mezcla de celebración, porque la salud ha vuelto, y de esa pequeña revancha que gusta tanto de una mujer contenta con su cuerpo, su edad y el hecho de seguir vistiendo bañadores sin complejos. “Ya no hay que dejar de ponerse biquini al pasar de los 40 años”, explica. Es justamente esa capacidad de hacer una reivindicación del biquini a cualquier edad lo que siempre gusta de Ana Obregón.

Su primer posado fue en 1985. Nos acostumbramos a ellos y han pasado 34 años. Esos posados ofrecen más credibilidad que cualquier declaración o posado que desde Waterloo hace ese performer llamado señor Puigdemont. Es más, han pasado dos meses y cuatro días de las últimas elecciones y estamos agotados del postureo permanente de políticos narcisistas. Por eso es resistente y hasta necesaria Obregón, aparece ella y tienes algo distinto de qué hablar, algo que por fin te separa tanto de la sobredosis de bodas como del regateo en la escena política.

Deberíamos vivir con más liviandad, es un tipo de frase semiprofunda que me recuerda a las que pronuncia, cada vez más con frecuencia, Carmen Cervera. Tita dio una extraordinaria entrevista al programa Lazos de Sangre. Como moderador de su debate posterior intercambié una breve conversación telefónica con ella. Tita dijo que ella se levanta cada mañana con un mensaje ritual: “No permitirme no ser feliz”. Bravo, le respondí, visualizando su mansión Mas Mañanas y la extensísima visión del Mediterráneo desde ella, donde sí que puedes permitirte ser feliz pero quizás con las complicaciones típicas de ser rico. “No es fácil ser rico”, es otra de las frases que han hecho famosa a Tita en tiempos de Instagram. La dijo como explicación a sus problemas posturales con Hacienda, que entre otras cosas pone en duda que tanto ella como su hijo Borja mantengan residencia fiscal en Andorra.

Ágatha Ruiz de la Prada acudió al debate a defender a su manera a Tita y proclamó que le gustaría que Hacienda hiciera una excepción con Tita y no le cobre impuestos porque ella ya habría contribuido trayendo la colección de arte de su marido a España. Aunque como contribuyente no puedo estar de acuerdo, me entusiasmó el arrojo de Ágatha porque me dio a entender que algo bueno de ser rica, famosa y madura es que puedes decir casi todo lo que piensas apoyada en un argumento sorprendente.

Carla Bruni y Nicolas Sarkozy, en enero de 2018 en Madrid. ampliar foto
Carla Bruni y Nicolas Sarkozy, en enero de 2018 en Madrid. Europa Press via Getty Images

Nos tomamos a todos y a todo demasiado en serio. Y puede no ser tan necesario, al menos en verano. La gran mayoría de las cosas que se supone que debes de tomarte en serio, como los impuestos, la defensa de los derechos humanos o el cambio climático, no parecen estar muy a tu alcance para que puedas hacer algo. Y muchas veces son cosas que resuelven o empeoran personas que solamente se toman demasiado en serio a sí mismos y posan entre ellos. Por eso me ha asombrado ver la reciente portada del expresidente Nicolas Sarkozy en la revista Paris Match junto a su esposa Carla Bruni.

En la imagen, Sarkozy consigue salir bastante más alto que su esposa, una de las celebres top models de los años noventa, cantante y también ex primera dama de la República francesa, que todos sabemos es mucho más alta que su marido y que muchos otros. ¿Por qué esta portada evidentemente patosa? ¿Se trata de un mal chiste? ¿Es que necesitamos ver a la mujer en un tamaño inferior para mantener una imagen casera tradicional? Estas preguntas se quedarán sin respuesta y olvidadas la semana que viene. Pero con el calor de hoy se ve como un posado ridículo y un paso atrás. Igual que si el año próximo el Orgullo Gay de Madrid se viera obligado, de nuevo, a cambiar su ruta y alejarse del centro. Si todos sabemos que el Orgullo es la fiesta de la ciudad de Madrid, que Carla Bruni es más alta que Sarkozy y que Obregón posa mejor que cualquier político, ¿por qué tenemos que aceptar que insistan en negociar que nada de esto es verdad?

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