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Siete episodios delirantes para comprender cómo convertimos a Jesús Gil en un ídolo televisivo

Nació pobre, vivió exhibiendo su poderío y murió con multitud de causas judiciales abiertas. Excesivo en todo, su insólita trayectoria se narra en una serie de HBO: 'El pionero'

Jesús Gil y Gil, un hombre hecho a sí mismo que logró que se le rieran todo tipo de gracias, junto a su coche rojiblanco en 1993. En vídeo, el trailer de la serie de HBO.

Pasó su vida de banquillo en banquilllo y de plató en plató. El polémico Jesús Gil y Gil (Soria, 1933 - Madrid, 2004), empresario antisistema –como él mismo se hacía llamar–, presidente del Atlético de Madrid y alcalde de Marbella, protagonizó algunos de los momentos más delirantes de la televisión española, mientras se defendía en los tribunales. A este hombre hecho a sí mismo se le reían unas gracias que, cuando no estaban fuera de tono, estaban al límite de la ley. Ahora su insólita trayectoria se recrea en la miniserie de cuatro episodios El pionero, producida por Justin Webster y dirigida por Enric Bach (Muerte en León), que HBO acaba de estrenar. “Gil se adelantó a la crisis de la política tradicional y al uso partidista de los medios”, explican sus creadores. Estos son los momentos cumbre en la trayectoria del controvertido personaje.

Tres veces arruinado

Algunos de sus comentarios más sonados tienen que ver con su paso por el Atlético. “Los jugadores son figuritas de mazapán, por mí que se mueran". “Mi error ha sido tratar a los jugadores como personas”.  O aquella de… “Cuando yo me vaya se acabó el Atlético”

“Con la popularidad que tengo podría ser dios”, se jactaba en 1987, luciendo sobrepeso, con un puro en boca cual Tony Soprano y los colgantes de oro sobresaliendo por su camisa desabrochada. En su funeral fue calificado como “algo brusco pero de gran corazón”, según Enrique Cerezo, presidente del Atlético tras Gil; un personaje “necesario en algunos momentos para reflexionar sobre muchas cosas”, según Joan Laporta, presidente del Barcelona… Pero sobre todo Jesús Gil y Gil era un tipo orgulloso de sus humildes orígenes.

Con la muerte de su padre, Gerardo Gil –un hombre que se había arruinado y sufría una fuerte depresión–, su madre, Guadalupe Gil, viuda a los 27 años y con tres hijos, tiró hacía adelante gracias al contrabando y a los trapicheos, lo que le sirvió para conocer los tejemanejes burocráticos de la época. Gil replicó su comportamiento a lo bestia, creando un entramado de empresas y saltándose las leyes cuanto podía. Su máxima: dinero que ganaba, dinero que invertía. Si se arruinaba (que lo hizo tres veces) a empezar de cero. Había que ganar y ganar, siempre más, algo que afirma que aprendió de su madre. Guadalupe murió a los 91 años en 2002; Gil lo haría a los 71, dos años después.

"El coche de la carne"

Las salidas del soriano por la capital debieron ser épicas, según cuentan dos de sus hermanos y un amigo, no sin cierta fascinación y sorna, en el primer episodio del documental (el único al que ha tenido acceso la prensa). Gil solía pasearse por la Gran Vía presumiendo de descapotable. A este vehículo se le conocía como “el coche de la carne”, pues a él subía a las chicas con las que solía alternar.

Gil, que llegó a Madrid en los años cincuenta con 17 años, estuvo un tiempo viviendo en una pensión que compartía con 21 prostitutas. Así fue, aclaran los entrevistados, "hasta que se casó" con María Ángeles Marín, una joven de origen humilde con la que tendría a sus cuatro hijos. Cuando ganó su primer millón de pesetas gracias a una venta inmobiliaria, Gil decidió arroparse con los billetes en la cama (sí, a lo tío Gilito). Desde entonces no salía de casa sin un buen fajo de en el bolsillo para exhibir su poderío.

De indulto en indulto

Su periplo carcelario comenzó en 1969, cuando fue condenado por imprudencia temeraria tras el derrumbamiento de un restaurante en la localidad segoviana de Los Ángeles de San Rafael, propiedad de Gil. Murieron 58 personas y más de 147 resultaron heridas. El arquitecto fue absuelto porque pudo demostrar que había enviado una carta poniendo en duda la apresurada construcción. Gil pasó solo 18 meses en prisión –alimentado como un rey por un famoso restaurante segoviano, según se cuenta– y fue puesto en libertad en 1971, tras el pago de 400 millones de pesetas, gracias al indulto de Franco (su tenaz madre Guadalupe envió cartas y se reunió con quien hizo falta para sacarle cuanto antes).

Con la muerte del dictador, se pasó página a una de las mayores tragedias de la época. En la serie, Gil explica sin inmutarse que tuvo que “comprar muerto a muerto” al hablar de las compensaciones. En 1994, cuando ya llevaba tres años de alcalde de Marbella, el Gobierno socialista también le indultó tras la venta de un edificio embargado. De haber sido condenado, habría sido inhabilitado y no podría haberse presentado de nuevo a las elecciones marbellíes.

Jesús Gil fue presidente del Atlético entre 1987 y 2003. En la imagen, Gil junto a Paolo Futre (a su derecha) y Patxi Ferreira.
Jesús Gil fue presidente del Atlético entre 1987 y 2003. En la imagen, Gil junto a Paolo Futre (a su derecha) y Patxi Ferreira. Foto: Getty

El fútbol es el mensaje

No tenía ni idea de fútbol, dicen sus allegados. Cuando fichó en 1987 a Futre no sabía ni quién era el portugués. Luego llegaría a afirmar: “Si me fueran los tíos, Futre sería mi novio”. En la serie de HBO, sus hijos comentan que Futre fue para Gil como un hijo. Hasta el mítico periodista José María García, amigo o enemigo, dependiendo del momento, comenta que usó el fútbol como vía para hacerse popular.

Gil fue un presidente caprichoso que quitaba y ponía entrenadores a su placer, que presumía de preguntarle a su caballo Imperioso sobre fichajes y destituciones. Algunos de sus comentarios más sonados tienen que ver con su paso por el Atlético, entre 1987 y 2003. “Los jugadores son figuritas de mazapán, por mí que se mueran". “Yo sí he pagado primas a terceros, ¿y qué?”. “Mi error ha sido tratar a los jugadores como personas”. "No fiché a Klinsmann porque me dijeron que perdía aceite”. O aquella de… “Cuando yo me vaya se acabó el Atlético”.

En la tele: sin ropa y sin pudor

Maestro del populismo, Gil sabía que el fútbol y la tele le auparían para conseguir su ansiado propósito: la política. Sus aires de grandeza y sus habituales disparates –recordemos aquella vez que presentó a su nueva adquisición, un cocodrilo llamado Furia– hicieron de Jesús Gil un personaje al que todo el mundo quería entrevistar. Tan mediático fue que llegó a tener su propio programa en Telecinco, Las noches de tal y tal, en 1991, recien elegido alcalde de Marbella. En el espacio televisivo improvisaba sin ningún pudor, sumergido en un jacuzzi y rodeado de mujeres en bikini.

Jesús Gil en 'Las noches de tal y tal', el programa que presentaba en Telecinco en 1991.
Jesús Gil en 'Las noches de tal y tal', el programa que presentaba en Telecinco en 1991.

Alcalde sin complejos

“Necesito barrer, porque Marbella será automáticamente lo que yo quiero”, dijo en un mitin este rey del ladrillo sin atragantarse. Gil siempre presumió de no necesitar la política para vivir (su fortuna rondaba los 20.000 millones de pesetas). Se presentó a la alcaldía de Marbella para, según sus palabras, no tener que pagar mordidas a nadie. “Me hice alcalde para defender mi patrimonio, para vender mis pisos”. Fundó el partido GIL (siglas de Grupo Independiente y Liberal) y prometió crear puestos de trabajo y aumentar la seguridad ciudadana. El gilismo arrasó en las elecciones de 1991 (llegó a ganar tres veces con mayoría absoluta).

Cumplió sus promesas, pero construyó edificios en zonas verdes y derribó casas de forma irregular (lo hacía siempre de noche). Gil, que llegó a denunciar a dirigentes de la Junta de Andalucía alegando que habían pagado comisiones para poder construir en Marbella, fue denunciado por prevaricación, malversación y cohecho. En 1998 la oposición llegó a pedir que le sometieran a un examen psiquiátrico por sus constantes amenazas e insultos.

También fueron sonadas su decisión de exhibir un busto de Franco en el Ayuntamiento y su ocurrencia de instalar una discoteca en un portaaviones. En 2002 la oposición lo tachó de Al Capone y de “cáncer en la política”. El ídolo salió inhabilitado y tuvo que jubilarse antes de tiempo, siendo sustituido nada menos que por Julián Muñoz, ya emparejado con Isabel Pantoja, que acabaría entre rejas por el ‘caso Malaya’.

Tráiler de 'El pionero'.

"Aquí yace un imbécil”

Tras el indulto en los años setenta, Gil continuó siendo asiduo de los juzgados y pasó por la cárcel en dos ocasiones más. En el “caso camisetas” en 1999 se le acusó del desvío de 450 millones de pesetas del Ayuntamiento de Marbella al Atlético de Madrid. Fue condenado a 28 años de inhabilitación y a seis meses de arresto por colocar el nombre de Marbella en la equipación rojiblanca para obtener propaganda electoral. Salió a los seis días por motivos de salud, tras depositar una fianza.

En 2002, Gil dimitió como alcalde. En ese mismo año, ingresó de nuevo en la cárcel por el “caso saqueo”, por malversación en el ayuntamiento de Marbella entre 1991 y 1995. Salió de Alcalá-Meco seis días después tras pagar la fianza. Llegó a tener hasta 80 causas al mismo tiempo y murió en 2004 con algunas de ellas aún abiertas. En el programa de Jesús Quintero dejó constancia de quién creyó ser, cuando el presentador le preguntó por su hipotético epitafio: “Aquí yace un imbécil que creyó que las cosas podrían ir mejor”.

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