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Los traumas de Janet Jackson tras una infancia marcada por la dureza de su padre

Al cumplirse 10 años de la muerte de Michael Jackson su hermana pequeña cuenta que ha hallado en su hijo de tres años, en la religión y la música, la fuerza para superar sus problemas

Janet Jackson el pasado mes de marzo en Nueva York.
Janet Jackson el pasado mes de marzo en Nueva York. AP

En los años 80 y 90 el éxito de Janet Jackson era global. Ganó todo tipo de premios, acumuló álbumes y ventas y el público esperaba sus canciones y actuaciones. En 1996 firmó con Virgin el que hasta entonces era el contrato discográfico más sustancioso de la historia, más de 70 millones de euros, una cifra que llegó a superar lo que ganaba su hermano Michael Jackson en aquel momento, cuando ya era una mega estrella. 

En la actualidad el panorama es bien distinto. Se acaban de cumplir 10 años de la muerte de Michael Jackson y sobre su figura planean las acusaciones de abusos sexuales a niños que ha vuelto a poner de actualidad el documental de HBO Leaving Neverland. Y Janet Jackson, que sigue defendiendo el legado de su hermano y "el impacto que ha tenido mi familia en el mundo", parece estar viviendo un nuevo renacimiento profesional. En marzo entró a formar parte del Paseo de la Fama de Hollywood, donde sus hermanos ya llevaban un par de décadas y el próximo fin de semana actuará por primera vez en el festival de Glastonbury, uno de los más famosos del mundo. 

Janet Jackson, de 53 años, tuvo su primer espectáculo en Las Vegas a los siete años: dos funciones diarias durante dos semanas sin descanso. "Fue agotador y divertido al mismo tiempo", recuerda Janet Jackson sobre aquellos momentos. Antes de cumplir los 20 años ya había lanzado su tercer álbum de éxito y su vida y miserias estaban en todos los tabloides. En 2004 su actuación en la Super Bowl se convirtió en viral porque mientras cantaba junto a Justin Timberlake seguidos por más de 147 millones de espectadores, uno de sus pechos quedó al descubierto por culpa de su acompañante sobre el escenario.

Desde entonces la anécdota sale a la palestra una y otra vez y en su vida han ocurrido otras muchas cosas en su vida pero ella ha aprendido a "no leer las opiniones sobre mí, sean buenas o malas", seqún ha afirmado en una entrevista concedida a The Sunday Times Magazine. Reconoce que vive "un gran momento personal", y atribuye parte de esa felicidad a su hija Eissa: "Tengo un hijo maravilloso", afirma a la publicación británica. Jackson fue madre a principios de 2017, mientras estaba casada con el multimillonario catarí Wissam al Mana, de quien se separó pocos meses después de ser madre porque su esposo se había vuelto muy controlador e incluso le decía la vestimenta que debía usar en su vida privada y durante sus actuaciones. 

La separación de la pareja fue complicada y su padre, Joe, murió el pasado verano coincidiendo con la caída en picado de la popularidad de su hermano Michael Jackson. Han sido tiempos duros para ella, pero ahora afirma que se ha ganado el apodo que le dan sus amigos: "Me llaman superwoman. Dios sabe que no lo soy. Pero creo que lo que ellos ven es la energía que me inspira Eissa", afirma la cantante.

Una energía que también ha provocado un giro en su vida: "He ralentizado mi ritmo. Ahora no ensayo tantos horas como antes para estar con mi hija. Mis días de antes se han reducido a la mitad para poder pasar más tiempo con él", afirma la artista. Quizá ver a su hija le hace también pensar en su infancia, esa que para ella pasó tan rápido porque formaba parte de una familia de nueve hermanos dedicados al mundo del espectáculo y dirigidos por un padre dominador: "Realmente hechas de menos tu infancia. No he podido hacer las cosas divertidas que hacen otros niños. Yo habría querido ser gimnasta, pero nunca pude porque estaba ocupada trabajando. Pero al menos tenía a mis hermanos y hermanas. Ellos eran mis mejores amigos", dice respecto a su artística familia.

No es un descubrimiento que el padre de esta inusual familia de artistas era duro con sus hijos. Michael Jackson llegó a decir que lo suyo no era una familia, sino un negocio. Janet también sufrió sus consecuencias y a los treinta años llegó a tener una profunda depresión. Ella reconoció que su padre le pegó una única vez, pero que nunca llegó a poder llamarle papá. Pero también le ha disculpado afirmando que fue la forma que él encontró de apartarles de los peligros de la calle y proporcionarles una vida mejor, por lo que le está agradecida. El mismo agradecimiento que siente por haber podido acompañarle en sus últimos años y hacerlo junto con su propio hijo.

En cualquier caso Janet Jackson remarca que ella a su hijo "le dejará seguir su propio camino". Habla continuamente de Dios y a él le atribuye su cambio sobre el escenario: "Todos pasamos por cosas. Así que puedes coger el dolor y los traumas y convertirlos en algo positivo o en algo negativo. Puedes comenzar con las drogas y la bebida y ser algo aterrador... Yo traté de hacer algo positivo con eso". 

También habla muy claro sobre su implicación en el movimiento feminista. "Como miles de mujeres, yo sé sobre acoso, sé sobre abusos verbales. Me enfurece el doble rasero que continuamente, aún hoy, coloca a las mujeres como ciudadanos de segunda", confiesa a la publicación británica. En la conversación flota el daño causado por su padre en ella y en sus hermanos, también el que provoca que las miserias de su vida hayan estado expuestas al público: "Es la mierda con la que tienes que lidiar", dice sobre esto, "a veces hay que afrontarlo de frente y no es un lugar cómodo en el que estar". También reconoce que la terapia funciona: "Ayuda. Hay mucha gente a la que no le gusta, pero hay que intentarlo, no es un viaje fácil, pero ayuda". 

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