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Mi hijo tiene más de dos años y aún toma biberón, ¿qué debo hacer?

Este utensilio nunca debe convertirse en una forma de infantilizarle o agilizar nuestras aceleradas vidas de manera cómoda ni la única dieta a partir de los 6 meses de edad

Hay niños que siguen enganchados al biberón cuando ya no son bebés. Los padres se preocupan por este apego a la tetina alimenticia porque no tiene aceptación entre los pediatras y suele resultar chocante para el entorno familiar del niño, por lo que los progenitores se sienten cuestionados. ¿Son demasiado permisivos o deben retirar el biberón al niño de manera drástica y sin concesiones? En este sentido, un examen de conciencia por parte de los padres puede dilucidar si tras el biberón se esconde una forma de infantilizar al niño o de facilitar el día a día con respecto a la alimentación de sus hijos, ya que “muchas veces somos los padres los que insistimos con el biberón. En unas ocasiones, porque nos da tranquilidad asegurar la ingesta calórica a base de leche cuando todavía no comen grandes cantidades de otros alimentos. En otras ocasiones, porque en nuestras aceleradas vidas necesitamos que la ingesta sea rápida y eficaz y la forma más eficaz de ingerir calorías es tomarse un biberón de leche con cereales”, explica Cristina Cordero, neuropediatra y directora del Programa de Asistencia Neuropediátrico, Neuroymás.

La Academia Americana de Pediatría desaconseja prolongar el uso del biberón más allá de los 18 meses de edad. “El problema fundamental, argumentan, es doble, una hipotética deformación del paladar, así como la aparición de caries precoz. Pero, hay una contradicción con los preceptos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos oficiales, que aconsejan mantener la lactancia materna al menos durante dos años, siempre que se pueda y desee. Incorporar leche con un biberón o succionar de un seno materno, podrían generar efectos similares. No hay pruebas consistentes ni de una cosa ni de la otra. Lo que sí está claramente desaconsejado es succionar zumo de frutas de manera regular con un biberón, pues se multiplica el riesgo de caries, al quedar los azúcares libres del zumo más tiempo en contacto con el esmalte dentario”, explica la neuropediatra, Cristina Cordero.

Para tomar la decisión sobre si se retira el biberón o se mantiene un tiempo más, es importante tener en cuenta las peculiaridades del niño y sus hábitos alimentarios. “Si es un buen comedor, tiene una alimentación variada, incorpora alimentos nuevos a diario y muestra curiosidad por su sabor, probablemente, no haya ningún problema en que por la noche reclame un biberón. Si por el contrario, es mal comedor, se niega a probar alimentos nuevos, le cuesta tomar el alimento sólido y sus padres se desesperan en cada comida, la ingesta de biberones no facilita nada el crear unos correctos hábitos alimentarios. En este caso, probablemente, la familia anda metida en un círculo vicioso que se mueve entre la angustia que sienten los progenitores ante la negativa del niño a comer y sus necesidades calóricas, que terminan por cubrirse con los biberones, por lo que el niño no encuentra la necesidad de probar los otros alimentos que le presentan”, comenta Cristina Cordero.

El error con respecto a los biberones es convertirlos en la única dieta del niño a partir de los 6 meses de edad, porque “la leche no aporta las vitaminas y minerales suficientes como para garantizar el crecimiento y desarrollo del niño. Por ello, la alimentación complementaria juega un papel fundamental a esa edad. Si la dieta se ciñe solo a la toma de biberones, estará repleta de carencias nutricionales. No obstante, no es recomendable retirar el biberón de manera drástica, sino gradual”, aconseja la neuropediatra, Cristina Cordero.

Trucos para que el niño se olvide del biberón

Los biberones se pueden sustituir de manera paulatina por líquidos en vasos, que pueden tener un adaptador o boquilla para al niño le resulte más fácil la ingesta. No obstante, este truco funciona sobre todo con los niños menores de dos años. Resulta más complicado que el cambio se acepte de buen grado a partir de esa edad.

El apoyo de los progenitores en este proceso de transición, al igual que ocurre con la retirada del pañal o el cambio de la cuna a la cama es fundamental. Los adultos son quienes preparan y allanan el terreno a los pequeños para facilitarles el camino con estos cambios. Las felicitaciones motivan al niño y le transmiten confianza para conseguir soltar el biberón.

Regalar al niño un vaso que le guste especialmente y presentárselo como símbolo de su madurez puede animar a que se olvide del biberón.

Otros trucos que pueden funcionar son diluir la leche con más agua para que el sabor no le resulte tan familiar, cambiar las tetinas del biberón u ofrecer un líquido que le guste especialmente en el nuevo vaso. Cuando los progenitores y el niño estén preparados, es el momento de despedirse de todos los biberones de la casa, sin excepción.

Los pasos dados para que el biberón se convierta en un recuerdo deben ser firmes. No conviene dar marcha atrás, porque el niño se aferrará a la creencia de que puede recuperar su terreno siempre que se lo proponga.

Los lactantes suelen presentar una curiosidad natural hacia los nuevos alimentos entre los 7 y los 8 meses de edad. En este momento, hay que aprovechar para presentar al niño alimentos con sabores diversos y diferentes texturas, antes de que pierda el interés, retome el gusto por el biberón y se convierta en un hábito más difícil de cambiar.

El pediatra opina sobre niños y biberones

Iván Carabaño, miembro de la Asociación de Pediatría del Hospital 12 de octubre de Madrid:

Hay quien dice que el hecho de que un niño succione de un biberón es un rasgo de madurez escasa. No obstante, muchas botellas de agua envasada, incluso refrescos, tienen sistemas de dispensación basados en la succión directa. A diario, cientos de adultos calman su sed a través de estos artilugios. Desde mi punto de vista, se ha de aplicar el sentido común a este respecto. Si nuestro hijo por la noche bebe un trago de leche a través de un biberón, pero en su día a día es responsable y juiciosamente autónomo, no veo en este hecho ningún conflicto. Siempre y cuando, se tenga claro el propósito de no infantilizar la vida de nuestros hijos. No obstante, quiero que quede claro mi rechazo tajante a una dieta exclusivamente basada en la toma de biberones.

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