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EL NO YA LO TIENES COLUMNA i

¡Menudos pájaros!

Una vez presencié cómo un hombre se divertía con una tragaperras. Cada vez que introducía una monedita la máquina lo festejaba con un animoso: ¡Oh yeah!

Los exfutbolistas Carlos Aranda y, a la derecha, Raúl Bravo, a su salida de la prisión de Zuera (Zaragoza).
Los exfutbolistas Carlos Aranda y, a la derecha, Raúl Bravo, a su salida de la prisión de Zuera (Zaragoza). EFE

Los dinosaurios vivieron en la tierra durante 160 millones de años, año arriba, año abajo. ¿Qué desarrollaron durante ese larguísimo periodo de tiempo? Pues poca cosa. Básicamente, se dedicaron a corretear de un lado a otro haciendo aspavientos (que bueno, es más o menos lo que hace un futbolista). Después, ya saben, la gran colisión cósmica acabó con prácticamente la totalidad de la vida en el planeta; solo sobrevivieron unas pocas aves. Y de alguna forma, de ahí venimos nosotros. Por eso podemos decir: Carlos Aranda y Raúl Bravo... ¡Menudos pájaros!

Parece ser que los dos exfutbolistas no hacían pereza cuando de amañar partidos se trataba. Quiero pensar que no lo hacían por codicia, si no por llevar una sonrisa a la gente que apostaba.

En el caso de Aranda lo suyo con el juego es una bonita historia de amor, porque también regenta dos locales de apuestas en su Málaga natal. Siempre es una buena noticia que sigan proliferando estos negocios tan alegres, luminosos y en absoluto siniestros. Una vez presencié cómo un hombre se divertía con una tragaperras. Cada vez que introducía una monedita la máquina lo festejaba con un animoso: ¡Oh yeah!

El dinero de la universidad de los hijos, ¡Oh yeah! Los ahorrillos para ese viaje especial, ¡Oh yeah! Lo reservado para cualquier imprevisto, ¡Oh yeah!

Uno de sus locales está situado en una avenida dedicada a la escritora Jane Bowles. Siento debilidad por esta creadora singular, que murió en la capital malagueña en el más absoluto olvido. Y me parece un homenaje precioso que de vez en cuando de la boca de Carlos Aranda salga su nombre: “Hermano, deja las bolsas llenas de dinero en el local que está en la avenida Jane Bowles”, por ejemplo.

Lo cierto es que no fue muy prolífica (su autoexigencia era como una losa) y solo publicó una única novela, Dos damas muy serias (el título es irónico porque las protagonistas son muy extravagantes). Quizá si hubiera conocido a nuestros amigos habría alumbrado otra: Dos exfutbolistas muy honrados.

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