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Estas negociaciones son solo un ensayo

Es preciso aprender no solo a escuchar a los otros sino a entenderlos, diferenciando los fines de los medios, optando por ganar aunque sea a costa de renunciar a tener la razón

Sesión constitutiva de la XIII Legislatura del Congreso de los Diputados.
Sesión constitutiva de la XIII Legislatura del Congreso de los Diputados. EL PAÍS

Las negociaciones para formar gobiernos se están produciendo en un escenario con, al menos, dos novedades: el aumento del número de actores en negociación y la simultaneidad de partidas en juego. Desde la Transición no se vivía una situación semejante en España, con los ayuntamientos, diputaciones provinciales, la gran mayoría de las comunidades autónomas y el propio gobierno del país en liza, sin olvidar las alianzas de cada formación en el Parlamento Europeo.

Estos dos elementos cambian por sí solos las reglas del juego y obligan a adoptar estrategias apropiadas. Tanto, que quien renuncie a la estrategia y opte por la táctica es muy probable que se vea abocado al fracaso en unos meses. No hay más que mirar a Andalucía. Por otro lado, no se puede olvidar que en contextos multipartidistas como el actual las líneas rojas entre fuerzas democráticas suelen ser sinónimo de debilidad, y gana más quien más capacidad de acuerdo tiene, en la medida en que tendrá más posibilidades de elegir socios. Es decir: no hay mejor cordón sanitario a la extrema derecha que disponer de varios posibles socios con los que articular mayorías. El verdadero límite es la propia democracia y la auténtica frontera la coherencia de políticas.

Esto supone todo un aprendizaje en el momento actual, y es imprescindible que tanto los partidos cuando negocian como la sociedad cuando valora esos movimientos, entiendan bien la dinámica. Porque si estos acuerdos nos parecen complejos, los veremos como un mero ensayo cuando los comparemos con los que será preciso poner en marcha de inmediato a la hora de desarrollar y aplicar cada pacto de gobierno. Los grandes retos a los que nos enfrentamos, esos a los que deberán dar respuesta las políticas públicas, son de una dimensión tal que van a requerir disponer de un gran acervo, experiencia y aprendizaje acerca de los pactos y el manejo de los acuerdos y los desacuerdos. Es preciso aprender no solo a escuchar a los otros sino a entenderlos, diferenciando los fines de los medios, optando por ganar aunque sea a costa de renunciar a tener la razón.

La crisis climática, el desafío demográfico, el reto de gestionar correctamente los fenómenos migratorios o la revolución digital con la inteligencia artificial en cabeza van a exigir acuerdos profundos y transversales con todos los agentes políticos, sociales y económicos; políticas integrales en una gobernanza compleja de lo local a lo global y viceversa; definición de objetivos comunes que den cabida a las múltiples diversidades, y un amplio margen de maniobra para llevar a buen puerto cada uno de esos retos. En ello nos jugamos nuestra supervivencia como especie, la cohesión de nuestras sociedades y la propia democracia. Más valdrá, por tanto, que vayamos aprendiendo.

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