Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
BLOGS Por ANA ALFAGEME

Sí, mi gata pasa de mí ¿y qué?

Sobre la (científicamente demostrada) indiferencia felina ante las indicaciones humanas

¿Qué miras?
¿Qué miras?

Cuanto adoptas un gato sucede una cosa muy curiosa. Te conviertes en un referente felino para familiares y amigos. Y cada vez que les llega por WhatsApp una foto o un vídeo gracioso, ¿a quién se lo mandan? A ti, claro, que para algo tienes gato y obviamente solo te interesan las fotos y los vídeos de gatos.

Dentro de esa categoría de personas que piensan en ti cuando ven un gato habrá dos tipos: los que te lo mandan con mucho amor y los que lo hacen para tocarte las narices. Los familiares suelen estar en el primer grupo: debo de tener 50 vídeos diferentes de compilaciones de los mejores momentos de la historia de los gatos enviados por mi madre y mis tías. En el segundo, cómo no, están los amigos, que son más dados a enviar noticias que ponen de manifiesto algunas de las múltiples cualidades por las que los gatos tienen tan (injustificada) mala prensa: su maldad, su pasotismo, su capacidad para liarla cuando parece imposible… Te mandan noticias acompañadas de un comentario cargado de maldad: “Mira lo que dicen de los gatos”. Y tú lo lees con tono de niño repelente: “Miri li qui dicin di lis guitis”

Hace unas semanas comenzaron a llegar a mi móvil mensajes con un enlace a una información que hacía referencia a una investigación publicada por la revista Nature (vaya frase más larga que acabo de escribir, por cierto. Espero que hayáis llegado con aliento al final). La investigación decía, básicamente, que los gatos identifican cuándo se los llama por el nombre. Que ustedes dirán, “pues vaya mérito”, pero claro, la prensa supo coger la percha y tituló con mucho más gancho: Tu gato pasa de ti y lo hace conscientemente, decían principalmente los titulares. (Quiero aclarar que los enlaces que me llegaron eran de noticias en español. A ver si van a pensar que mis amigos leen Nature. O peor aún, a ver si ellos van a pensar que de aquí se sobreentiende que la leen).

El resumen del estudio es que los gatos parecen diferenciar su nombre de otras palabras (ojo, los gatos que viven con otros gatos tienen un buen mejunje en la cabeza) y que si no nos hacen caso es porque no les da la gana. Es gracioso: menos del 10% de los gatos que participaron en el experimento respondió a su nombre emitiendo algún sonido, moviendo la cola y desplazándose. Ya se sabe que ir para nada es tontería.

¿Tengo cara de acatar órdenes?
¿Tengo cara de acatar órdenes?

Yo me pasé varios meses pensando que Mía, mi gata, era sorda. Le decía que no se subiera a la encimera, que no rascara el sofá… y ella ni me miraba. Luego ya me di cuenta de que sencillamente pasaba de mí. No solo no es sorda, sino que es capaz de distinguir el sonido de la puerta de la nevera en función de si la abro para darle comida húmeda o para otra cosa que no tiene nada que ver con ella.

“Aclarar aún más las habilidades de los gatos con respecto a la comunicación entre humanos y gatos mejoraría potencialmente el bienestar de los humanos y los gatos”, dice el estudio, que añade: “podemos utilizar la capacidad de los gatos para mejorar su calidad de vida”. A ver, que no. ¿De verdad los científicos encargados de este estudio no tenían un amigo con gato a mano para hacerle un par de preguntas? ¿Acaso no saben que el nivel de la calidad de vida de un gato en una casa lo decide el propio gato?

He intentado ponerme en contacto con una de las responsables de la investigación, Atsuko Saito (Universidad de Tokio), pero no he obtenido respuesta (aún). Hace años había participado en otra publicación en la que asegura que los gatos pillan perfectamente a qué están sus dueños (si les van a dar comida o no, se entiende). Entre los muchos campos en los que es experta, según el perfil de la página de la universidad, está la etología.

A veces hago como que escucho.
A veces hago como que escucho.

En realidad, solo quería hacerle una pregunta, que es muy sencilla pero que al mismo tiempo daría respuesta a todo. Por si acaso me lee: ¿Tiene usted gato? Si es que no, debería adoptar uno (por su felicidad y para poder hacer los experimentos en casa, que supongo que es más cómodo). Si es que sí: no me explico que fuera necesaria tanta prueba para llegar a una conclusión tan palmaria: los gatos lo saben todo —incluidos sus nombres, claro— y pasan de todo. Hasta que dejan de pasar de todo. Haríamos bien en empezar a investigar en serio sobre los planes que tienen para la humanidad, una vez terminen de controlarla. No debe de quedar tanto. A ver qué mensajes mandan nuestros amigos cuando llegue el día. 

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >