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Qué hacer (y qué no hacer) cuando a los niños les duele la espalda

Cada vez más menores sufren de esta afección. Para prevenirla, las claves están en el ejercicio, el peso de la mochila, el colchón y no hacer reposo en cama

El sedentarismo y los nuevos hábitos de ocio de nuestros hijos podrían ser los culpables. Pantallas y dispositivos electrónicos están ganando tanto terreno en el tiempo libre de los niños que también están haciendo mella sobre sus espaldas. Más propio de los adultos, el dolor de espalda afecta a un 51% de los niños y un 69% de las niñas menores de 15 años. “Si algo puede estar influyendo en el aumento de este tipo de molestias, probablemente sea la disminución de los hábitos físicos de los niños”, afirma el Dr. Francisco Manuel Kovacs, director de la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE). El experto, que también pertenece a la Unidad de Espalda Kovacs del Hospital Universitario HLA-Moncloa, advierte que esta realidad también puede influir en el futuro de los pequeños, ya que “es probable que los niños que se quejan de dolor de espalda hoy, sean adultos que lo padezcan de manera crónica mañana”. Por eso, la prevención a tiempo se nos antoja imprescindible.

¿Por qué duele la espalda?

Antiguamente, se asumía que a los niños no les dolía la espalda. ¿Es que cualquier tiempo pasado fue mejor? No necesariamente. La realidad es que hasta hace poco no se hacían estudios. “Eso sí, los pequeños corrían, se subían a los árboles, se movían mucho y, en general, su estado físico era mejor”, asegura el experto. Y, además, casi no se consultaba al médico por esta causa. Hoy, el 23% de los menores acude al pediatra por molestias en la espalda.

La columna se mantiene erguida debido a la tensión de la musculatura. Kovacs lo explica con un ejemplo: “Es como el mástil de un barco (columna) que resiste gracias a fuertes cuerdas (músculos potentes) que lo mantienen en su lugar”. Nos alejamos, entonces, de la idea de que la espalda duele por un problema en las vértebras en sí mismas. “En el caso de los adultos, de cada 100 pacientes que acuden al médico por dolor de espalda, uno se debe a una enfermedad ajena a ella. De los 99 restantes, a cuatro les duele por una causa estructural (hernias o estenosis espinales). El 95% que queda tiene dolores inespecíficos, relacionados con un mal funcionamiento de la musculatura, no del hueso”, resume el investigador. Este cuadro podría ser extrapolado al mundo infantil, con el matiz de que las hernias y estenosis son casi inexistentes en los menores, por lo que “en la inmensa mayoría de los niños, el dolor de espalda se debe a un mal funcionamiento de su musculatura abdominal y paravertebral”.

Mucho tienen que decir también los fisioterapeutas. María Cruz Gómez Alcántara, del Comité Científico de la Campaña Prevención del Dolor de Espalda en Escolares y del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid, indica que entre los motivos de dolor de espalda destacan los malos hábitos posturales. “No tanto que estén mal sentados, sino que lo hagan durante mucho tiempo. No estamos ‘diseñados’ para ello”, dice. Otro factor es que “hasta un 40% de los niños y niñas españoles tiene sobrepeso u obesidad, una de las tasas más altas de Europa”, señala la experta. Un tercer agravante son las mochilas que, teóricamente no deberían pesar más del 10% del peso corporal del niño, pero que en la práctica muchas superan el 20%. El Dr. Kovacs matiza que “además del peso, es el tiempo que las llevan a cuestas”.

La edad a la que estar alertas

Según los expertos, el dolor de espalda en niños menores de 8 años es excepcional. “Si un niño de esa edad se queja de dolor, conviene llevarlo al médico para descartar otras patologías”, advierte el Dr. Kovacs. “A partir de los 9, la frecuencia aumenta progresivamente, y hacia los 16 años, esta ya es bastante similar a la de los adultos”, afirma.

Afecta más a las niñas

Estadísticamente parece que la espalda duele más a niñas que a niños. Pero es que sucede así a todas las edades: en general, las mujeres sufren más estas molestias que los hombres. “Esta diferencia se atribuye a que, a veces, se confunde con los primeros dolores menstruales y a las hormonas, que influyen sobre un menor desarrollo de la masa muscular femenina, restándole su función protectora”, acota el director de REIDE.

El fantasma de la escoliosis

Una de las dolencias de espalda en la edad infantil más conocidas es la escoliosis. Ante la sola palabra nos asalta la imagen de niños armados con aquellos corsés de escayola. “La escoliosis supone que la espalda forme una o varias curvas hacia los lados, pero, contrario a lo que creemos, no duele. Esto, incluso se ha demostrado en seguimientos a muchos años”. Por lo tanto, estamos frente a una patología que no es la causante directa del dolor. La escoliosis idiopática, la más habitual, es aquella en la que la espalda se tuerce más de la cuenta. Es una alteración estructural de la columna, que nada tiene que ver con las posturas del niño, pero sí tiene un componente genético. “Intervienen dos grupos de genes, algunos que participan en su aparición y otros, en su progresión”. La buena noticia es que no solo nos podemos quitar esa angustiosa imagen de la cabeza y quedar tranquilos porque no es la causante del dolor, sino que, además, salvo casos excepcionales, la cirugía está cada vez menos recomendada. “Solo se justifica en casos de malformación vertebral (vértebras fusionadas, por ejemplo) o cuando compromete a algún órgano (corazón, pulmón,...)”, señala el Dr. Kovacs. Y en el caso del corsé, solamente ha de indicarse en fases específicas y determinadas del desarrollo, en las que puede reducir unos pocos grados de escoliosis. “Sin embargo, el impacto psicológico del niño es tan grande que hay que ser prudentes, porque resulta desproporcionado para solo reducir cuatro grados. De usarlo, debe ser sistemáticamente, de los que se quitan y ponen, y como mínimo durante tres horas seguidas”.

Lo que conviene (y no conviene) hacer cuando duele

Los niños no tienen porqué sentir dolor de espalda ni creer que ese dolor será siempre parte de su vida. Para prevenirlo, estos son algunos buenos consejos:

1 Ejercicio, el que quiera pero que lo haga.

“Lo ideal sería que los niños se acostumbraran a hacer actividad física desde pequeños tanto para prevenir el dolor de espalda durante su infancia como para adquirir un hábito que después, de adulto, puede resultar más difícil de incorporar a su día”, recomienda el experto de REIDE. “Cualquier ejercicio es mejor que nada y lo importante es que lo mantenga en el tiempo, ya que sus efectos empiezan a las seis semanas”.

2 Las características de la cama.

El niño tiene que caber bien en ella y el colchón más adecuado es el de firmeza intermedia. “Debe ser lo suficientemente dura para no deformarse y mullida, para adaptarse a la curvatura de la espalda”, detalla Kovacs.

3 Mochila: ¿sí o no?

La fisioterapeuta María Cruz Gómez opina que, en un mundo ideal, los niños y adolescentes no llevarían mochila. Sin embargo, la realidad es que necesitan llevarla. Para que esta dañe lo menos posible la espalda, recomienda que “sea una mochila tradicional, de dos asas acolchadas, ajustada al tamaño del niño, de tal manera que quede entre la cabeza y la pelvis. Los objetos del interior deben colocarse en la parte trasera los más grandes y los más pequeños, en la delantera”. En cuanto a las mochilas con ruedas, son buenas herramientas si se usan bien. “El gran problema es que la inmensa mayoría las usa mal”, afirma la fisioterapeuta: “En lugar de empujarlas (como los carros de la compra), tiran de ellas y esto puede causar lesiones en la rotación de la columna y cintura escapular”.

4 No guardar reposo en cama.

“Tras 48 horas de reposo, se pierde tono muscular, lo que contribuirá a tener más dolor”, señala el Dr. Kovacs. Por eso, los expertos coinciden en su recomendación de “seguir haciendo toda la actividad que no aumente el dolor”. En caso de dolor agudo, lo más importante es ponerse en manos de un profesional.

3 estiramientos para disfrutar en familia

Desde el Colegio de Fisioterapeutas nos recomiendan estos estiramientos que servirán tanto a niños como adultos a tener una espalda sana.

GATO - CAMELLO: A cuatro patas, las manos a la altura de los hombros y las rodillas a la altura de las caderas.

Arquear la espalda hacia abajo, sacando hacia fuera el trasero y el abdomen y mirando hacia el techo. Mantener 3 segundos.

Arquear la espalda hacia arriba, metiendo el trasero y el abdomen, colocando la cabeza entre los brazos.

MEDIA LUNA: De pie, pies juntos, colocar los brazos por encima de la cabeza con las manos entrelazadas.

Inclinar el cuerpo hacia un lado. Mantener 5 segundos e inclinar hacia el otro lado.

NOS ESCONDEMOS: Empezar a cuatro patas.

Ir hacia atrás hasta sentarse en los talones, esconder la cabeza, pegar la frente y la nariz al suelo y estirar ambos brazos hacia delante juntando las palmas.

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