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La vida a los 80 años de Ali MacGraw, la eterna protagonista de ‘Love Story’

La actriz, marcada por su tormentoso matrimonio con Steve McQueen, vuelve a ser imagen de una campaña de Chanel, la marca que la lanzó a finales de los años sesenta

Ali MacGraw  en la presentación de la colección crucero de Chanel, el pasado viernes en París.
Ali MacGraw en la presentación de la colección crucero de Chanel, el pasado viernes en París. GtresOnline

A lo largo de la historia existen personas a las que un hecho les marca para siempre. En el caso de Ali MacGraw su vida cambió cuando Chanel decidió que su rostro protagonizara la campaña de sus cosméticos en 1966. Aquello desencadenó una sucesión de circunstancias que hicieron que la joven que nació en Nueva York en el seno de una familia de artistas bohemios se convirtiera solo cuatro años después en la protagonista de Love Story, la película en la que tuvo como compañero de reparto a Ryan O'Neal y cuyo éxito la ha perseguido hasta nuestros días.

MacGraw cumplió el pasado 1 de abril 80 años y, en una de esas carambolas a los que nos tiene acostumbrados el devenir de los años, ha vuelto a ser noticia por convertirse de nuevo en el rostro de Chanel, esta vez para una campaña de relojes. Atractiva y serena en la madurez de su avanzada edad, la actriz ha vuelto a despertar la curiosidad de aquellos que se reencuentran con quien se convirtió en icono del amor con mayúscula. Y también ha descubierto a los más jóvenes que reivindicar una imagen menos sofisticada y más natural no es un invento de esta época porque ella ya convirtió en bandera, hace varias décadas, esa forma de presentarse. “En los últimos años de la década de los sesenta, los códigos de vestimenta ya estaban rotos para fotos, ya fueras rico o no, famoso o anónimo. Se apreciaba la individualidad y si te construías un look y te sentías cómodo con él, a tu propio rollo, a todo el mundo le parecía estupendo”, afirmó en una entrevista en 2017. “Tener que regirse por una perfección absoluta es asfixiante, y en los sesenta por primera vez se rompía esa idea. Para las chicas de internado y uniforme que siempre habíamos querido ser perfectas la elección era fácil. Aquello era mucho más divertido”, añadió.

Lo fue entonces pero durante los primeros años de su vida Ali MacGraw se empeñó en ser perfecta para tratar de controlar el caos que existía en su vida familiar. Sus padres la criaron, junto a su hermano Richard, en una reserva natural en Pound Ridge, próximo a Nueva York, donde vivían en una casa pequeña con una pareja de ancianos. No había mucho dinero pero sí esa fuerza creativa que habituó a sus hijos a ser sensibles al asombro. La forma de ser de sus padres la empujó a estudiar Historia del Arte en el Wellesley College de Cambridge (Massachusetts), pero ver a su padre golpear violentamente a su hermano también generó ese afán suyo por salir del caos.

Ali MacGraw y Ryan O'Neal, en la escena de su boda en la película 'Love Story'.
Ali MacGraw y Ryan O'Neal, en la escena de su boda en la película 'Love Story'.

En 1960 fue asistente durante seis meses de la famosa columnista y editora de moda Diana Vreeland en la revista Harper’s Baazar. Después llegó la campaña de Chanel y de ahí su salto al cine. Su primera película conocida fue Goodbye Columbus, en 1969, y después llegó Love Story que tuvo siete nominaciones a los Oscar y por cuya interpretación Ali MacGraw recibió el Globo de Oro en la categoría de actriz revelación. El melodramático personaje que encarnó en el filme, un amor sublime hasta su temprana muerte, no se repitió en su vida real. En 1961 McGraw se había casado con Robin Hoen, un guapo estudiante de Harvard de quien se divorció solo un año después. En 1971 volvió a pasar por el altar con Robert Evans, un ejecutivo del estudio Paramount Pictures a quien había conocido durante el rodaje de Love Story y que fue el padre de su único hijo, Josh, que en la actualidad tiene 48 años y también trabaja en el mundo del cine como guionista y actor. Poco después su marido producía una nueva película en la que contó de nuevo con ella, La huida, y el nombre pareció profético, porque durante el rodaje se enamoró perdidamente de Steve McQueen y con él llegó a su tercer matrimonio en 1973.

El caos volvió a la vida de Ali MacGraw que durante cinco años se convirtió en la sumisa esposa de un marido infiel, celoso y sumido en adicciones que en la vida real le alejaban de la imagen de hombre seguro y triunfador que tenía para los amantes del cine. “Era tremendamente inseguro y peligroso”, confesó MacGraw en el documental I am Steve McQueen, producido por Chad, el hijo pequeño del actor. “Cuando era bueno, era muy bueno. Pero cuando era malo… se volvía horrible”, explicó entonces la actriz.

Ali MacGraw y Steve Macqueen durante el rodaje de 'La huida', el filme durante el que se enamoraron.
Ali MacGraw y Steve Macqueen durante el rodaje de 'La huida', el filme durante el que se enamoraron.

Se separaron en 1978, pero esos años fueron su dicha y su trampa. Ella dejó casi todo para permanecer en un segundo plano y tratar de ser la mujer perfecta para aquel hombre que hacía furor entre las féminas de la época y, aunque tras el divorcio volvió al cine, ninguno de sus siguientes títulos la situaron en el lugar que había alcanzado a principios de los setenta.

Aun así nadie ha olvidado a la protagonista de Love Story. En 1986 ingresó en la Clínica Betty Ford en California. Se presentó así: “Me llamo Ali, soy alcohólica y dependiente de los hombres”. En 1991 la revista People la proclamó “una de las bellezas más destacadas del mundo” en su portada. En 1993 se trasladó a vivir a Santa Fe (Nuevo México) después de que un incendio arrasara su casa de Malibú, el único bien que poseía. Debutó en Broadway a los 67 años y participó en la serie Dinastía. Retirada del cine desde hace años, sigue relacionada con el mundo del arte a través de la moda, con una marca artesanal que bautizó Ibu y, ahora, con su retorno como imagen de Chanel. Fiel a su estilo volvió a enamorar a sus fieles el pasado viernes en el desfile de la colección crucero de la marca, donde volvió a demostrar con su estilismo que los excesos los dejó atrás y a la hora de vestir es fiel seguidora del “menos es más”.

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