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Europa, raptada a los votantes

Es incomprensible que un tema crucial haya estado ausente de la campaña

Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Pablo Casado y Albert Rivera el pasado lunes en el debate de TVE.
Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Pablo Casado y Albert Rivera el pasado lunes en el debate de TVE.

La preocupante ausencia de Europa durante la campaña electoral afecta al control democrático de la ciudadanía, a la que sorprendentemente se le ha hurtado un debate sobre la situación y el futuro de la Unión. Los proyectos políticos que cada uno de los candidatos tiene sobre Europa son una cuestión de máxima relevancia para España y, por tanto, es en esta campaña y no en la que tendrá lugar en mayo donde deberían haberse dirimido. El próximo domingo los votantes elegirán al presidente del Gobierno, que se sentará en el Consejo Europeo representando a España. El jefe del Ejecutivo tiene hoy una importante capacidad de influencia sobre la toma de decisiones en Europa. Al sustraerse a los electores la discusión sobre la agenda europea se les deja a ciegas sobre cómo hará el próximo presidente uso de esas atribuciones.

Esta reprobable ausencia es aún más asombrosa teniendo en cuenta el delicado momento en el que se encuentra la UE, en puertas de un nuevo ciclo político que decidirá toda su arquitectura de poder y donde el Gobierno participará en la adopción de cruciales decisiones. Tales negociaciones no dependen tanto del resultado de las elecciones europeas de mayo como del Ejecutivo resultante de las urnas este próximo domingo.

La delicada situación que vive la Unión se ve agravada por el Brexit y por la inestabilidad de sus vecinos. Se enfrenta, además, a la emergencia de grandes potencias con una lógica y lenguaje hostiles a lo que la Unión representa, y tiene que dar respuesta a los profundos cambios globales que están favoreciendo el auge y llegada de Gobiernos ultras al poder.

La globalización y sus efectos en la distribución de la renta, los movimientos migratorios, el cambio climático, las transformaciones democráticas y sus implicaciones sobre la economía y el mercado laboral, la discusión sobre la moneda única y su imprescindible reforma, son retos que solo pueden abordarse a escala europea y afectan al control democrático ciudadano de cada uno de los países miembros. Sería impensable que Alemania, consciente de su poder y responsabilidad en Bruselas, obviara este debate en sus comicios nacionales. Pero también que lo mismo sucediera en Francia o Italia.

Si es cierto que el momento actual significa una ventana de oportunidad para España en términos de influencia y liderazgo en la Unión, es sorprendente que no se haya hecho a la sociedad partícipe del debate sobre el modelo de Europa que cada cual piensa defender. Este debate es más importante si cabe en un momento en el que el consenso sobre la vocación europeísta puede romperse con la llegada de Vox a las instituciones, un partido que no ha dudado en cuestionar elementos básicos del proyecto comunitario. Ahora que Europa va a necesitar de esa defensa activa en nuestro país y que la fuerza de ultraderecha puede convertirse en una pieza clave para el apoyo o la conformación de un Gobierno, el estruendoso silencio sobre ello en campaña resulta absolutamente incomprensible. Los ciudadanos tienen derecho a saber qué papel quiere jugar el futuro Ejecutivo en Europa y qué modelo va a defender.

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