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La siempre ausente

Lo paradójico es que carece de sentido toda afirmación de política económica o fiscal o la mención de cualquier reforma que exija algún gasto que no tenga en cuenta nuestra adscripción a la Eurozona

Pablo Casado saluda a unas vecinas este viernes en Pamplona. rn
Pablo Casado saluda a unas vecinas este viernes en Pamplona. EFE

La política es local, siempre encuentra grandes dificultades para salir de lo más parroquial e inmediato. Por eso, en las campañas electorales apenas interesan los temas de política europea o internacional, y ni siquiera ya casi los propios programas electorales. Volvemos a lo primario, a las divisiones tribales, a los criterios de orientación más simples: los que son como nosotros frente a los otros, en cualesquiera que sean las dimensiones de la identidad particularista. O a la satisfacción del interés más próximo. Quizá porque, como decía el profesor Murillo, el hombre es un animal de cercanías.

Eso ocurre en todas partes. Recuerdo que en las dos últimas campañas electorales alemanas los políticos de a pie hablaban más de guarderías que de Europa. En los debates públicos se introducía el tema porque así lo exigía el guión, no porque saliera espontáneamente de las fuerzas políticas o de los mismos ciudadanos. Todos sabemos, sin embargo, que hoy lo local está enhebrado de modo inextricable a una red de fuerzas más amplia. Pero esto no lo “sentimos”. Y como el modelo de liderazgo que se ha impuesto es el de seguir a las emociones de las masas en vez de hacer que estas le sigan a uno, al final se desvanecen las visiones que tratan de abstraerse de lo más próximo e inmediato.

La gran afectada, la siempre ausente, es Europa. Y cuando toca hablar de ella, como en las elecciones europeas, la campaña se contamina inevitablemente de las cuestiones de política nacional. En nuestro caso, su coincidencia con las municipales y autonómicas amenaza además seriamente con que desaparezca como objeto de debate. Lo paradójico es que carece de sentido toda afirmación de política económica o fiscal o la mención de cualquier reforma que exija algún gasto que no tenga en cuenta nuestra adscripción a la Eurozona y la necesidad de ajustarse a sus dictados.

Los políticos lo saben pero lo callan. Prefieren la seguridad del discurso de toda la vida que tan bien conocemos. También porque en el fondo desconocen la complejidad propia del modelo de gobernanza multinivel. Han crecido en una escuela de asignatura única, la de aprender a oponerse a un adversario. Complementada a veces con enseñanzas sobre cómo funcionar con tópicos y frases hechas. Sin embargo, nuestro futuro inmediato no se va a dirimir en mítines o debates televisivos, sino en tensas reuniones con nuestros socios europeos.

El problema es que no sabemos siquiera cómo evalúan nuestros líderes la preocupante situación de la UE o qué van a hacer para enmendarla y garantizar a la vez los intereses nacionales. Lo intuimos respecto al PSOE porque está firmemente anclado en la posición que al respecto sostiene la socialdemocracia europea, y porque Sánchez ya ha tenido tiempo para socializarse en sus dinámicas. Y respecto de Vox, porque participa de la alianza nacionalpopulista de liquidación de Europa. De los demás tenemos vagas referencias programáticas. Esperemos que alguien consiga colocar el tema en los dos debates televisivos para que estos no queden demediados.

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