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HARRY PATER OPINIÓN i

‘La llamada’ | ¿Preparados para decidir el campamento de verano?

Los padres con horarios fijos necesitan tener a la prole colocada desde San Juan, mientras sincronizan su vida familiar con la típica presión laboral

Como autónomo que no sabe ni sus horarios de la semana que viene, siempre me ha fascinado la gente que a principios de año ya tiene reservado el apartamento o los billetes para irse de vacaciones en Semana Santa y en verano. Esto de conocer cómo te irá el año así en plan super Google Calendar no sé si resulta muy tranquilizador… o muy aburrido.

Pero al escolarizar a la niña nos encontramos con una presión similar: el auge de los campamentos (también conocidos en Cataluña como casals, colònies o esplais, aunque cada término implique cosas diferentes).

A falta de una nomenclatura específica, para no liarnos y aunque la RAE lo defina como “lugar al aire libre” o “ir de acampada”, aceptaremos “campamento” como cualquier actividad con profesionales que distraigan a los niños cuando se acaba el curso escolar, aunque a veces se hagan en la típica casa enorme en plena naturaleza o aunque tengan lugar en el mismo centro educativo donde están matriculados durante el año.

Los padres con horarios fijos necesitan tener a la prole colocada desde San Juan mientras sincronizan su vida familiar con la típica presión laboral. Y las empresas lo saben, porque sueltan a sus vendedores famélicos a la caza de inscripciones.

Cual promotores de bares o discotecas que te dan su tarjetita y te invitan a un chupito, ahora rondan por la salida de los colegios (o a veces dentro del propio colegio con circulares informativas muy coloridas) profesionales del spam, que te empiezan a bombardear con ofertas, precios y oportunidades.

Entonces, los grupos de WhatsApp y los corrillos en las salidas de los centros bullen cual periodistas en la noche del recuento electoral. “¿A qué campamento vais a apuntar al vuestro? Porque así van juntos”, “¿Tenéis referencias de este? ¿Por qué no hay un trip advisor de campamentos?” y el siempre constante “No sé si el crío se adaptará bien”. Porque muchas veces, aunque se desarrollen en el propio colegio que ya es un entorno más que conocido, de las actividades se encargan nuevos tutores y monitores y no todos los niños aceptan con rapidez que les cambien el elenco de la serie a mitad de temporada.

Además, también influye el precio. Aunque incluyan las comidas, en Barcelona rondan los 100 o 120 euros por semana. Tener una canguro solo para vosotros saldría mucho más caro, pero el impacto económico de varias semanas es considerable. Y si tienes dos hijos o más casi te sale más a cuenta cogerte una excedencia y llevártelos de vacaciones tres meses.

Por mucha campaña de conciliación que haga Unicef y por mucho que divaguemos sobre pasar tiempo de calidad con nuestros críos, la diferencia entre las vacaciones infantiles y las adultas seguirá obligando a hacer malabarismos familiares unos cuantos años más. Algunos usarán la paga doble para pagar las actividades veraniegas, otros recurrirán al Campamento Abuelos y como siempre en este país los autónomos intentaremos cuadrar el círculo.

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