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t.A.T.u.: cómo uno de los timos más grandes del pop consiguió ayudar a miles de adolescentes

Hace veinte años un psicólogo infantil urdió un plan para conquistar el mundo del espectáculo desde Rusia. Y lo consiguió. Pero pronto llegó la oscuridad. Cómo fue aquello, dónde están hoy los protagonistas y por qué supuso una liberación para muchos jóvenes

TATU
Yulia Volkova y Lena Katina fueron las t.A.T.u., un inaudito (y exitoso) dúo manufacturado en el que dos adolescentes que no tenían ni una relación de amistad simulaban ser pareja. En la imagen, el dúo durante los MTV Movie Awards de 2003. Foto: Getty

Lena Katina solo había besado a un chico antes de besarse, una y otra vez, con Yulia Volkova delante de millones de personas. Juntas llevaron a t.A.T.u. a convertirse en la mayor sensación musical rusa desde Chaikovski: números uno mundiales, censura en la televisión estadounidense, polémica en Eurovisión y una generación de adolescentes extasiada ante el triunfo de su amor contra la adversidad. Pero todo resultó un montaje de un mánager que, tras descubrir en 1999 el éxito de las páginas porno de lesbianas en Internet, se propuso adaptarlo a un producto pop. Lena (Moscú, 1984) y Yulia (Moscú, 1985) ni siquiera eran lesbianas. Y tampoco tomaban decisiones.

Detrás de aquella fantasía se escondía un mánager despiadado cuya única orden era: "Haced lo que yo diga". Él tenía 33 años. Ellas, 15

El responsable máximo de este glorioso timo pop fue Iván Shapovalov (Rusia, 1966), un psicólogo infantil reconvertido en director de publicidad y productor musical. Shapovalov hizo un casting en Rusia a más de 500 niñas. Así nació t.A.T.u. (acrónimo de aita devochka liubit tu devochku: esta chica ama a esa chica), un dúo inspirado en la película sueca Fucking Amal que contaba la historia de amor entre dos colegialas. “Un día estábamos ensayando e Iván dijo: 'Me falta algo... vais a besaros. Nosotras nos morimos de la risa: 'Sí, claro'. Iván se pone serio: 'Venga, a trabajar'. Yulia se me acerca y yo me siento extraña, pero a la vez curiosa. En ese momento Iván se convirtió en una autoridad y sus experimentos se resumían en una frase: 'Haced lo que yo diga'. Por ejemplo, le pedía a Yulia que se desabrochase el cinturón o que me pasase la mano por debajo de la camiseta”, recordó Lena (la pelirroja) en 2011 a la revista The Caravan. Era 1999. Shapovalov tenía 33 años. Ellas, 15.

En 2002, una década después de la caída de la Unión Soviética, t.A.T.u. lideró la reconquista cultural rusa con su álbum 200 km/h in the Wrong Lane (A 200 km/h por el carril equivocado). Su estética de lolita militar/emo/grunge/chic/anime (los primeros 2000 fueron años duros para la ropa) fue imitada por millones de adolescentes. En el vídeo de All the Things She Said, rodado por Shapovalov, aparecían vestidas de uniforme de escuela, mojadas bajo la lluvia y besándose observadas por una docena de adultos (¿voyeurs?) con mirada desaprobadora desde detrás de una valla con alambre de espino como el de un campo de concentración. Fue número 1 en toda Europa.

All the Things She Said, producida por el legendario Trevor Horn (el mismo de Video Killed the Radio Star o Relax), tenía la estructura sónica de un edificio derrumbándose y la escala de una instrucción militar. Esta canción va más allá que una efectiva pieza pop: sus capas narrativas van desde la ilusión ante un despertar sexual hasta el poder de persuasión (“todas las cosas que ella dijo recorren mi cabeza”, sugiere que hay una que convence a la otra), los remordimientos (“dicen que es culpa mía, pero lo deseo tanto”) y la aceptación familiar (“papá, mírame y dime lo que ves”). Su barroquismo tanto musical como emocional la convirtió en un himno para los adolescentes LGTB y también para los heterosexuales, porque capturó todas las emociones melodramáticas que cualquiera atraviesa con su primer amor.

El mánager les decía que hicieses cosas como las que aparece en la imagen. Aquí están en la cumbre de su éxito en los MTV European Music Awards de 2002.
El mánager les decía que hicieses cosas como las que aparece en la imagen. Aquí están en la cumbre de su éxito en los MTV European Music Awards de 2002. Foto: Getty

Varios medios de Europa occidental pidieron la censura de t.A.T.u. Un presentador británico las definió como “pop pedófilo”. Las criticas contra la explotación erótica de dos chicas menores de edad (apelando, además, al imaginario del turismo sexual en Europa del este que convertía a su mánager y creador en una especie de proxeneta) se agolpaban con las críticas contra su “apología de la homosexualidad”.

Pero cualquier tipo de desaprobación no hacía más que reforzar el producto: si los adultos las reprobaban, los adolescentes se aferrarían más a ellas como un símbolo de rebeldía. Las t.A.T.u. hacían pop comercial, pero su repercusión era puro rock and roll. Durante un concierto, un tipo apareció con una pancarta en una mano y un cuchillo en la otra. En otra ocasión les tiraron botellas desde el foso. Cuando les pedían autógrafos reaccionaban con agresividad gritando “niet!” ("no" en ruso). Para muchos adolescentes, recién salidos de idolatrar a las Spice Girls y los Backstreet Boys, t.A.T.u. eran las primeras artistas sexualmente libres y desafiantes que conocían (Madonna, en aquella época, estaba a por uvas místicas).

Su gran éxito, 'All the things she said', fue acompañado por este vídeo que escandalizó a los adultos rusos y abrió los ojos miles de adolescentes.

Lena y Yulia huían de los periodistas agarradas de la mano y, cuando las alcanzaban, se besaban apasionadamente. En las sesiones de fotos posaban, sin que nadie se lo pidiera, en camisetas interiores y bragas y se metían mano para el fotógrafo. Cuando la cadena NBC les prohibió besarse o hablar sobre la guerra de Irak, actuaron con camisetas que decían “puta guerra” en ruso (la emisión difuminó las letras) y se enrollaron durante 25 segundos (la cámara enfocó al guitarrista todo ese tiempo). Cuando después fueron a la ABC con las mismas camisetas, les pusieron unas encima que decía "Censored" y ellas escribieron “puta guerra” en la mano del presentador, Jimmy Kimmel. Esta vez la revolución rusa sería sexual. Y mundial.

“Escandalizar a la gente y observar sus reacciones se volvió un juego divertido”, explicó Lena Katina. “Iván construyó cierta aura de misterio a nuestro alrededor: nos prohibió conceder entrevistas y si interactuábamos con periodistas debíamos responder con monosílabos o con ambigüedad. Tampoco nos dejaba salir”, añadió. Yulia y Lena defendían la libertad para amar, pero jamás confirmaron en público que fuesen pareja. El mundo, sencillamente, asumió que lo eran porque no podía concebir que todo se tratase de una perversa maniobra publicitaria. “Yo lo veía como hacer un personaje en una película. Nunca he sido lesbiana, nunca me ha atraído una chica. Tuve mis dudas, porque estaba fingiendo ser algo que no soy, pero luego pensé que si podía ayudar a otras personas que sí lo eran, por qué no”, recuerda para Daily Beast Katina. 

El beso entre Julia y Lena, durante años marca de la casa y parte imprescindible de los espectáculos de t.A.T.u. La imagen se tomó en 2006 durante un concierto en Seúl.
El beso entre Julia y Lena, durante años marca de la casa y parte imprescindible de los espectáculos de t.A.T.u. La imagen se tomó en 2006 durante un concierto en Seúl. Getty Images

Esta actitud evasiva se fue volviendo hostil y, con 17 y 18 años, Yulia y Lena ya se comportaban como rockeras salvajes. Minutos antes de aparecer en un programa de la televisión de Japón (donde su estética de colegialas las convirtió en un fenómeno sin precedentes), Shapovalov les ordenó que se largaran del plató en medio de la entrevista. La sociedad japonesa lo consideró una falta de respeto insoportable y casi nadie acudió a sus conciertos posteriores.

Not Gonna Get Us (No van a alcanzarnos), de 2003, era otra canción pop hecha para triunfar. El vídeo recreaba la fantasía masculina (explotada unos años antes por Aerosmith en Crazy) de dos colegialas que se escapan a hacer travesuras en el mundo de los mayores. Iba a una velocidad frenética de huida hacia adelante, como si fuese imposible alcanzar la canción, y ellas la cantaban a medio camino entre un pitufo makinero y una adolescente borracha en una azotea. Ese registro imposiblemente alto resultó imposible hasta para ellas mismas, al ser incapaces de alcanzarlo en directo. Y mil millones de personas pudieron comprobarlo en vivo.

Su actuación en Eurovisión fue una de las más caóticas que se recuerdan en el festival: dos patos mareados desafinando todas y cada una de las notas con el número 1 impreso en sus camisetas, de tan convencidas que estaban de su victoria. Quedaron terceras

Eurovisión fue el principio del fin de  t.A.T.u. Ni ellas ni su mánager querían participar, pero el Gobierno ruso no les dejó otra opción: ellas eran sus mejores embajadoras en Occidente (“Moscú es el mejor lugar de la tierra”, aseguraba Lena a The Sidney Morning. Y añadía: “Es tan cálida, tan cercana, la gente es tan agradable. En Estados Unidos nadie conoce a su vecino, en Moscú si necesitas sal la pides en la casa de al lado”) y daba igual que nunca hubieran cantado en directo antes. O eso pensaban. Tras ensayar solo dos veces, su actuación en Eurovisión 2003 con Ne' Ver Ne Bojsia (No les creas, no les temas) fue una de las más caóticas que se recuerdan en el festival: dos patos mareados desafinando todas y cada una de las notas con el número 1 impreso en sus camisetas, de tan convencidas que estaban de su victoria. Quedaron terceras.

Antes de sacar su segundo disco, t.A.T.u. despidió a Shapovalov (quien se estaba quedando con el 95 % de los beneficios) y el embarazo de Yulia precipitó el final de la fantasía. Su comunicado oficial trató de hacer una contención de daños: “Muchos de nuestros fans de orientaciones sexuales alternativas sienten que les hemos mentido o les hemos traicionado. No es así. Nunca hemos hecho tal cosa y siempre hemos defendido el amor sin barreras”. No volvieron a conseguir ningún éxito.

Tras varios videoclips en los que ya no hacían de amantes, pero seguían explotando el erotismo controvertido (duchas en la cárcel, fusilamientos en ropa interior), t.A.T.u. se separó en 2011. Ya llevaban varios años dando entrevistas, grabando canciones y asistiendo a eventos por separado, pero su disolución les permitió reconocer en público lo cansadas que estaban la una de la otra y la alegría con la que se desharían, a los 27 años, de los uniformes de colegialas. En 2014 se reunieron para actuar en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Sochi en calidad de rusas más famosas del mundo. Pero aquel reencuentro, durante el que apenas se miraron a la cara, solo sirvió para que la opinión pública internacional condenase la hipocresía de su país: en 2014, t.A.T.u. no habría podido existir por culpa de la ley contra la propaganda homosexual decretada por Putin.

Ivan Shapovalov, el hombre que creó a las t.A.T.u., durante una entrevista con los medios rusos en enero de 2005.
Ivan Shapovalov, el hombre que creó a las t.A.T.u., durante una entrevista con los medios rusos en enero de 2005. Getty Images

Quizá Yulia Volkova estaría de acuerdo con su presidente. En 2014 aseguró que si su hijo fuese gay lo condenaría, porque cree que “un hombre de verdad tiene que ser un hombre de verdad”. “Dios creó al hombre para la procreación, es su naturaleza. El hombre está para proveer y ser fuerte, no aceptaré a un hijo gay”. “Dos chicas juntas... no es lo mismo. Estéticamente es mucho más bonito que dos hombres besándose o agarrados de la mano. Pero quiero aclarar que no estoy en contra de los gais, es solo que quiero que mi hijo sea un hombre de verdad y no un marica. Aunque creo que ser gay sigue siendo mejor que ser un asesino, un ladrón o un drogadicto”. Yulia coronó su discurso, como no podía ser de otro modo, con “tengo muchos amigos gais”.

Cuando Yulia se quedó embarazada tuvieron que realizar un comunicado: “Muchos de nuestros fans de orientaciones sexuales alternativas sienten que les hemos mentido o les hemos traicionado. No es así. Siempre hemos defendido el amor sin barreras”

Pero ahí también radica la trascendencia de t.A.T.u. Aunque el producto fuese concebido por su creador Iván Shapovalov como “un proyecto de sexo adolescente” diseñado para “hombres que buscan entretenimiento menor de edad”, según explicó él mismo, y aunque las propias Yulia y Lena contradigan el espíritu de diversidad sexual que las hizo millonarias, su efecto fue libertador: millones de adolescentes encontraron en ellas una catarsis colectiva para expresar su identidad sexual, su descubrimiento de la madurez y su rebelión contra la sociedad. Porque t.A.T.u. consiguió, a muchos niveles, que millones de adolescentes se hicieran mayores de golpe y se sintieran menos solos.

¿Qué ha sido hoy del dúo? Ambas continúan con la música en su Rusia natal. Lena Katina sigue gozando de una base de fans generosa en países de Sudamérica como Chile o Argentina, lo que le llevó a publicar un disco en español, Esta soy yo, en 2016. Antes de eso, en 2014, tuvo un hijo y acusó a Yulia de chantajearla cuando actuaron en Sochi.

Yulia, por su parte, contó que en 2012 sufrió cáncer de tiroides y la operación dañó sus cuerdas vocales, dejándola casi sin voz. Tiene dos hijos, una chica de 14 y un chico de 11. Se convirtió al islam en 2013, volvió a la iglesia ortodoxa en 2017 y ha contado que resulta que sí es bisexual. En su cuenta de Instagram, con casi 250.000 seguidores, se da buena cuenta de las cirugías a las que se ha sometido, que han dejado su rostro casi irreconocible si lo comparamos con el de que aquella adolescente que conocimos.

Lena y Yulia no tienen ningún tipo de contacto desde 2014.

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