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Pan, educación y libertad

De cara al 26 de mayo hay que conjugar una posible fatiga electoral y seguir insistiendo en la importancia de votar también en las europeas

Vista del Parlamento Europeo.
Vista del Parlamento Europeo. REUTERS

Cuando Petros Márkaris usó el lema de la revuelta estudiantil griega del 73 para titular su novela, no solo estaba haciendo historia-ficción de su país; estaba trazando una metáfora sobre la deconstrucción de Europa. Pan, educación y libertad, publicada en plena crisis, imagina la oscura realidad de una Grecia que acaba de salir del euro e inicia el retroceso a tiempos pretéritos. Salvando todas las distancias, británicos, avisados.

El lema es tan bueno que sirve también para recoger los desafíos del proyecto europeo hoy. Sobre la economía y el mercado (pan) se ha basado desde el principio la construcción de la Unión Europea. Mientras sea capaz de seguir garantizando prosperidad y superando las inevitables crisis contará con un apoyo considerable. Pero ya no basta.

A las cuatro libertades sobre las que se asienta el mercado único (movimiento de mercancías, personas, servicios y capitales) se suman las más altas cotas de libertades individuales del mundo; ciertos países rebeldes, sin embargo, se empeñan en amenazarlas. En la medida en que la Unión sepa frenar esa tendencia y sancionar a los infractores podrá seguir garantizándolas en el futuro.

Otro reto es la educación. No solo mantener notables niveles de calidad y adaptarse a los cambios fundamentales que las tecnologías imponen. También la formación de una ciudadanía auténticamente europea; la construcción de un relato que transmita la relevancia de este proyecto común y la necesidad de defenderlo día a día.

Y no será fácil. Para empezar, porque la educación es una competencia nacional, incluso regional; sin ir muy lejos, es deprimente ver cómo se enseña Europa en la escuela española. Para seguir, porque algunas experiencias han mostrado lo difícil que es ponerse de acuerdo en determinadas cuestiones. La idea largamente acariciada de publicar una historia común europea duerme ahora en el olvido.

Con una parte de la población decepcionada y una juventud que parece dar por sentados los logros adquiridos en las últimas décadas, las instituciones europeas tienen claro que el desafío de cara a las próximas elecciones al Parlamento Europeo es la movilización. De ahí la campaña #estavezvoto, que anima no solo a votar, sino a que cada uno invite a otros a que lo hagan. De ahí los esfuerzos de los últimos meses por acercarse a la gente de a pie e incrementar el debate ciudadano. Habla de Europa en tu ciudad ha recorrido 30 ciudades españolas de menos de 30.000 habitantes y Café con Europa ha buscado atraer a menores de 30 años para debatir sobre sus visiones para el futuro de la Unión. Son solo algunos ejemplos.

De cara al 26 de mayo hay que conjugar una posible fatiga electoral y seguir insistiendo en la importancia de votar también en las europeas. El futuro de la UE está en manos de todos.

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