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COLUMNA i

Mujeres y soberanía energética

En la semana de conmemoración del Día Internacional de la Mujer debemos celebrar que 2018 ha sido, sin duda, un año clave para el feminismo, también en el sector energético

La transición hacia un sistema de energía renovable, distribuido y descarbonizado ofrece una oportunidad sin precedentes para transformar el sector en todos los aspectos. Esta convicción fue la que llevó a más de 150 mujeres profesionales y activistas a celebrar en febrero del 2018 el I Encuentro de Mujeres sobre Género y Energía. Entre las acciones iniciadas por la red sorora surgida, se encuentra la elaboración de unos principios de identidad, la creación de una base de datos de mujeres que trabajamos por el cambio de modelo energético o el manifiesto En Energía, no sin mujeres, cuyo objetivo es promover la presencia pública femenina en los eventos del sector.

En esta semana de conmemoración del Día Internacional de la Mujer, celebremos que 2018 ha sido, sin duda, un año clave para el feminismo, también en este ámbito. En 2019 esta senda se está viendo reforzada con la publicación por parte de la Agencia Internacional de la Energía Renovable (IRENA) del primer informe sobre la perspectiva de género en el sector, titulado Energías renovables: una perspectiva de género.

El documento analiza el estado de participación de la mujer en dos entornos distintos: el contexto moderno, en el que las renovables desplazan o complementan la energía convencional; y el contexto de acceso a la energía, que se caracteriza por los esfuerzos para expandir el acceso a servicios energéticos modernos para todos y todas. Proporciona, además, información sobre las medidas que se necesitan para generar esta transición.

En el contexto moderno, uno de los resultados que destaca es que existe desigualdad de género en cuanto a la presencia femenina, que ocupa el 32% de los empleos en renovables. Tal y como ocurre en otros ámbitos, la participación de las mujeres en trabajos relacionados con la ciencia, la tecnología, la ingeniería o las matemáticas (STEM) es muy inferior a su presencia en empleos  administrativos. Así pues, queda mucho por hacer para llegar a la igualdad real. Muestra, además, que es más fácil que la presencia de barreras y la brecha salarial pase desapercibida a quien no tiene que saltarlas. Estos resultados coinciden con lo que experimentamos cuando estos temas se debaten: casi irremediablemente suele participar alguien que nunca había pensado sobre el asunto, no cree que exista una diferencia de género notable o simplemente no lo considerara una prioridad.

Existe desigualdad de género en cuanto a la presencia femenina, que ocupa el 32% de los empleos en renovables

En el contexto del acceso a la energía, el grado de participación de la mujer es igualmente inferior, pero más dramáticos resultan los impactos sociales asociados a la inequidad en el acceso a servicios energéticos limpios, asequibles, seguros y modernos.

La falta de acceso a la energía reduce significativamente las oportunidades de desarrollo de las personas —acentuando las crisis migratorias— y provoca, entre otros, importantes impactos en la salud. Según la Organización Mundial de la Salud, 4,3 millones de personas mueren prematuramente cada año por enfermedades atribuibles a la contaminación del aire interior causada por el uso de combustibles sólidos ineficientes para cocinar. Esta cifra es mayor que la suma de las muertes por malaria y SIDA, afectando prioritariamente —debido a su papel tradicional— a mujeres y niños. Además, el 99% de las muertes por parto ocurren en Centros de Salud sin acceso a la electricidad.

En España, el 18% de los hogares se encuentra en situación de pobreza energética, y dos tercios de las afectadas son mujeres.

Por todo lo anterior, resulta obvio y de justicia social, que las mujeres necesitamos apropiarnos de nuestra capacidad para obrar y transformar nuestra realidad, de nuestra soberanía energética, o lo que es lo mismo, decidir sobre cuáles son las prioridades de la política energética que nos afecta de forma directa.

Foto de grupo de las participantes en el I Congreso de Mujeres y Energía celebrado en febrero de 2018 en Bilbao.
Foto de grupo de las participantes en el I Congreso de Mujeres y Energía celebrado en febrero de 2018 en Bilbao.

Un pilar clave de la transición energética debe ser asegurar que las oportunidades que crea son igualmente accesibles y los beneficios que aporta se distribuyen equitativamente.

Según el Informe de IRENA, adoptar una perspectiva de género para el desarrollo de las energías renovables es de importancia crítica para garantizar que las contribuciones de las mujeres —sus habilidades, necesidades y puntos de vista— representan una parte integral de la creciente industria renovable en la que, se estima, los puestos de trabajo aumentarán de 10,3 millones en 2017 a casi 29 millones en 2050.

Una mayor diversidad de género ofrece cobeneficios sustanciales. Los estudios sugieren que las mujeres traen nuevas perspectivas para el lugar de trabajo y mejoran la colaboración, y que aumentando el número de mujeres cualificadas en el liderazgo de una organización se produce generalmente un mejor rendimiento. En el contexto del acceso a la energía, está demostrado que involucrar a las mujeres como agentes activos en el desarrollo de sistemas de energía renovable fuera de la red mejora la sostenibilidad de los proyectos y los indicadores de género.

En España, el 18% de los hogares se encuentra en situación de pobreza energética, y dos tercios de las afectadas son mujeres

En reconocimiento a estas oportunidades y a la necesidad de justicia social, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible adoptada en 2015 ha introducido un objetivo dedicado a la igualdad de género, destacando que “es crucial la sistemática integración de una perspectiva de género en la implementación de la agenda”.

Las proridades de una estrategia energética con perspectiva de género son: su incorporación en la formulación de políticas, diseño de programas e implementación de proyectos; el desarrollo de habilidades en asignaturas técnicas y no técnicas y en amplias competencias empresariales y de liderazgo; atraer y retener talento en el sector a través de políticas de conciliación tales como permiso parental, puestos a tiempo parcial, horarios de trabajo flexibles e igualdad de portunidades para el desarrollo profesional; reforzar la visibilidad de las diversas funciones que desempeñan las mujeres en la transición energética y ayudar a que las mujeres se conviertan en agentes de transformación social y económica en sus comunidades y territorios.

Establecer una perspectiva de género como pilar en las estrategias energéticas a todos los niveles producirá una transición más rápida y más inclusiva hacia las energías renovables, al tiempo que acelerarán el logro de múltiples Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En definitiva, esto solo se puede conseguir con nuestra participación equitativa.

Sonia Ramos Galdo es consultora en Sostenibilidad Energética en el Instituto de Sostenibilidad Energética (Isener).

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