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Llega la venganza de los pelirrojos

Una exposición en París examina la presencia de hombres y mujeres de cabello rojizo en la historia del arte y de la moda

Una modelo, durante el desfile de Sonia Rykiel en 2008.
Una modelo, durante el desfile de Sonia Rykiel en 2008.

Durante siglos, fueron tratados como hijos de Satanás, parientes lejanos de Judas, el traidor oficial de la civilización judeocristiana, y descendientes directos de la indómita Lilith, siempre representada con melena rojiza. Después serían perseguidos durante la Edad Media, cuando la Iglesia obligó a las prostitutas a teñirse de color cobrizo. La suerte de los pelirrojos no cambió hasta el siglo XIX, cuando los artistas románticos empezaron a realzar su elegancia. Estigmatizado durante siglos y luego admirado como un ser casi mitológico, este colectivo capital protagoniza una nueva exposición en el Museo Henner de París.

La muestra revisa, hasta el 20 de mayo, su presencia en la historia del arte y también de la moda, que desde hace un par de décadas no ha dejado de celebrar su diferencia. “Tener el cabello rojo es ser distinto al resto y eso tenía algo inquietante para la sociedad medieval, a la que no le gustaba todo lo que estuviera fuera de la norma”, señala el historiador Michel Pastoureau, especialista en la simbología de los colores y coautor del catálogo de esta exposición, que tiene lugar en el museo dedicado a la obra del pintor Jean-Jacques Henner. Junto a él, otros artistas como Manet o Degas impulsaron "una inversión de los códigos" que ya había empezado en el Romanticismo, como señala Pastoureau. Esos pintores dejaron de retratar a las féminas pelirrojas como mujeres fatales y empezaron a subrayar su distinción respecto a una masa formada por rubios y morenos.

'Laurine', una fotografía de 2009.
'Laurine', una fotografía de 2009.

Estadísticamente, los pelirrojos son minoría en todos los puntos del planeta. Representan el 2% de la población mundial, el 3% en España, el 5% en Francia, el 6% en Estados Unidos y poco más del 10% en los lugares donde hay una mayor concentración, Irlanda y Escocia. Sin embargo, como recuerda la exposición en París, en el mundo de la moda hace años que están sobrerrepresentados.

La francesa Sonia Rykiel, conocida por su larga cabellera panocha, no dudó en contratar a mujeres a su imagen y semejanza en sus campañas de los ochenta y noventa. Marc Jacobs también recurrió a ellas para que lucieran sus colecciones a comienzos de esta década, cuando volvieron a invadir las pasarelas. Al mismo tiempo, Grace Coddington, la pelirroja editora de moda del Vogue estadounidense, se convertía en un icono de estilo tras aparecer en el documental The September Issue. Todo indica que esa moda no ha muerto y que ya no está circunscrita a las mujeres. En el primer desfile masculino de Hedi Slimane para Celine, celebrado a mediados de enero en París, los modelos con el pelo zanahoria también abundaban.

De hecho, el cambio cultural atañe principalmente a los hombres, para quienes ser pelirrojo ya no impide conquistar papeles protagonistas o incluso ejercer de sex symbol, como demuestran actores como Michael Fassbender, Eddie Redmayne o Damian Lewis. El príncipe Enrique de Inglaterra lo es, igual que el cantante Ed Sheeran, cuyos discos figuran entre los más vendidos de la última década, o el actor Rupert Grint, que interpretó a Ron Weasley en la saga Harry Potter. Lo mismo sucede con más de 30 personajes de las películas de Disney y Pixar.

Un retrato de una mujer pelirroja, en el museo Jean-Jacques Henner, en París.
Un retrato de una mujer pelirroja, en el museo Jean-Jacques Henner, en París.

Ejemplos como estos ayudan a enterrar los estereotipos e insultos que se seguían escuchando, hasta no hace tanto, en los patios de colegio. Un libro de publicación reciente, The Big Readhead Book, también expone sus singularidades y hasta las reivindica como algo cool. “Ser pelirrojo no es solo un color de cabello, sino también un estilo de vida”, reza su contraportada.

Otra diferencia respecto al pasado es que se organizan como colectivo. El pasado 12 de enero se celebró el Kiss a Ginger Day (día para besar a un pelirrojo), pensado como reivindicación de su atractivo frente a quienes siguen defendiendo lo contrario. Una percepción todavía extendida: en 2011, la mayor red de bancos de esperma en el mundo, Cryos International, generó un escándalo al dejar de aceptar donantes pelirrojos. “Hay demasiada oferta respecto a la demanda”, explicó su director. Hace dos años, un presentador francés de telediario también despertó una polémica al preguntar a Ed Sheeran cómo había superado el hecho de nacer “pelirrojo, tartamudo y con mala vista”.

“Tal vez haya habido un despertar”, afirma el fotógrafo Pascal Sacleux, autor de 800 retratos de pelirrojos (él también lo es). “Si los pelirrojos quieren tener peso, deben unirse”, ha declarado a L'Express. Para conseguirlo, se inventó el Red Love Festival, una concentración de pelirrojos que se celebra en agosto en la región de la Bretaña, con el objetivo de hacer cambiar la percepción social. Su primera victoria: la ganadora de Miss Francia en 2018, Maëva Couche, era la única aspirante con el pelo naranja.

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