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De la brecha al pacto generacional

Construir un nuevo pacto generacional debe ser una prioridad política para estos comicios

Un joven observa la oferta de pisos de una inmobiliaria en Madrid.
Un joven observa la oferta de pisos de una inmobiliaria en Madrid. EL PAÍS

Uno de los retos más importantes que tiene España es la brecha generacional. Espoleada por cambios de hondo calado, desatada con virulencia con la crisis económica, la precariedad y la pobreza tienen en España hoy rostro de joven. Un menor de 29 años tiene hoy 8 puntos más de pobreza severa que la media, un 60% de temporalidad en la contratación (tarda casi 94 meses en conseguir su primer contrato indefinido) y ha perdido cuatro veces más de ingresos que el resto de las generaciones desde 2008. Por si fuera poco, no puede desplegar un proyecto de vida autónomo; la tasa de emancipación familiar ronda los 32 (atrapado sin opción a compra o alquiler de vivienda asequible), y la tasa de fecundidad es de apenas el 1,3 (pese a que los jóvenes querrían tener dos). Dificultades que golpean especialmente si es mujer o inmigrante, si no acabó la enseñanza obligatoria, o si estaba empleado en sectores ligados a la construcción cuando pinchó la burbuja inmobiliaria.

La pregunta no es si los jóvenes tienen futuro, sino si con estos mimbres pueda haberlo para alguien. Las dificultades de los jóvenes amenazan la sostenibilidad del sistema social en su conjunto ya que sin oportunidades y sin empleo, el edificio se desmorona por la base. Pero la retórica no puede ser la de una guerra entre generaciones sino la de buscar un nuevo pacto. No solo porque sea necesario para el conjunto sino, también, por una pura necesidad: los jóvenes solos no pueden. Por ejemplo, en la Comunidad de Madrid los menores de 35 son el 22% del censo. Si no son capaces de persuadir a sus mayores es imposible que se pueda mover el equilibrio hacia un sistema sostenible a largo plazo.

Las elecciones del próximo 26 de mayo son un paso importante en ese camino porque tan solo desde el sector público se pueden empezar a corregir algunos de estos desequilibrios. Por ejemplo, desde la Comunidad de Madrid se controlan las políticas educativas y en qué medida se refuerza la enseñanza temprana entre 0 y 3 años, la enseñanza universitaria o los planes contra el abandono escolar para reciclar a los jóvenes con más riesgo de exclusión. Desde la Casa de Correos se puede hacer la imprescindible reforma de las oficinas de empleo para un mejor ajuste entre el perfil de los solicitantes y la demanda, clave para mejorar la estabilidad en la contratación. Incluso las importantísimas políticas de vivienda y alquiler, claves para facilitar la emancipación, son fundamentalmente llevadas desde el nivel autonómico y local.

Construir un nuevo pacto generacional debe ser prioridad política en estos comicios. Líderes y electores, mayores y jóvenes, necesitan ser capaces de construir ese nuevo relato compartido. Eso sí, para eso es fundamental que se aparque el ruido y empecemos a hablar de las políticas de fondo que pueden ayudar a un compromiso entre generaciones para un país más próspero y justo.

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