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Obesidad y desnutrición en niños, dos caras de la misma moneda

América Latina y el Caribe luchan por reducir la desnutrición crónica infantil mientras ven cómo aumenta dramáticamente el número de niños con sobrepeso

Luis Gonzales, edad 10 meses, peso 28 kilos. (México)
Luis Gonzales, edad 10 meses, peso 28 kilos. (México)

Cuando se habla de niños malnutridos, al momento se nos vienen imágenes de pequeños con el vientre hinchado, las costillas marcadas y una cara que no es más que ojos y pómulos. Sin embargo, olvidamos el otro gran problema nutricional de nuestra época que es la malnutrición por exceso, es decir, el sobrepeso y la obesidad infantil, provocadas en buena medida por los malos hábitos alimenticios. Aunque un niño coma lo suficiente, e incluso más de lo que necesita, puede no estar ingiriendo lo que su cuerpo precisa para crecer en talla y en estatura y tener un desarrollo pleno.

El sobrepeso y la obesidad no son solo problema de los países desarrollados donde el aumento de la ingesta de azúcares en los alimentos y el consumo de comidas prefabricadas se ha combinado con el sedentarismo y el poco ejercicio físico. También afecta a aquellos a los que no les sobran los recursos económicos. Esto es especialmente cierto en América Latina y el Caribe donde la alimentación infantil es tradicionalmente rica en hidratos de carbono, azúcares y grasas, es decir, sobran las calorías pero hay pocas vitaminas, minerales o ácidos grasos necesarios para la correcta nutrición infantil.

Lograr un equilibrio entre el peso y la talla durante los primeros dos años de la vida de un niño es fundamental para evitar problemas futuros. Si un niño menor de dos años presenta desnutrición por insuficiente ingestión de alimentos su cuerpo aprende a funcionar con pocas calorías. Cuando pase a consumir más calorías de las que estaba acostumbrado, su organismo no las utilizará y tenderá a acumularlas transformándolas en grasa, lo que podría traducirse en sobrepeso o en obesidad. Por el contrario, si un niño aumenta de peso demasiado rápido, tendrá tendencia a ser un adulto con sobrepeso.

Las estadísticas de América Latina reflejan esta dualidad. Mientras se trata de erradicar la desnutrición crónica que afecta a más de siete millones de niños menores de 5 años o las altísimas tasas de anemia en los países de esta región, la obesidad infantil ha aumentado escandalosamente. Por otro lado, no se ha visto una relación clara entre la reducción de los índices de pobreza y el aumento de la seguridad alimentaria de la región lo que no ha permitido una mejora de los datos relativos a la nutrición. La escasez de alimentos saludables en sectores económicamente rezagados, la disponibilidad y acceso fácil a alimentos altos en grasas y azúcares, así como el bajo precio de alimentos ultra procesados, en oposición al alto precio de los alimentos más saludables, configuran entornos que favorecen la mala alimentación.

Ya sea por exceso o por defecto en la alimentación, la malnutrición conduce a serios problemas de salud en el presente y en el futuro y va a implicar importantes consecuencias en las economías de los países que la padecen. El niño desnutrido crónico, al tener su sistema inmunológico debilitado, es más proclive a las infecciones y a presentar problemas de desarrollo cognitivo que afectarán a su aprendizaje. Esto, desde el punto de vista económico, limitará su acumulación de capital humano y su capacidad para generar ingresos en la vida adulta. Por ello, un punto prioritario de los programas de transferencias condicionadas que se desarrollan en los países más desfavorecidos es procurar una nutrición y sanidad adecuadas que permitan que los niños se enfrenten a su futuro en las mejores condiciones para que puedan romper el círculo vicioso de la pobreza.

Por otra parte, la malnutrición por exceso, es decir, el sobrepeso y la obesidad, es un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades crónicas como la diabetes, las dolencias cardiacas o algunos tipos de cáncer. En Chile, el número de pacientes de diabetes mellitus se ha triplicado en los últimos 15 años y cerca del 30% de la población tiene presión arterial elevada o declara ser hipertensa, lo que ha hecho que se atribuya a la obesidad o al sobrepeso un 11% de las muertes que se producen en el país. Este tipo de patologías crónicas, por otra parte, son las que consumen más recursos económicos y atención profesional especializada en los sistemas de salud. Por ejemplo, el coste de la atención de un enfermo de diabetes es entre dos y tres veces mayor que el de una persona que no padezca dicha enfermedad. En el año 2006 este gasto supuso para algunos países de América Latina entre el 0,4 y el 2,3 de su Producto Interior Bruto (PIB).

La malnutrición presenta en América Latina y el Caribe las dos caras de la misma moneda, lo que hace que esta región del mundo tenga ante sí el reto de revertir estos problemas para evitar un futuro de baja productividad y altos gastos en salud que pueden afectar negativamente a su desarrollo económico. Por ello debe enfrentar todas las formas posibles de la malnutrición fomentando sistemas alimentarios saludables que pongan el énfasis en los más pobres para que los alimentos que consumen, y que se llevan buena parte de sus ingresos sean, cuando menos, sanos y nutritivos. Y, todo ello sin olvidar estimular en el conjunto de la población hábitos de compra, preparación y consumo saludable de alimentos a la vez que fomentar una mayor cultura de práctica regular de ejercicio físico.

Patricia Jara es especialista líder en la división de Salud y Protección Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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