Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
EP Tendencias BLOGS Coordinado por ANATXU ZABALBEASCOA

¿Puede una vivienda mejorar la salud de sus habitantes?

La construcción sostenible no tiene vuelta atrás. Un edificio de pisos en Sant Cugat apuesta por la conexión con un exterior vegetal y por el efecto de ciertos materiales en el bienestar de los inquilinos

Edificio de viviendas, en Sant Cugat, diseñado por el estudio Bailorull.
Edificio de viviendas, en Sant Cugat, diseñado por el estudio Bailorull.

En la vertiente norte del Parc de Collserola, a 20 Kilómetros de Barcelona, un edificio de viviendas escalonado, bastante transparente, y sin embargo compacto y cálido, ha obtenido certificación energética A y cuatro –de las cinco- hojas verdes que otorga el Green Building Council. ¿Qué lo convierte en un inmueble que vela por la salud de sus habitantes?

Con estructura de hormigón y firmado por el estudio barcelonés Bailorull, el bloque de 16 viviendas recurre a la tradición: aprovecha la orientación solar y recupera las galerías típicas del ensanche barcelonés para potenciar el ahorro energético y ganarle, a cada vivienda, un espacio de uso polivalente. La relación entre el interior y el exterior es así, muy directa y, a la vez, está interrumpida por las galerías casi transparentes —que acercan y protegen a la vez— y por espacios de transición que funcionan como cojines climáticos.

La fachada encierra la mitad de las claves de ahorro energético. A saber: los cerramientos de poniente son ligeros, de madera de castaño y vidrio, y tienen gran capacidad aislante gracias a tres capas formadas por:

1- La fachada de transición, que comunica el interior con la galería.

2- La propia galería, que funciona como espacio cojín.

3- Y finalmente, la fachada de cierre construida con módulos estructurales de hormigón acabados en un voladizo que actúa de brise soleil.

Como sucede con los bloques de vivienda que Lacaton Vassal aislaron, añadiéndoles una galería de estructura independiente, también son estos módulos de hormigón los que soportan estructuralmente la galería. Su sección constructiva favorece la producción de calor en invierno, manteniendo el espacio cojín cerrado, y protege del calor en verano, al dejar la galería abierta para poder ventilar.

En el interior, un balcón corrido sujeto por tensores que cuelgan desde la cubierta y que conforman una barandilla permeable permite las vistas al paisaje. Las soluciones pasivas propuestas en Espai Natura —así se llama el edificio— permiten el control solar y térmico de todos los pisos. El aire acondicionado no es necesario gracias a esta optimización de los niveles térmicos. Además, el inmueble posibilita un notable ahorro en luz natural y mejora la calidad del aire, minimizando el impacto de los campos eléctricos y magnéticos y evitando la toxicidad de las pinturas. Todos los materiales empleados en este proyecto son de proximidad. El ajardinamiento está hecho con especies autóctonas y el huerto se riega con aguas pluviales.

La empresa constructora, Marcove, que anuncia el inmueble como “una arquitectura que respira”, diferenciándola del resto de sus productos, habla de una materialidad sana, que huye de procesos perjudiciales y aboga por materiales sostenibles en la construcción. El precio de obra, según los arquitectos, es de 1.430 euros por metro cuadrado. Abrigar una casa, aislándola sin restarle luz y sin desconectarla del contexto, es un logro arquitectónico que vela tanto por la salud de las personas como por el mantenimiento de los edificios.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >