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Estabilidad en el crudo

Las oscilaciones bruscas de los precios complican la planificación presupuestaria y, por añadidura, interfieren en las expectativas de los mercados financieros que suelen magnificar las respuestas

El presidente de Irán, Hasan Rohani.
El presidente de Irán, Hasan Rohani. FRANCE PRESS

Los mercados energéticos y los países productores de petróleo intentan en estos momentos evitar la volatilidad del precio del crudo en 2019. Las subidas bruscas y las caídas abruptas del barril producen una inseguridad macroeconómica que es tanto más delicada en cuanto que algunas zonas económicas, como Europa, están sufriendo una desaceleración evidente en su tasa de crecimiento. La tosca intervención de Estados Unidos prolongando unas sanciones a Irán que afectan directamente a sus exportaciones complica todavía más la gestión geoestratégica del petróleo, la energía dominante durante los próximos decenios incluso aunque se cumplan las previsiones de proliferación de las energías renovables.

La situación actual del mercado es un precio de 68 dólares por barril, después de rozar los 86 dólares tan solo un par de meses atrás. El cambio brusco no atañe solo a los precios: los analistas consideran que en el mercado hay un exceso de oferta de unos 500.000 barriles diarios, cuando en el verano pasado era evidente una infracapacidad similar, en torno a los 500.000 barriles. La reunión de la OPEP del próximo 4 de diciembre es crucial para fijar una política de precios para todo el año próximo.

Las predicciones apuntan a que la organización reducirá la producción a entre 500.000 y un millón de barriles diarios, con el objetivo de resituar el precio en el mercado entre 70 y 80 dólares. Aunque su decisión marcará la línea a seguir por los mercados, necesitará además, para conseguir el objetivo mencionado, otros dos requisitos importantes. El primero, que Rusia también recorte su producción; el segundo, que no se produzca una desaceleración muy acusada del crecimiento mundial, porque en ese caso descendería la demanda y el precio volvería a situarse por debajo de los 70 dólares.

Para Europa y, por tanto, también para España, una evolución óptima del precio debe tener en cuenta que es necesario elevar moderadamente la inflación y subir, en consonancia, moderadamente los salarios. Las oscilaciones bruscas de los precios complican la planificación presupuestaria y, por añadidura, interfieren en las expectativas de los mercados financieros, que suelen magnificar las respuestas.

Europa necesita un marco reconocible en el precio del crudo durante al menos el próximo año. En esa banda de evolución deberían evitarse los precios excesivos (por encima de los 85 dólares por barril) y las incertidumbres que provoca la política exterior de Trump. Tan pronto provoca contracciones en la oferta con sanciones drásticas a Irán como relaja las condiciones políticas y admite una cierta ampliación de las exportaciones iraníes. Es el peor modelo energético posible.

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