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La inesperada casa entre viñedos del arquitecto Carlo Scarpa

Entre hectáreas de viñedos se esconde Casa Tabarelli, una rareza que ofrece un billete de ida al arte, el diseño y la arquitectura de la Italia de los sesenta que sus dueños mantuvieron oculta hasta el año 2008

En el recibidor de Casa Tabarelli (izda.) la luz natural entra a través de cortes diagonales realizados en los muros. A la derecha, el pavimento de piedra de la casa, el mismo que Scarpa empleó en la casa Zentner de Zúrich (1964-1968).
En el recibidor de Casa Tabarelli (izda.) la luz natural entra a través de cortes diagonales realizados en los muros. A la derecha, el pavimento de piedra de la casa, el mismo que Scarpa empleó en la casa Zentner de Zúrich (1964-1968).

En 1967, el marchante de arte y objetos de diseño Gianni Tabarelli encargó a su amigo Carlo Scarpa la construcción de una vivienda familiar en Cornaiano, una localidad cercana a Bolzano (Italia) famosa por sus viñedos. Por aquel entonces Scarpa se había forjado un nombre realizando interiores y diseños para museos. También edificios, aunque técnicamente no fueran suyos: Scarpa era profesor de diseño arquitectónico, pero no estaba licenciado en arquitectura, así que no podía firmar proyectos de edificación. Para hacerlo solía apoyarse en asistentes y aquí le tocó a Sergio Los, su hombre de confianza. Este, de hecho, terminaría siendo el responsable último de esta casa atípica, porque Scarpa viajó a Canadá para la Expo de Montreal y su estancia se prolongó más de lo previsto.

Las únicas obras de arte que hay en la colección de Casa Tabarelli son piezas abstractas. Reflejan el gusto de sus propietarios, pero también el de Carlo Scarpa, un intelectual que diseñó las primeras exposiciones italianas de Paul Klee y Piet Mondrian y frecuentó a artistas de su época como Lucio Fontana, Mario de Luigi y Giuseppe Santomaso.
Las únicas obras de arte que hay en la colección de Casa Tabarelli son piezas abstractas. Reflejan el gusto de sus propietarios, pero también el de Carlo Scarpa, un intelectual que diseñó las primeras exposiciones italianas de Paul Klee y Piet Mondrian y frecuentó a artistas de su época como Lucio Fontana, Mario de Luigi y Giuseppe Santomaso.

El resultado final es un capítulo aparte en la obra de Scarpa, proclive al detalle milimétrico de inspiración neoclásica. Uno de los primeros condicionantes del proyecto era evitar los movimientos de tierras, así que la planta tuvo que adaptarse a las pendientes del terreno. De ahí sus desniveles, su geometría irregular y sus expresivas cubiertas, que recuerdan a las pérgolas que emplean los viticultores de la zona.

Arte abstracto y una chimenea que cae como un bloque sobre el salón, para acompañar las toscas superficies del pavimento y las paredes.
Arte abstracto y una chimenea que cae como un bloque sobre el salón, para acompañar las toscas superficies del pavimento y las paredes.

Sus interiores, en las antípodas de las cajas blancas habituales de la época, despliegan cromatismos cálidos y texturas crudas que dialogan con el exterior mediante ventanales y terrazas. Concluida en 1969, esta vivienda imaginativa e inesperada vivió cuatro décadas de silencio. No había fotos de ella y los libros la mencionaban de pasada.

El techo de Casa Tabarelli, revestido con estuco policromado, sigue las líneas de los muros que se adaptan a los desniveles del terreno.
El techo de Casa Tabarelli, revestido con estuco policromado, sigue las líneas de los muros que se adaptan a los desniveles del terreno.

En 2008 sus propietarios decidieron abrir las puertas y permitir que se fotografiase. Sorprendentemente, todo seguía intacto: los colores, los muebles, la carpintería, las obras de arte. Convertida en una rareza, la Casa Tabarelli es también una cápsula del tiempo que ilumina una faceta inédita de Carlo Scarpa, convertido con los años en una figura de culto. Al final, el título era lo de menos.

El particular diseño de los muros genera continuidad entre los ambientes interiores de la vida cotidiana y el espacio abierto. Suspendida sobre la mesa del comedor se encuentra una ‘Máquina inútil’ de Bruno Munari.
El particular diseño de los muros genera continuidad entre los ambientes interiores de la vida cotidiana y el espacio abierto. Suspendida sobre la mesa del comedor se encuentra una ‘Máquina inútil’ de Bruno Munari.

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